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domingo, 28 de agosto de 2011

El Papa que hasta un ateo desearía

Feliciano Mayorga Tarriño


La semana pasada, un hermoso sueño me quitó la paz. Desde ese día, todas las mañanas, al oír el despertador, me abalanzo a la TV y los diarios con la esperanza de ver una nota de prensa que diga algo así como lo siguiente:

17 de Agosto de 2011. "El papa Benedicto XVI ha desaparecido del Vaticano. Los servicios de inteligencia de todo el planeta se afanan en hallarlo con vida. La OTAN está en estado de máxima alerta por temor a que se trate de un magnicidio, tal vez de un secuestro por parte de Al Qaeda. El catolicismo al borde de la guerra."

18 de Agosto de 2011. "Desconcierto internacional. Benedicto XVI ha sido hallado sonriente y sudoroso en Mogadisho, capital de Somalia. Desde un campo de refugiados, acaba de anunciar que iniciará una huelga de hambre en solidaridad con la población hambrienta. Su determinación es mantenerla hasta morir si la comunidad internacional no toma medidas urgentes para acabar con la miseria que asuela el planeta. El mundo escucha atónito la declaración."

19 de Agosto de 2011. "Todo es caos, preocupación e incertidumbre. Se suceden las reacciones oficiales. Nadie sabe cómo interpretar un gesto que viola los protocolos diplomáticos. Las autoridades de las cancillerías europeas y norteamericanas, a la vez que saludan tímidamente el gesto, lo desautorizan como un chantaje inadmisible por parte del líder de una Iglesia. De admitirse podría dar lugar a una serie indefinida de ingerencias por parte de otros dirigentes religiosos en el orden político internacional. Le exigen el cese inmediato de la huelga de hambre."

20 de Agosto de 2011. "El Vaticano, presionado por los gobiernos occidentales, ha convocado un conclave urgente y extraordinario para dar respuesta al insólito y perturbador acontecimiento. Se filtra la idea de que el Papa podría haber perdido sus facultades mentales y debería ser incapacitado como legítimo sucesor de Pedro."

21 de Agosto de 2011. "Los mercados han entrado en un estado de pánico generalizado. Las bolsas se desploman. Las multinacionales temen una intervención de la ONU que pudiera limitar sus beneficios a escala global. Los principales centros financieros exigen a los gobiernos una respuesta urgente a la crisis provocada por Benedicto XVI, al que califican abiertamente de comunista e irresponsable."

22 de Agosto de 2011. "Se espera una acción inminente por parte de la OTAN, como respuesta a la demanda de la curia romana, para capturar al sumo Pontífice, devolverlo con vida al Vaticano y realizarle un exhaustivo diagnóstico de salud mental por parte de eminentes psiquiatras. Se especula con un brote de demencia senil. El derecho canónico admitiría in extremis la posibilidad de nombrar un nuevo sucesor si se verifica la grave enfermedad mental del actual Vicario de Cristo."

23 de Agosto de 2011. "La imagen de un Papa despojado de sus pomposas vestiduras, ataviado con las raídas ropas de los nativos y dispuesto a llevar hasta el sacrificio final su compromiso con los más pobres del planeta, ha conmocionado a la opinión pública mundial. Es como un delirio colectivo. La gente se echa a la calle presa de un sentimiento de júbilo, ocupando calles, plazas y parlamentos."

24 de Agosto de 2011. "Todo parece irreal, es como si el mundo hubiera perdido de pronto su gravedad y flotara en un estado de gracia y ligereza. Hay gente por todas partes. Unos lloran de emoción, otros cantan salmos, otros rezan tomados de las manos, otros comparten lo que tienen con los más pobres, otros se abrazan sin motivo, los enemigos se declaran la tregua. Un sentimiento de hermandad surca la tierra. Es indescriptible. Nadie recuerda algo semejante"

25 de Agosto de 2011. "Ante el riesgo de captura del santo Padre, el Dalai Lama, el patriarca de Constantinopla, numerosos imanes y rabinos, y los principales líderes protestantes han decidido sumarse a la huelga de hambre de Benedicto XVI. Se añade cada día una marea de niños, mujeres y ancianos, en cuyo rostro se refleja el orgullo de saber que, al menos por una vez, Dios está de su parte."

26 de Agosto de 2011. "Filósofos e intelectuales afirman que lo que está ocurriendo, tanto si el Papa muere o logra derrotar al hambre, supondrá un punto de inflexión en la humanidad. Su importancia ya se compara con el final del imperio romano, el descubrimiento de América o la derrota del nazismo. Sectores izquierdistas, ateos y liberales se movilizan a favor de los cristianos y el parlamento de Israel ha acordado devolver los terrenos ocupados a Palestina. La historia parece haber perdido su racionalidad. Ningún estudio sociológico, económico o político había previsto un suceso tan enorme ¿Qué está pasando? ¿El mundo se ha vuelto loco?, ¿de amor?"

Conclusión: el Papa es uno de los pocos seres humanos capaces, por su estatus, de realizar tan hermosa quimera. Por eso cada día, apenas me despierto, me lanzo a los kioscos para ver si es hoy está la gran noticia, el día en que el Papa de mis sueños realizará la gesta que salvará al mundo.


Feliciano Mayorga Tarriño, filósofo y escritor
http://maranathacristoessalvacion.blogspot.com/2011/08/el-papa-que-hasta-un-ateo-desearia.html


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domingo, 3 de abril de 2011

Fukuoka

Julio Monsalvo


Estamos impresionados por lo ocurrido y lo que sigue ocurriendo en Japón. Desde esta columna anhelamos fervientemente que estos sucesos sacudan la mente universal de la especie “homo sapiens/demens”, como nos denomina Leonardo Boff.

Un sacudón para que toda la humanidad tome consciencia que este modelo de “desarrollo” se atribuya la potestad de extraer, explotar todo y acumular para unos pocos.

Fundamentalmente tomar consciencia que la lógica utilitarista de este modelo es producto de una cultura que no respeta la Vida ni ninguna forma de vida en absoluto.

Unas semanas antes del terremoto del 11 de marzo, nuestra querida amiga Silvia Goya, quien vive en Misiones, nos comentó muy conmovida de su participación en un Encuentro de Permacultura.

Para nosotros no es casualidad que en su relato justamente incluyera palabras de Fukuoka, gran sabio japonés que propone la Agricultura Natural:

“Curar la tierra y el purificar al espíritu humano son un mismo proceso. Estar aquí, cuidando un pedazo de Tierra, en plena posesión de la libertad y plenitud de cada día”.

Estas palabras de alguna manera resumen la esencia del pensamiento de Masanobu Fukuoka, quien vivía como sentipensaba.

Trabajando e investigando en el Departamento de Aduanas de Yokohama en la Sección Inspección de Plantas, se dio cuenta que la manera de producir alimentos “científicamente”, alterando la Naturaleza, nos alejaba cada vez más de ser humanos.

Decidió trabajar en su pequeña granja, sin labranza de la tierra y sin uso de químicos. Su ejemplo se propagó por el mundo y hoy existen miles de grupos que siguen sus enseñanzas.

Nuestra amiga Silvia, en su mensaje, nos comparte también sus sentipensares “El trabajito es cotidiano, revolucionar la cultura, revolucionar los hábitos cotidianos, esas ‘verdades’ que automáticamente vamos repitiendo: usar y tirar…  Nuestra tarea es revitalizar la tierra, dejar de contaminar, vivir con una frugalidad consciente… todos podemos.

Alimentar el SerEstar, más que el tener. Una firme decisión y dedicación es necesaria con alegremia a nivel de consciencia colectiva, sin enojo por lo que falta. No nos alcanza el día para disfrutar de tantas maravillas”.

Quizás en este instante de la historia, los sentipensares de Fukuoka, fallecido a los 95 años, en 2008, nos estén iluminando un nuevo amanecer  para la Humanidad. Vivió como sentipensaba y sus sentipensares nos transmiten reflexiones sobre nuestro ser y estar. “En la Naturaleza hay vida y muerte y la Naturaleza está llena de gozo. En la sociedad humana hay vida y muerte, y la gente vive en la tristeza”.

Recordar que vinimos al mundo para ser felices y desarrollar todo nuestro ciclo planetario vivenciando la alegremia, es la revolución que tenemos la oportunidad de protagonizar día a día.

¡Un gran regalo de la Vida! Hasta la Victoria de la Vida Siempre!

http://www.ecupres.com.ar/noticias.asp?Articulos_Id=9427


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¿Rebelión y nada más? Mal camino para la libertad

Pep Castelló


¡LIBERTAD! ¡LIBERTAD! Bello grito que halla eco en la perversa maldad.


Que nadie se confunda, que no estoy diciendo que la rebelión y la lucha no sean necesarias. Sólo que...

Ser libre no es gratuito. La libertad no se da, ni se proclama, ni se impone, ni se gana en la calle ni en el frente. La libertad se construye día a día en lo hondo de la mente, en el propio corazón con el propio pensamiento y con la forma de obrar. La libertad es esfuerzo, es trabajo, es dignidad, es justicia equitativa, es respeto, es pura fraternidad, es compasión amorosa y es solidaridad... O es pura palabrería que en nada ha de quedar.

Ser libre es un derecho natural del ser humano que no se da porque sí en un entorno civilizado. Eso que hoy llamamos civilización es lo contrario de lo que hay que entender por libertad, pues no es más que sumisión. Sumisión de unos a otros a cambio de protección y de un cuestionable bienestar. Un bienestar de injusticia, basado en la explotación de los pobres por los ricos, de los mansos por los violentos, de los inocentes por los malvados egoístas.

La sumisión es cómoda, pura molicie. No exige esfuerzo cuando se acepta de buen grado. Pero degrada, disminuye a la persona. Quien se somete renuncia a la mayor gloria del ser humano que es la capacidad de construir su propio mundo y su propio destino. Quien se somete abandona en manos ajenas la dignidad propia. La dignidad que otros pisarán para su mayor beneficio y gloria.

La libertad es inherente a la naturaleza humana. Es un acto de crecimiento humano, como lo es el crecimiento físico, solo que menos fácil. Porque para crecer físicamente basta con dejar obrar a la madre naturaleza, en tanto que para crecer humanamente hay que ponerle esfuerzo. Hay que aprender a pensar, a reflexionar, a cuestionar lo deseable y lo aparentemente cierto. Hay que madurar mentalmente, intelectual y afectivamente. Sin madurez mental no hay libertad posible.

La sociedad es una construcción humana. Si bien el ser humano es gregario, la sociedad de la cual somos parte no se ha hecho sola, sino que la hemos hecho por activa y por pasiva quienes en ella vivimos. Y esa sociedad injusta que hoy nos atenaza es el fruto del abandono que los individuos más débiles han hecho de sus derechos en manos de los más ambiciosos. El débil ha renunciado a la lucha y el fuerte lo ha sometido y esclavizado. De ahí que tengamos la sociedad que tenemos.

Mediante su estructura estatal, la sociedad debiera procurar el crecimiento mental de los individuos del mismo modo que lo hace con la salud y la enseñanza. Pero hace todo lo contrario. Actúa como los cultivadores de bonsái, evitando su crecimiento. Y no porque el crecimiento humano sea perjudicial para la buena marcha de la sociedad, sino porque lo es para los intereses de quienes se han apropiado del Estado y se benefician de la estructura social establecida.

Antaño decían los malvados usurpadores de derechos que un pueblo instruido podía ser un peligro para quienes lo gobiernan. Pues bien, ya han visto que no, que un pueblo instruido no es ningún peligro si se le “instruye debidamente”. La instrucción en materia de conocimientos “útiles” al sistema no dificulta en absoluto el secuestro mental de los individuos, ya que éste se ejerce por vía emocional. Así lo demostraron desde muy antiguo las grandes organizaciones religiosas y así lo prueban claramente y de ello da fe la dan la gran cantidad de personas que con un estimable nivel de instrucción profesan primitivas supersticiones de todo orden, incluidas las religiosas; que aun rigiendo su vida por principios éticos aceptables argumentan en favor de políticas criminales sin dar muestra de la menor racionalidad en sus argumentos; que creen a pies juntillas cuanto dicen los noticiarios a pesar de dar éstos muestras claras de estar falseando la verdad; que tragan sin la menor resistencia cuanto les llega por vía publicitaria; que adoptan conductas sociales contrarias al más elemental sentido común... En fin, la lista de contrasentidos e irracionalidades observables en nuestra bien instruida sociedad podría ser inmensa.

La libertad se fragua en el pensamiento. Sin pensamiento libre no hay libertad. De la importancia del pensamiento en el proceso de liberación humana da fe el hecho de que tanto en el ámbito político como en el religioso se haya perseguido con saña durante siglos a quienes cuestionaban el pensamiento establecido. Inquisiciones antaño y tribunales de “justicia” luego han destruido cuanta disidencia ha caído en sus manos. Cuando esa persecución no ha sido suficiente para garantizar los privilegios de las clases dominantes, se ha apelado al crimen, a los golpes militares y las dictaduras.

Hoy los métodos de aniquilación del pensamiento se han perfeccionado en grado sumo. La represión sanguinaria se ha suplido con ventaja por el secuestro mental. Un secuestro que mantiene a la inmensa mayoría de la población en un estado de inmadurez mental que alcanza hoy día cotas más que alarmantes. El grado de perfección y eficacia de quienes tienen a su cargo secuestrar las mentes de la población es extraordinario. La tecnología audiovisual les ofrece tantas posibilidades y el ser humano es tan proclive a la evasión, que permanecer incólume ante esta pandemia inteligentemente manejada es poco menos que una heroicidad.

La población mundial vive hoy bajo un permanente bombardeo ideológico. Mediante él, el capitalismo ha conseguido trastornar por completo la escala de valores que nos han hecho avanzar socialmente a lo largo de los siglos. Hoy día a la gente, y en espacial a la gente joven, no se le da la menor oportunidad de pararse a pensar. Se le llena el cerebro de ruido todos los días del año desde que despierta hasta que se acuesta. Distracción permanente; ni un instante para la reflexión. No es de extrañar pues que apenas haya quienes se interesen por temas de trascendencia social, que no haya organizaciones populares capaces de cuestionar el pensamiento dominante y enfrentarse al poder. Y no es de extrañar tampoco que por ese mismo medio que se secuestra mentalmente al pueblo se le pueda movilizar a conveniencia de los estrategas del imperio.

Sin más organizaciones cívicas que las destinadas a procurar distracción a quienes a ellas concurren, ¿cómo va el pueblo a descubrir el dominio mental de los opresores y a oponerse a sus criminales acciones? ¿Cómo se puede desarrollar en el pueblo el sentido de la responsabilidad mientras permanezca sumergido en esa nebulosa mental que tan bien manejan los dueños del mundo capitalista? Y sin organizaciones populares responsables ¿cómo construir eficazmente ese mundo mejor tan y tan anhelado?

Cierto que el pueblo es capaz de rebelarse, de insurreccionarse... Justamente lo estamos viendo estos días. Gente en la calle, principalmente joven, dando muestras inestimables de heroicidad. Pero no nos engañemos, que los tiranos no se van porque el pueblo se lo pida. Hacen como que se van, pero no se van. Se van unos y vienen otros. O se van los sanguinarios dictadores cuando el verdadero poder tiene con quien o con qué sustituirlos ventajosamente, como es el caso de sustituir una dictadura por una “democracia” al uso, algo mucho más peligroso porque el enemigo visible despierta rebeldía, en tanto que el invisible pasa inadvertido con mayor facilidad.

Quien esto escribe ve un futuro muy poco esperanzador a corto plazo, pues la experiencia enseña que pese al inestimable valor de la rebeldía, el pueblo mentalmente obnubilado, disgregado y sin una firme cohesión organizativa, siempre ha sido manipulado y finalmente dominado. Quizá si nos pusiésemos a trabajar de firme...

http://www.kaosenlared.net/noticia/rebelion-nada-mas-mal-camino-para-libertad


Compasión: la más humana de las virtudes

Leonardo Boff


Tres escenas aterradoras, el terremoto en Japón, seguido de un tsunami devastador, la pérdida de gases radioactivos de las centrales nucleares afectadas, y los deslizamientos de tierras ocurridos en las ciudades serranas de Río de Janeiro, sin duda han provocado en nosotros dos actitudes: compasión y solidaridad.

Primero irrumpe la compasión. Ente las virtudes humanas, tal vez sea la más humana de todas, porque no solo nos abre al otro como expresión de amor dolorido, sino al otro más victimado y mortificado. Poco importa la ideología, la religión, el status social y cultural de las personas. La compasión anula esas diferencias y hace que tendamos las manos a las víctimas. Quedarnos cínicamente indiferentes demuestra una suprema inhumanidad que nos transforma en enemigos de nuestra propia humanidad. Delante de la desgracia del otro no hay modo de no ser los samaritanos compasivos de la parábola bíblica.

La compasión implica asumir la pasión del otro. Es trasladarse al lugar del otro para estar a su lado, para sufrir con él, para llorar con él, para sentir con él el corazón destrozado. Tal vez no tengamos nada que darle y las palabras se nos mueran en la garganta, pero lo importante es estar a su lado y no permitir que sufra solo. Aunque estemos a miles de kilómetros de distancia de nuestros hermanos y hermanas de Japón o cerca de nuestros vecinos de las ciudades serranas cariocas, su padecimiento es nuestro padecimiento, su desespero es nuestro desespero, los gritos desgarradores que lanzan al cielo preguntando: ¿por qué, Dios mío, por qué?, son nuestros gritos desgarradores. Y compartimos el mismo dolor de no recibir ninguna explicación razonable. Y aunque la hubiera, no anularía la devastación, no levantaría las casas destruidas, ni resucitaría a los seres queridos fallecidos, especialmente a los niños inocentes.

La compasión tiene algo de singular: no exige ninguna reflexión previa, ni argumento que la fundamente. Ella simplemente se nos impone porque somos esencialmente seres com-pasivos. La compasión refuta por sí misma la noción del biólogo Richard Dawkins del «gene egoísta». O el presupuesto de Charles Darwin de que la competición y el triunfo del más fuerte regirían la dinámica de la evolución. Al contrario: no existen genes solitarios, todos están inter-retro-conectados y nosotros humanos formamos parte de incontables tejidos de relaciones que nos hacen seres de cooperación y de solidaridad.

Cada vez más científicos provenientes de la mecánica cuántica, de la astrofísica y de la bioantropología sostienen la tesis de que la ley suprema del proceso cosmogénico es el entrelazamiento de todos con todos y no la competición que excluye. El sutil equilibrio de la Tierra, considerada como un superorganismo que se auto-regula, requiere la cooperación de un sinnúmero de factores que interactúan unos con otros, con las energías del universo, con la atmósfera, con la biosfera y con el propio sistema-Tierra. Esta cooperación es responsable de su equilibrio, ahora perturbado por la excesiva presión que nuestra sociedad consumista y derrochadora hace sobre todos los ecosistemas y que se manifiesta por la crisis ecológica generalizada.

En la compasión se da el encuentro de todas las religiones, del Oriente y del Occidente, de todas las éticas, de todas las filosofías y de todas las culturas. En el centro está la dignidad y la autoridad de los que sufren, provocando en nosotros la compasión activa.

La segunda actitud, afín a la compasión, es la solidaridad. Obedece a la misma lógica de la compasión. Vamos al encuentro del otro para salvarle la vida, llevarle agua, alimentos, abrigo y especialmente calor humano. Sabemos por la antropogénesis que nos hicimos humanos cuando superamos la fase de la búsqueda individual de los medios de subsistencia y empezamos a buscarlos colectivamente y a distribuirlos cooperativamente entre todos. Lo que nos humanizó ayer, también nos humaniza hoy. Por eso es tan conmovedor ver como tanta gente de todas partes se moviliza para ayudar a las víctimas y a través de la solidaridad darles lo que necesitan y sobre todo la esperanza de que, a pesar de la desgracia, sigue valiendo la pena vivir.

 http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=428



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lunes, 28 de marzo de 2011

La guerra y las mujeres

Mariette Milot y Claude Lacaille


En junio de 2010, en la reunión del G8, Stephen Harper afirmaba que quería hacer aún más para mejorar la salud de las madres, de los recién nacidos y de los niños en los países en desarrollo. Este 19 de marzo en que se conmemora una Jornada Mundial contra la Guerra, es necesario recordarle al señor Harper sus propias contradicciones.

Canadá está entre los campeones mundiales en gastos militares, 23 mil millones de dólares para el presente año. ¿Tiene la menor idea el primer ministro de lo que la guerra significa para las mujeres y sus hijos? ¿Será mediante las armas que procurará ayudarlas?

Las guerras engendran inseguridad y violencia contra las mujeres. Las madres temen por sí y por sus hijas, ser violadas o de que le quiten sus hijos. Las mujeres tienen miedo de salir, de ir a trabajar, de buscar agua o leña y son a menudo víctimas de los disparos “amigos” o enemigos y de los kamikazes.

Millones de viudas ven degradarse sus vidas a causa de la pauperización, de la falta de trabajo, de la falta de acceso a la electricidad o al agua. Se calcula que solo en Irak dos o tres millones de mujeres se han convertido en jefes de familia cuando mataron, tomaron prisioneros o secuestraron a sus maridos. Y deben salir a ganar dinero para alimentar a su familia por todos los medios posibles.

Las mujeres ven a sus hijos muertos o mutilados por las bombas de racimo  o por las minas. Los chicos nacen en las casas sin cuidados prenatales y las tasas de mortalidad materno-infantiles aumentan. Las escuelas son bombardeadas, saqueadas, incendiadas; la educación de los niños se vuelve prácticamente imposible desde que no pueden pagar las cuotas escolares.Los cuidados de la salud son deficientes, las campañas de vacunación interrumpidas, los hospitales desbordados.

La violencia de la guerra se encarniza con las mujeres: pobreza, hambre, falta de cuidados, deterioro de los servicios, sin mencionar la violencia conyugal cuando el marido regresa del frente. Para el placer de los guerreros se abren burdeles, se viola, se asesina se explota a las mujeres. Las violaciones sistemáticas son moneda corriente.

Sin embargo, señor Harper, las mujeres no cesan de demostrar una fuerza y una resistencia extraordinaria para soportar estos horrores. Continúan dando vida y defendiéndola con vehemencia, a protegerla aún al precio de su propia salud. Deje por favor sus empresas bélicas y ponga verdaderamente nuestro dinero al servicio del desarrollo de los pueblos. Es lo que los hombres y mujeres canadienses esperamos de nuestro gobierno.

Mariette Milot, s.a.s.v. Claude Lacaille, p.m.é.

Traducción Susana Merino


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domingo, 27 de marzo de 2011

No se puede cambiar el mundo sin eliminar la propaganda occidental

Andre Vltchek


A veces me persiguen pesadillas: estoy en medio de un campo de refugiados arrasado por los bombardeos, puede ser en el Congo (RDC) o en otro desesperado país en la periferia del interés de los medios. Los chicos corren a mi alrededor con los vientres hinchados, acusando claramente su desnutrición. Muchas mujeres tienen también el vientre hinchado en el campo, pero no por causa de una acto de amor, sino por una violación de algunos meses atrás. Se siente una descarga de artillería que llega desde las colinas y las tropas de la ONU no pueden impedirla.

Algunas veces me despierto y el sueño se desvanece. O consigo rechazarlo; expulsarlo de mi inconsciente.Pero a veces permanece conmigo el resto del día. Y a menudo no es un sueño sino una realidad. Estoy en efecto en lugares como Kibati (Congo) enfrentando, los ojos desesperados de los niños, los ojos resignados, rojos e hinchados de las mujeres, el caño de un fusil. Hay dos fuegos diferentes en el horizonte y ruidos de artillería que vienen del matorral. Y en lugar de la almohada aprieto el obturador de mi Nikon profesional o el capuchón de mi lapicera.

Lo que escribo y lo que fotografío aparece regularmente en las páginas de los diarios o de las revistas. A veces una o dos imágenes en los muros de los museos o de las galerías. Pero siempre es una lucha persuadir a los redactores, a los editores, a los distribuidores o a los curadores que acepten mostrar, al menos una muestra edulcorada de la realidad, al gran público.

La era de los cronistas valientes y de los redactores decididos parece haber terminado. Los corresponsales que cubrieron la guerra de Vietnam que ayudaron efectivamente a terminar la guerra de Vietnam, han envejecido. Escriben memorias y publican libros pero apenas atestiguan los actuales conflictos. Existen todavía algunos periodistas corajudos y abnegados – Keith Harmon Snow o John Pilger para mencionar solo dos – pero son la excepción que confirma la regla de lo que normalmente sucede.

Y las valientes voces alternativas son hoy más necesarias que en ningún otro momento de la historia reciente. Como el control de las empresas sobre los medios se ha vuelto casi absoluta, casi todos los grandes medios están actualmente al servicio de la instalación de los intereses económicos y políticos. Más lo hacen y más hablan de libertad de prensa, de objetividad, de reportajes imparciales: pero en otra parte, no en la propia casa.

Mientras que la mayor parte de los medios en lengua inglesa ejerce una represión sin precedentes sobre la información, sobre, por ejemplo, la brutalidad de la política exterior occidental en el Africa subsahariana o sobre el genocidio indonesio en Papua Occidental (dos regiones del mundo con enormes reservas de materias primas explotadas por compañías mineras multinacionales) los titulares de los medios de las clases dirigentes de los EE.UU., del Reino Unido y de Australia intensifican sus ataques sobre los puntos de vista alternativos que proceden de Pekin (RPC), Caracas o La Habana. La más importante toma del poder de los fundamentalistas de mercado, la retórica más anti-china o anti Chávez aparece en las cadenas de los medios occidentales – cadenas en las que la propaganda actualmente alcanza a cada rincón del globo.

Yo me crié en Checoeslovaquia y aunque no recuerde de pequeño el desfile de los tanques soviéticos por las calles de Praga en 1968, me acuerdo muy claramente de las consecuencias – la colaboración, las mentiras y el cinismo del llamado “proceso de normalización”. Lo que me llena de consternación ahora – como ciudadano naturalizado de los EE.UU: - no es solamente que lo que aquí describo está llegando, sino la indiferencia que acompaña a todos estos terribles acontecimientos. Y sobre todo que la mayoría de la gente en el llamado “Primer Mundo de habla inglesa” cree realmente lo que dicen los diarios y lo que ven en las pantallas de la televisión. ¡Las mentiras y la parcialidad parecen ser demasiado evidentes para ser ignoradas! Pero la mayoría lo son Describiendo el léxico del poder occidental Arundhati Roy escribió una vez: “Actualmente lo sabemos. Los caballos son cerdos. Las chicas son muchachos. La guerra es la paz” Y admitimos que lo son.

En cierto modo sabemos que el control de la información es mucho más prolijo ahora en los EE.UU. o en el Reino Unido o en Australia que lo fue durante los años 1980 en Cheoeslovaquia, Hungria y Polonia. No existe ninguna “sed de verdad“ - de miradas alternativas – en cada panfleto que osa desafiar al régimen y en el político doble mensaje de libros y películas. No existe tal sed intelectual ni en Sidney, ni en Nueva York ni en Londres como era corriente ver en Praga, Budapest o Varsovia. Los escritores y los periodistas occidentales escribe como mucho “entre líneas” y los lectores no esperan, ni buscan mensajes ocultos.

Todo eso continúa sin oposición: propaganda y falta de visiones alternativas. Parece que nos hubiéramos olvidado de cuestionar las cosas. Parece que hemos aceptado la manipulación de nuestro presente y de nuestra historia: que nos volvemos contra esas especies raras que están todavía de pié a la izquierda defendiendo el sentido común y la verdad y lo que puede verse con toda evidencia pero que se niega en nombre de la libertad, la democracia, la objetividad (las grandes palabras que son tan usadas actualmente al punto de perder su sentido) ¿Somos nosotros los del Oeste los que estamos a punto de entrar en una era en que señalaremos con el dedo a los disidentes, estamos por convertirnos en alcahuetes y en colaboradores? Hemos conocido muchos períodos como este en nuestra historia. Hace poco tiempo – no hace demasiado tiempo!

Mientras tanto nuestros intelectuales colaboran con el poder y sus esfuerzos son recompensados, regiones integras del mundo se bañan en sangre, en hambre o en ambas. La colaboración y el silencio entre los que saben o deberían saber es ahora parcialmente culpable del actual estado del mundo.

El propósito perfecto, políticamente correcto está anclado en los textos, los discursos y también en la siquis de muchos de nuestros pensadores, Dios lo prohíbe, no ofenderán jamás a la gente de los países pobres (que puede ser masacrada y alentada a destriparse, pero que no debería “ser ofendida” especialmente sus jefes políticos y religiosos corruptos y que sirven a los intereses occidentales y de las multinacionales). Concretamente – los límites del debate permitido en las pantallas de TV o en las páginas de nuestros diarios han sido definidos. Y se podría creer que la derecha y las clases dirigentes han ridiculizado lo “políticamente correcto” para desafiar los límites de la discusión, tanto como el de la difamación. Si eso conviene al establishment eso define la dictadura feudal en los lugares lejanos (tanto tiempo como sirvan a los intereses como parte interesada de la cultura de este o aquel país que se controla o se quiere controlar. Si la religión sirve a los intereses geopolíticos de Occidente (leer: si la religión nos ayuda a matar a los jefes Progresistas de izquierda y sus discípulos) el Oeste proclamará su profundo respeto a esa religión, y aún el apoyo, como Inglaterra apoyó el Wahabismo en Medio Oriente, tanto tiempo como creyó que el Wahabismo reprimiría los conflictos por una sociedad igualitaria y la equitativa distribución de los recursos minerales.

Mientras desprestigiamos a Cuba por la violación de los derechos humanos (algunas docenas de presos, muchos de los cuales habrían sido acusados de terrorismo en el oeste, porque buscan abiertamente desobedecer la constitución y al gobierno) y la China por el Tibet (glorificar evidentemente al antiguo señor religioso feudal justo para contrariar y oponerse a la China, principal objetivo de nuestra política exterior – un enfoque ciertamente racista) hay millones de víctimas de nuestros intereses geopolíticos pudriéndose o ya enterradas en el Congo (RDC) y en el Africa subsahariana, en Papua Occidental, en Medio Oriente y aún más allá.

Nuestro palmarés de los derechos del hombre (si consideramos a todos los seres humanos “humanos” y admitimos que violar los derechos de un hombre, una mujer o un niño en Africa, América Latina, Medio Oriente, Oceania o Asia es tan deplorable como violar los derechos del hombre en Londres, Nueva York o Melbourne) es tan espantoso tanto hoy en día como en el pasado – que es inimaginable que nuestros ciudadanos puedan creer que nuestros países constituyen una palanca moral y que deberían estar autorizados para arbitrar y para ejercer un juicio moral.

Mientras que la propaganda post-guerra fría (el aniquilamiento de todo lo que fue dejado por los movimientos progresistas) o sea comparar la Unión Soviética con la Alemania nazi: la misma Unión soviética que al precio de 20 millones de vidas salvó al mundo del fascismo) se omite decir que los primeros campos de concentración no fueron construidos por los rusos, sino por el Imperio británico en Africa; y que ningún gulag puede equipararse con los horrores del terror colonial ejercido por los poderes europeos entre las dos guerras mundiales.

La propaganda está tan anclada en los E.UU. y en Europa que no surge ninguna discusión al respecto, ni se reclama o está simplemente permitida o tolerada. Mientras que la revolución soviética y más tarde el gulag son utilizados como prueba dudosa de que un sistema socialista realmente no puede funcionar (mientras que Stalin era claramente paranoico, no existe ningún desmentido referente al complot por dirigir a los nazis hacia el este – el hecho de que Francia y Gran Bretaña sacrificaran a Checoeslovaquia en la Conferencia de Munich de 1938 es una clara prueba de ello) el holocausto de Occidente en Africa (por ejemplo la exterminación belga de decenas de millones de congoleses durante el reinado de Leopoldo I) no se presenta como un ejemplo de que las monarquías de estilo occidental y el fundamentalismo de mercado son esencialmente peligrosos e inaceptables para la humanidad, ya que ha asesinado a centenares de millones en todo el mundo.

Evidentemente todo deriva del dinero y de la avaricia europea – de las materias primas – por las que decenas de millones de habitantes del Congo debieron morir hace cien años (entonces era por el caucho). Las razones no son diferentes actualmente, aunque los asesinatos son ahora realizados por las fuerzas locales y por los ejércitos vecinos y ahora por la fiel y pro-estadounidense Ruanda, tanto como por mercenarios. Tampoco son diferentes las razones en Papua occidental, solo que allí las muertes son ejecutadas por las tropas indonesias que defienden los intereses económicos de las corruptas élites de Jakarta y de las compañías multinacionales occidentales; o en Irak.

Y sin embargo no nos sentimos indignados. Los ciudadanos legalistas de nuestros países que no tiran su basura a la calle mientras dócilmente esperan el semáforo en verde para cruzarla. Pero no se oponen a las masacres que se ejecutan en nombre de sus intereses económicos. Esas masacres son bien aderezadas por los medios y el aparato de propaganda de modo que nadie explica claramente que el asesinato sirve para mantener el mundo de los negocios, pero también el relativamente alto nivel de la mayoría de los llamados “países desarrollados” aunque oficialmente se habla de los derechos del hombre, la democracia y la libertad. Una de las razones por las cuales aceptamos tan fácilmente esa propaganda oficial es porque nos ayuda a tranquilizar y calmar nuestra mala conciencia.

Las élites intelectuales y la universidad tampoco están al margen de aceptar y reciclar y aún inventar mentiras. En el transcurso de los últimos años, fui invitado a disertar en varias universidades de la élite del mundo angloparlante – desde Melbourne a la Universidad de Hong Kong, Columbia y Cornell, Cambridge y Auckland. Me di cuenta entonces que las recusaciones a las tesis existentes no significan que se defienda la integridad intelectual: muy por el contrario. Más aun que los medios, la universidad es profundamente hostil a discutir los clichés establecidos. Trate de estar en desacuerdo con la tesis de que Indonesia es un estado tolerante, que hace esfuerzos por ser democrático y no sé qué más que es el convencimiento de muchos profesores y será etiquetado como un extremista o mejor aún como un provocador. Y será muy difícil que pueda evitar los insultos directos. ¡Trate de oponerse a los monolíticos enfoques anti-chinos!

En la universidad anglo-sajona expresar la propia opinión es indeseable, casi inaceptable. Para empezar, se espera que un escritor o un orador cite a otro: “Ha dicho el señor Green, que la tierra es redonda” “El profesor Brown confirmó que ayer llovió” Si nadie lo dijo antes es dudoso de que haya sucedido. Y el autor o el orador son fuertemente desalentados a expresar su propia opinión. En resumen: se espera, que no importa el tema, o el punto de vista de la información, sea confirmado por el “establishment” o al menos por parte de él. Es decir que debe pasar por la censura informal.

Largas listas a pié de página adornan casi todos los libros de no-ficción, así como muchos grupos universitarios y muchos autores de libros de ensayos en lugar de formar parte de sus propias investigaciones o trabajos en el terreno, se citan sin descanso y se re-citan. A Orwell, Burchett o Hemingway les hubiera sido muy difícil evolucionar en este ambiente.

Los resultados son a mendo grotescos. Dos casos en Asia son grandes ejemplos de esa cobardía y servilismo intelectuales no solamente del cuerpo diplomático sino también de la comunidad universitaria y periodística: Tailandia e Indonesia.

Los clichés creados por los medios anglosajones y la universidad se repiten hasta el cansancio en los principales medios incluidos la BBC y CNN y por casi todos los diarios influyentes. Cuando nuestros medios habla de Camboya, por ejemplo, raramente olvidan mencionar el genocidio “comunista “ del kmer rojo. Pero habría que buscar el samizdat para enterarse de que los kmmers rojos accedieron al poder solamente luego de que los EE.UU. tapizaran con bombas los campos de la región. Y cuando Viet Nam echó al Kmer Rojo, los EE.UU. pidieron a las Naciones Unidas el “regreso inmediato del gobierno legítimo”!

Nada existe o casi nada en las ediciones “on line” de los diarios occidentales que pueda representar los horrores desencadenados por el Oeste contra Indochina, Indonesia (2 o 3 millones de personas muertas desde que los EE.UU. apoyaron el golpe de estado que llevó al general Suharto al poder) y a Timor oriental por mencionar solo algunos pocos.

Nunca escuché a ningún hombre público del oeste recurrir a los medios para llamar a un boicot a nada indonesio por los continuos asesinatos de los papúas (aunque algunos parecieron indignados durante los años 70 y 80 por el genocidio en Timor oriental) El Tibet es un asunto diferente. La crítica a China por su política en el Tibet es épica. La crítica a China es en general monumental y desproporcionada.

Cada vez que la China fracasa es porque “es todavía comunista” cuando es exitosa “es porque ya no es más comunista” Como lector quiero saber por los propios chinos si su país es o no comunista. De lo que sé, lo es todavía y aún más la gran mayoría quiere que siga siéndolo.

Pero eso no es suficiente. No podemos confiar en la descripción que de sí misma haga las más antigua cultura del planeta: ese trabajo debe ser hecho por interlocutores nativos ingleses, por las únicas personas elegidas o seleccionadas para influenciar y formar la opinión pública mundial.

Quiero tener informaciones de mis colegas de Beijing. Quiero que ellos sean capaces de discutir abiertamente con los que acusan (absurdamente) a su país de ser responsable de todo, desde Sudán hasta Birmania y del deterioro del ambiente. ¿Cuántos informes hemos visto en la BBC world mostrando fábricas chinas eructando humo negro y cuantos hemos visto sobre la contaminación generada por los EE.UU. que sigue siendo el mayor contaminador del mundo?

O ¿cuáles son los pensamientos de los universitarios japoneses, los escritores y los periodistas sobre la Segunda Guerra Mundial? Todos sabemos que los periodistas de lengua inglesa establecidos en Tokio creen lo que piensan sus colegas japoneses pero ¿Por qué nos impiden leer habitualmente traducciones directas de los trabajos escritos por quienes llenan las páginas de los diarios más grandes del mundo, publicados en Japón o en China? Por qué tenemos que ser guiados por una mano invisible que conforma el consenso global?

Como hablo bien el español, me doy cuenta hasta que punto las actuales tendencias de América latina están tan poco representadas en las publicaciones de los EE.UU., Gran Bretaña y Asia. Mis colegas latinoamericanos se quejan porque es imposible discutir sobre el presidente venezolano Hugo Chávez o sobre el presidente boliviano Evo Morales en Londres o en Nueva York con quienes no leen el español - sus opiniones aparecen uniformizadas y estúpidamente parcializadas.

En estos días la izquierda es evidentemente el tema principal – el verdadero tema – en América Latina. Mientras que los periodistas británicos y usamericanos y los escritores analizan las recientes revoluciones latinoamericanas a la luz de las directivas políticas de sus propias publicaciones, los lectores de todo el mundo (a menos que lean español) no saben casi nada de las opiniones de quienes en estos precisos momentos están escribiendo la historia de Venezuela o de Bolivia.

¿Cuántas veces ha aparecido en las páginas de nuestras publicaciones que Chávez ha introducido la democracia directa, permitiendo a la gente influir en el futuro de su país mediante innumerables plebiscitos mientras que los ciudadanos de nuestras “democracias reales” deben callarse y hacer lo que se les dice? O se les permitió a los alemanes pronunciarse sobre la unificación; no se les preguntó a los checos ni a los eslovacos si querían su “Divorcio de terciopelo”; los ciudadanos británicos, italiano y usamericanos debieron ponerse las botas y marchar a Irak.

Los diarios de lengua inglesa están llenos de reportajes sobre la China sin que se permita a los chinos hablar por sí mismos También están llenos de reportajes sobre Japón, en los que se citan a los japoneses pero no se les confía compartir sus artículos sobre su propio país – artículos que deberían ser escritos por ellos desde el principio al fin.

Hasta ahora, el idioma inglés es el principal instrumento de comunicación en el mundo, pero no para siempre. Sus escritores, sus periodistas, periódicos y casas editoras no facilitan una mejor comprensión entre las naciones. Fracasan totalmente en la promoción de la diversidad ideológica.

Los medios utilizan el inglés como un instrumento al servicio de los intereses políticos, económicos y hasta intelectuales. Una cada vez más importante cantidad de locutores no nativos, son obligados a utilizar el inglés para formar parte del único grupo de influencia: el grupo que importa – el grupo que lee, comprende y piensa del “modo correcto”. Además de la ortografía y de la gramática, los recién llegados de este grupo aprenden a sentir y a reaccionar hacia el mundo que les rodea, al mismo tiempo que deben considerarlo objetivamente. El resultado es la uniformidad y la disciplina intelectual.

Cuando en medio de la noche me despierto, perseguido por las pesadillas y las imágenes que conservo, desde hace mucho tiempo, cargadas en mis aparatos fotográficos, comienzo a soñar en la organización de un mundo mejor y más justo. Pero siempre aparece y me hago la misma pregunta: ¿cómo lograrlo?

Pienso en todas las revoluciones exitosas del pasado – todas incluyen una condición previa: educación e información. Para cambiar las cosas la gente debe saber la verdad. Debe conocer el pasado.

Lo que le ha sido repetido muchas veces a los habitantes de Chile, de Argentina y de Sudáfrica. Ningún porvenir podrá ser mejor, ninguna reconciliación honesta y justa podrá lograrse mientras no sean analizados y comprendidos el pasado y el presente. Será por eso que Chile triunfó e Indonesia fracasó. Es por eso que Sudáfrica con todas sus complejidades y problemas están en camino de exorcizar sus demonios y de evolucionar hacia un futuro mejor.

Pero el oeste, Europa y Estados Unidos y en gran medida Australia – viven todos en la negación. Jamás han aceptado completamente la verdad del terror que han derramado y derraman aún sobre la mayor parte del mundo. Son siempre ricos: los más ricos y viven del sudor y de la sangre de los otros. Son todavía un imperio – un Imperio – cohesionado por la cultura colonialista: un tronco y las ramas: todo uno.

No habrá nunca paz sobre la tierra, una verdadera reconciliación hasta que no desaparezca esta cultura de control. Y la única manera de hacerla desaparecer es enfrentando la realidad, hablando y recordando el pasado.

Esa es la responsabilidad de los que conocen el mundo y comprenden el sufrimiento de la gente por decir la verdad. Poco importa el precio, poco importa la cantidad de privilegios que desaparecerán con cada frase honesta (todos sabemos que el Imperio es vengativo) No por decirle la verdad al poder (no la merece) sino contra el poder. Descuidar las instituciones existentes desde los medios hasta la universidad, como no son la solución pero forman parte del problema, son corresponsables del estado del mundo en que vivimos! Solo una multitud de voces repitiendo lo que sabe todo el mundo, menos los países dirigentes, parecen saber: las voces amalgamadas de un “Yo acuso” derrotarán a los actuales errores que gobiernan el mundo. Pero solo las voces verdaderamente unidas y solamente en multitud. Con determinación y enorme valentía!

La página “ ZSpace” de André Vltchek, EE.UU., 18 de junio de 2009

Traduccion del inglés al francés Estelle y Carlos Debiasi y traducción del francés por Susana Merino

http://www.rebelion.org/noticias/mentiras_y_medios/2011/3/no-se-puede-cambiar-el-mundo-sin-eliminar-la-propaganda-occidental-124769



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domingo, 20 de marzo de 2011

Civilizacion Con Los Colores Del Arco Iris

Julio Monsalvo


Conmovidos por todo lo que sucede en Japón.  Dolor, mucho dolor por las pérdidas de vidas, heridos, destrucción de hogares…

En poco más de un año la humanidad ha sido sacudida por tres grandes  terremotos: Haití, Chile y ahora Japón.

Siguiendo noticias internacionales tomamos conciencia que casi todos los días se reporta un sismo en algún lugar del mundo.

Todo acontecimiento ante el cual nos pone la Vida, es una oportunidad para reflexionar, aprender y sobre todo desaprender.

En Japón, además de los efectos del terremoto, se añaden los daños a las usinas nucleares con la consiguiente fuga de radioactividad.

El pueblo japonés sabe de esos efectos desde agosto de 1945, cuando se arrojaron bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaky.

Mucho se dice a favor y en contra de la energía nuclear.

Desde esta columna nos parece oportuno preguntarnos por qué, para qué y para quiénes se demanda más producción de energía.

Una respuesta muy clara la ha dado James Lovelock en su libro “La Venganza de la Tierra”: “para que las luces de la civilización sigan encendidas”  El autor advierte el daño a la Tierra provocado  por el empleo de combustibles fósiles, principales emisores de gases responsables del calentamiento global.

Lovelock  es un científico muy conocido por ser el creador, junto a Lynn Margulis, de la Teoría Gaia, que concibe al Planeta como un ser vivo.

Para quienes hemos hallado en la Teoría Gaia una inspiración para setirNOS pertenecientes a la Naturaleza, nos vemos sorprendido que Lovelock proponga la instalación masiva de usinas nucleares como única fuente de producción de energía.

Expresa que lo ideal sería que hubiera fuentes de energías no contaminantes. En su concepto el desarrollo actual de las mismas no es suficiente para “que las luces de la civilización continúen encendidas”.

Se sitúa como médico de Gaia que prescribe el remedio menos malo, sosteniendo que se trata de “una fuente de energía segura”.

Lo que está ocurriendo con las centrales nucleares japonesas es, en nuestro concepto, un llamado a la humildad.

La mayoría de los científicos aun están convencidos de la predictibilidad de la ciencia y de su capacidad de control.

Quien escribe está cada vez más convencido que de la Vida no sabemos nada.

¿Por qué empeñarse en mantener encendidas las luces de la civilización? Justamente de este modelo civilizatorio de explotación y exclusión, generador de inequidades que deberían avergonzarnos por ser la única especie de seres vivos que no se apoyan mutuamente.

Estamos en un instante en que podría ser el triunfo de la revolución en defensa de la Vida, optando por otra manera de vivir.

Nos da esperanza la propuesta que viene de los Andes, el  “suma qamaña”, el “vivir bien”, vivir en armonía con la Naturaleza.

Vivir en armonía con la Naturaleza es vivir en armonía con nosotros mismos, pues somos Naturaleza!

Será una civilización con las luces de los colores del arco iris, los colores de la Wipala, símbolo de igualdad, de justicia, de armonía.

Hasta la Victoria de la Vida Siempre!

http://www.altaalegremia.com.ar/contenidos/Carta_N_40_civilizacion_colores_arco_iris.html


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domingo, 13 de marzo de 2011

¿Dando se recibe?

Leonardo Boff


Estamos en tiempo de montaje del gobierno. Hay disputas por cargos y funciones por parte de partidos y de políticos. Se realizan negociaciones, cargadas de intereses y de mucha vanidad. En este contexto, se oye citar este tópico de la inspiradora oración de san Francisco por la paz: «es dando como recibiremos» para justificar la permuta de favores y de apoyos donde corre también mucho dinero. Es una manipulación torpe del espíritu generoso y desinteresado de san Francisco. Pero dejemos a un lado estos desvíos y veamos su sentido verdadero.

Hay dos economías: la de los bienes materiales y la de los bienes espirituales. Una y otra siguen lógicas diferentes. En la economía de los bienes materiales, cuanto más das bienes, ropas, casas, tierras y dinero, menos tienes. Si alguien da sin prudencia y derrocha sin control acaba en la pobreza. En la economía de los bienes espirituales, por el contrario, cuanto más das, más recibes; cuanto más entregas, más tienes. Es decir, cuanto más das amor, dedicación y acogida (bienes espirituales), más ganas como persona y más subes en el concepto de los demás. Los bienes espirituales son como el amor: al dividirse se multiplican. O como el fuego: al extenderse, aumentan.

Comprendemos esta paradoja considerando la estructura de base del ser humano. Es un ser de relaciones ilimitadas. Cuanto más se relaciona, o sea, sale de sí en dirección al otro, al diferente, a la naturaleza y a Dios, es decir, cuanto más da acogida y amor, más se enriquece, más se adorna de valores, más crece e irradia como persona.

Por lo tanto, es dando como se recibe. Muchas veces se recibe mucho más de lo que se da. ¿No es esta la experiencia atestiguada por tantos y tantas que dan tiempo, dedicación y bienes para ayudar a las víctimas de la hecatombe socioambiental ocurrida en las ciudades serranas de Río de Janeiro, en este triste mes de enero, cuando murieron cientos de personas y miles quedaron sin techo? Este «dar» desinteresado produce un tremendo efecto espiritual que es sentirse más humanizado y enriquecido. Se convierte en gente de bien, tan necesaria hoy.

Cuando alguien que tiene da sus bienes materiales dentro de la lógica de la economía de los bienes espirituales para apoyar a los que perdieron todo y ayudarlos a rehacer la vida y la casa, experimenta la satisfacción interior de estar con quien lo necesita y puede testimoniar lo que decía san Pablo: «hay mayor felicidad en dar que en recibir» (Hch 20,35). Alguien que no es pobre se siente espiritualmente rico.

Existe por lo tanto una relación circular entre el dar y el recibir, una verdadera reciprocidad. Ésta representa, en un sentido mayor, la propia lógica del universo, como no se cansan de enfatizar biólogos y astrofísicos. Todo, galaxias, estrellas, planetas, seres inorgánicos y orgánicos, hasta las partículas elementales, todo se estructura en una red intrincadísima de inter-retro-relaciones de todos con todos. Todos co-existen, inter-existen, se ayudan mutuamente, dan y reciben recíprocamente lo que necesitan para existir y co-evolucionar dentro de un sutil equilibrio dinámico.

Nuestro drama es que no aprendemos nada de la naturaleza. Sacamos todo de la Tierra y no le devolvemos nada, ni siquiera tiempo para descansar y regenerarse. Sólo recibimos y nada damos. Esta falta de reciprocidad ha llevado a la Tierra al desequilibrio actual.

Urge por lo tanto incorporar de forma vigorosa la economía de los bienes espirituales a la economía de los bienes materiales. Sólo así restableceremos la reciprocidad del dar y del recibir. Habría menos opulencia en las manos de pocos y los muchos pobres dejarían de ser carentes y podrían sentarse a la mesa comiendo y bebiendo del fruto de su trabajo. Tiene más sentido compartir que acumular, reforzar el vivir bien de todos que buscar avaramente el bien particular. ¿Qué nos llevamos de la Tierra? Solamente bienes del capital espiritual. El capital material se queda.

Lo verdaderamente importante es dar, dar… y otra vez dar. Solo así se recibe. Y se comprueba la verdad franciscana según la cual «es dando como se recibe» ininterrumpidamente amor, reconocimiento y perdón. Fuera de esto, todo es comercio y feria de vanidades.

http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=421



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Evolucion o Revolucion

Susana Merino


Hace ya muchos años, cuarenta, cincuenta, sesenta, no sé tantos o más que   los que tengo que los grandes gurúes de la economía nos han venido prometiendo que la copa desbordaría y que todos seríamos felices y comeríamos perdices… ¿Cuántas generaciones han pasado “sobre” los puentes, esperando, confiando, creyendo que el prometido  crecimiento económico alcanzaría para que todos pudiéramos disfrutar de una vida digna? ¿Cuántas generaciones deberán aparecer y extinguirse todavía si seguimos alentando esa falacia?

Aunque la torta esté llegando a los límites de un crecimiento que le está imponiendo forzosamente la naturaleza, el afán por hacerla cada vez más grande lo ignora y nada tiene que ver, como dice el economista chileno Manfred Max-Neef(1), con la “justicia social” sino que lo que buscan empresarios, políticos y gobernantes  es “seguir manteniendo la misma proporción que les fuera otorgada por el sistema”  aunque tienda a evidenciarse cada vez más una reducción de la parte de la torta correspondiente a los más pobres.

Nada cambiará mientras no nos decidamos a comprender que la solución está en, cito nuevamente a Max-Neef  ”pasar de la mera explotación de la naturaleza y de los más pobres del mundo a una integración e interdependencia creativa y orgánica” de “un gigantismo destructivo a una pequeñez creativa”.

Existen ya muchos y variados síntomas  de que tanto la humanidad como la madre tierra están buscando un equilibrio largamente amenazado por la codicia, la sobreexplotación, el sometimiento de los más débiles y aunque algunas manifestaciones naturales como los terremotos, las erupciones volcánicas, los huracanes no sean producto directo de la intervención humana son voces de alerta que nos recuerdan que nuestra suficiencia, nuestra soberbia  son nada frente a la potencia oculta de la naturaleza y a su potencial hartazgo por el maltrato a que venimos sometiéndola desde hace varios siglos.

Cuando hace ya poco más de veinte años el Consenso de Washington estableció las reglas  aún vigentes con  que el neoliberalismo orientó e introdujo sus políticas en casi todo el mundo, no hubo la menor mención sobre las probables consecuencias que esas directivas acarrearían a la sociedad ni al planeta:

Disciplina fiscal, Reordenamiento de las prioridades del gasto público, Reforma Impositiva, Liberalización de los tipos de interés, Cambio competitivo. Liberalización del comercio internacional, Liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas, Privatización, Desregulación, Derechos de propiedad.

Este simple enunciado pone en evidencia que nadie recordó ya “el derrame de la copa”, que nadie mencionó que el objetivo fundamental, el crecimiento sostenido, redundaría en beneficio de los países y de las comunidades más pobres, algo inimaginable desde luego, por cuanto ese conjunto de directivas estaban orientadas a desregular el mercado laboral, a entregar la explotación de los recursos naturales de los países subdesarrollados  a las empresas transnacionales, a reducir los gastos de los estados en políticas sociales, poniéndolas bajo la instrumentación y el control de dos grandes organizaciones burocráticas supraestatales el F.M.I. y el Banco Mundial.

Y ya que el derrame de la copa de la riqueza no solo no se ha dado espontáneamente sino que por el contrario se han establecido condicionamientos para  que eso no suceda, pareciera que el mundo, el mundo sometido, el mundo marginado, la humanidad desplazada de su propio suelo ha decidido desde  hace ya más de una década, desde Seattle en 1999, para ponerle una fecha, tomar al toro por las astas y comenzar a desarrollar tareas de concientización, de movilización, de convocatorias, de análisis, de diagnóstico y de propuestas para poner en marcha una verdadera ¿evolución?, ¿revolución .

Para mí allí reside el problema. Ya nadie, salvo quienes empecinadamente ciegos pretenden conservar sus privilegios, puede negar la proximidad de grandes cambios que incluirán la moral, la ética, la política, la ecología, la economía… Sobre todo estas dos últimas tendrán que  recordar su raigal parentesco y marchar juntas nuevamente hacia un destino común para pasar como dice el teólogo brasileño Leonardo Boff de la era tecnozoica a la ecozoica,   “manteniendo los ritmos de la Tierra, produciendo y consumiendo dentro de sus límites y poniendo el principal interés en el bienestar humano y en el de toda la comunidad terrestre”.   Porque de mantener sus actuales desacuerdos estaríamos frente a esa temida catástrofe planetaria que predicen los más tremendistas.

Yo creo que la humanidad no tiene vocación suicida y que más temprano que tarde encontraremos los caminos que nos conduzcan hacia esa transformación que de alguna manera nos anticipa Edgar Morin cuando dice que “debemos llegar a una metamorfosis post histórica a una civilización planetaria cuya forma es imposible  prever”.

Las actuales insurrecciones populares de los países árabes, las todavía tímidas manifestaciones de estudiantes y de trabajadores en Wisconsin (EE.UU.), las incontables reacciones populares frente a la destrucción ecosistémica  que producen  los emprendimientos mineros  a cielo abierto en todos los países del área andina, desde Centro América hasta la Patagonia, las reacciones populares en la misma Europa frente a la desocupación y la reducción de los beneficios sociales, son todos síntomas, indicios, anticipos de una toma de conciencia que irá globalizándose gradual o aceleradamente. Pero que pareciera estar decididamente en marcha.

¿Evolución o revolución? Quisiera apostar por una evolución consciente y aceptada porque no todas las revoluciones terminan exitosamente o generan los cambios necesarios pero por sobre todas las cosas porque en las revoluciones la sangre la ponen siempre los más débiles, los más pobres, los más necesitados aquellos a quienes en primer lugar deberían alcanzar los cambios que soñamos.

Nota
(1)    Manfred Max-Neef “La economía descalza” edit.NORDAN, 1986

http://desdemimisma.blogspot.com/2011/03/evolucion-o-revolucion.html


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domingo, 6 de marzo de 2011

El difícil paso del tecnozoico al ecozoico

Leonardo Boff


Las grandes crisis conllevan grandes decisiones. Hay decisiones que significan vida o muerte para ciertas sociedades, instituciones o personas. La situación actual es la de un enfermo al cual el médico le dice: O controla usted sus altas tasas de colesterol y su presión o tendrá que enfrentarse a lo peor. Usted elige.

La humanidad como un todo tiene fiebre y está enferma; debe decidir: o continuar con su ritmo alucinado de producción y consumo, garantizando siempre el crecimiento del PIB nacional y mundial, ritmo altamente hostil a la vida, o enfrentarse dentro de poco a las reacciones del sistema-Tierra que ya ha dado claras señales de estrés global. No tememos un cataclismo nuclear, no imposible pero sí improbable, que significaría el fin de la especie humana. Recelamos, eso sí, como muchos científicos advierten, de un cambio repentino, abrupto y drástico del clima que diezmaría rápidamente muchísimas especies y pondría en grave peligro nuestra civilización.

Esto no es una fantasía siniestra. El informe del IPPC de 2001 indicaba ya esta eventualidad. El informe de la U.S. National Academy of Sciences de 2002 afirmaba «que recientes evidencias científicas apuntan hacia la presencia de un acelerado y vasto cambio climático; el nuevo paradigma de un cambio abrupto en el sistema climático está bien establecido por la investigación hace ya diez años, sin embargo este conocimiento está poco difundido y es escasamente tomado en cuenta por los analistas sociales». Richard Alley, presidente del U.S. National Academy of Sciences Committee on Abrupt Climate Change comprobó con su grupo que, al salir de la última glaciación, hace 11 mil años, el clima de la Tierra subió 9 grados en solo 10 años (datos tomados de R.W.Miller, Global Climate Disruption and Social Justice, N.Y 2010). Si eso sucediera con nosotros tendríamos que enfrentarnos a una hecatombe ambiental y social de consecuencias dramáticas.

¿Que es lo que está en juego con la cuestión climática? Están en juego dos prácticas con relación a la Tierra y a sus recursos limitados, que fundan dos eras de nuestra historia: la tecnozoica y la ecozoica.

En la tecnozoica se utiliza un potente instrumento, inventado en los últimos siglos, la tecnociencia, con la cual se explotan de forma sistemática y cada vez con más rapidez todos los recursos, especialmente en beneficio de las minorías mundiales, dejando al margen a gran parte de la humanidad. Prácticamente toda la Tierra ha sido ocupada y explotada. Ha quedado saturada de toxinas, elementos químicos y gases de efecto invernadero hasta el punto de perder su capacidad de metabolizarlos. El síntoma más claro de esta incapacidad suya es la fiebre que se ha hecho presente en el Planeta.

En la ecozoica se considera a la Tierra dentro del proceso evolutivo. Desde hace más de 13,7 mil millones de años el universo existe y está en expansión, empujado por la insondable energía de fondo y por las cuatro interacciones que sostienen y alimentan cada cosa. Es un proceso unitario, diverso y complejo que produjo las grandes estrellas rojas, las galaxias, nuestro Sol, los planetas y nuestra Tierra. Generó también las primeras células vivas, los organismos multicelulares, la proliferación de la fauna y de la flora, la autoconciencia humana por la cual nos sentimos parte del Todo y responsables del Planeta. Todo este proceso envuelve a la Tierra hasta el momento actual. Respetado en su dinámica, permite a la Tierra mantener su vitalidad y su equilibrio.

El futuro se juega entre quienes están comprometidos con la era tecnozoica con los riesgos que encierra y quienes, asumiendo la ecozoica, luchan para mantener los ritmos de la Tierra, producen y consumen dentro de sus límites y ponen su interés principal en perpetuarse y en el bienestar humano y de la comunidad terrestre.
Si no damos este paso difícilmente escaparemos del abismo que espera delante de nosotros.

http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=423


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Ser o no ser como todo el mundo

Elba L. Encinas


En las aglomeraciones de las grandes urbes, en los andenes, en los aeropuertos, adquirimos cabal conciencia de nuestra pequeñez. Somos  uno más entre tantos. Un individuo que apenas se recorta en la multitud  anónima. En soledad o junto a los allegados que nos quieren, nos valoran, nos necesitan, nuestro yo se dimensiona y cobra importancia. Se convierte en un yo único, distinto. Solo una gota en la corriente avasalladora, pero que se integra y hace su modesto aporte personal.

Ser como todos o ser uno mismo. Imposible sustraerse a la época en que nos tocó nacer y a la sociedad con la que compartimos idioma, creencias, costumbres, prejuicios...

Lo que dicen, piensan y hacen los demás, aquellos que designamos con la frase abarcativa de “todo el mundo”, a veces nos sirve para justificar nuestra conducta, a veces también nos coarta, nos inhibe. Hace poco salí de mi casa para realizar trámites en el centro de la ciudad. El pronóstico anunciaba lluvia. Unas nubes oscuras, amenazantes, asomaban en el horizonte. Previsora, puse un paraguas en la cartera. Horas más tarde, cuando retornaba a mi hogar, un sol radiante había disipado por completo la posibilidad de que la tormenta se concretara. Caminaba por veredas de escasa sombra y el sol del mediodía caía a pleno sobre mi cabeza. Me acordé del paraguas.

¡Bien podría servirme de sombrilla! Pero no lo usé. No quise llamar la atención. Preferí no atraer las miradas curiosas, las sonrisas burlonas. Seguramente hubieran pensado que no estaba en mi sano juicio. No tuve la osadía de ser yo, de comportarme de manera diferente, fuera de la norma que impone la costumbre.

Usamos “lo que se usa”. En mayor o menor medida somos sumisos a lo que dicta la moda versátil y despótica: ropa ceñida al cuerpo, holgada, pantalones angostos, anchos, cortos, largos...Si nos vistiéramos siguiendo los cánones de otra época, quizás nos sentiríamos ridículos, anticuados.

Incluso en los colores, que combinamos con entera libertad según nuestros gustos y necesidades, la moda se toma el atrevimiento de sugerirnos “el que más se lleva” en cada temporada: ayer el violeta, hoy el verde, mañana... Y ese color empieza a proliferar, lo vemos a cada paso. Obedientes, nos uniformamos. Pero lo que está más de moda más pronto pasa, y se impone el cambio.

METAMORFOSIS COLECTIVA

Es difícil, en todos los órdenes, ser innovadores, creativos, originales, auténticos. Sostener nuestras convicciones, abrazar una causa que consideramos noble y digna de ser defendida, pese a no coincidir con lo que piensan o hacen los demás. Para “remar contra la corriente” hay que tener la audacia de plantarse ante “todo el mundo” y a menudo quedarse solo, desvalido. Situación que describe Ionesco, autor francés de origen rumano, en su obra de teatro Rhinocéros (Rinoceronte):

Dos amigos, Jean y el protagonista principal, Bérenger, se encuentran en la terraza de un café. En un momento en que Jean reprocha a Bérenger su desaliño, su vida desordenada, el que no sea “como todo el mundo”, pasa por la calle, envuelto en una nube de polvo y precedido por un sonido ensordecedor de galope, un rinoceronte. Jean, los transeúntes, los dueños de los locales cercanos, se asombran, se espantan. Bérenger ve la escena con indiferencia, lo insólito no le provoca la misma conmoción. Trata de justificarlo atribuyéndolo a causas naturales. Al rato, de nuevo ven pasar un rinoceronte, pero en sentido contrario. No repuestos todavía, todos vuelven a escandalizarse. ¿Es el mismo rinoceronte? ¿Es otro?, se preguntan. Y no tardan en darse cuenta de que es otro, y otro, y otro... porque se multiplican. Bérenger ya no adopta una actitud indiferente. Incluso debe rendirse a la evidencia de que son las propias personas las que se están transformando en rinocerontes. Un compañero de oficina, su amigo Jean, su jefe, sus vecinos... nadie parece poder resistirse a la metamorfosis. Bérenger teme caer también en la tentación, pero se aferra a la idea de que no se transforma quien no quiere hacerlo, quien no acepta dejarse llevar por el ejemplo.

Hasta que él y la mujer que ama constituyen los únicos representantes de la humanidad. Finalmente ella también lo abandona para integrar la multitud apenas diferenciada de los paquidermos. Entonces, frente al espejo que le devuelve su imagen de ser humano, Bérenger se desespera, fluctúa entre la rebeldía y la duda. Si todos los demás son rinocerontes y solamente él un ser humano, ¿no tendrán razón? ¿no será él el equivocado?

Está solo, ahora no se parece a nadie. No puede hablar con sus semejantes, que han dejado de serlo. Ellos ya no comparten la lengua que habla. Por un momento desea que su piel se torne rugosa y dura y que adquiera el tono verde sombrío de los rinocerontes. Se cree un monstruo. El es lo anormal. Pero...le es imposible cambiar. Tiene que conservar su originalidad. Es el último representante que queda de la raza humana y defenderá su condición hasta el fin.

Cuántos benefactores de la humanidad han luchado así, afrontando críticas, acusaciones, persecuciones, martirio...

EL PRECIO DE LA FE

No podemos dejar de pensar en alguien que marcó un antes y un después en nuestro calendario, porque su corta vida de 33 años cambió el curso de la historia: El Mesías que anunciaran los profetas y señalara la estrella que guió a los Reyes Magos.       

Su mensaje de amor, misericordia, paz y esperanza era revolucionario. Y muchos opusieron resistencia.

A punto ya de concluir su misión en la tierra, también El se sintió solo y “triste hasta la muerte”: En el Monte de los Olivos, cuando se retira a orar, el sueño vence a los discípulos que lo aguardan y velan. Sabe que Pedro lo negará tres veces, y que Judas pronto ha de venir a entregarlo identificándolo con su beso traidor. “Aparta de mí esta copa”, le pide a su Padre, y agrega: “pero no se haga lo que yo quiero sino lo que quieres tú”.    

Seguir y apoyar al innovador, al reformista, “al rebelde”, implica identificarse con él y correr sus mismos riesgos, exponerse a las mismas reacciones adversas. El temor impulsa a Pedro a negar que conoce a Jesús, que es “uno de ellos”(de sus discípulos), aunque después lava con lágrimas de arrepentimiento su momentánea cobardía.  

Judas opta por el Reino de este mundo y se pone de parte de los que imperan en él, de los que quieren apresar, condenar y matar al que se dice “Hijo de Dios”. Y lo entrega. Qué extraña, qué misteriosa resulta su traición; ¡conociendo como conocía al Maestro, habiendo compartido su mesa y escuchado las parábolas con que sembraba su mensaje! ¿Acaso no creyó en la Buena Nueva, y le resultaba menos riesgoso separarse del grupo de seguidores, no ser “uno de ellos”? ¿O codiciaba demasiado esa bolsa de monedas que, dicen, luego le quemó en las manos y lo condujo al suicidio?

La contrapartida de la actitud de Judas aflora en otro personaje bíblico que nació en Tarso (Asia Menor). Se llamaba Pablo (inicialmente Saulo). De familia de judíos, ciudadano romano, educado en la rigidez de las doctrinas de los fariseos, no conoció al Maestro. Comandaba una hueste dedicada a perseguir y apresar a los cristianos. Camino a Damasco, se le apareció Cristo en forma de cegadora luz y oyó su voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Y respondió a ese dolorido reproche –porque perseguir a sus seguidores significaba perseguirlo a El-- con su conversión. Supo decir ¡no! a la manera de pensar de una gran mayoría de la sociedad de la época, a las creencias que con la educación había incorporado, a su actitud intransigente e injusta. Y del odio pasó al amor, de encarnizado enemigo a Apóstol de la Nueva Fe.

Pero tanto él como los demás apóstoles y muchos otros seguidores de Jesucristo debieron pagar el alto precio --martirio, muerte-- de profesar, sostener y difundir con la palabra y el ejemplo el mensaje esperanzador que El encarnó. Un mensaje diferente.+ (PE/LNP)  

(*) Elba L. Encinas, Licenciada en Filosofía y Letras en la Universidad Nacional del Sur (UNS). Reside en Bahía Blanca.                              

Nota publicada en la sección cultural Ideas/Imágenes de La Nueva Provincia, diario de Bahía Blanca, en su edición del domingo 26 de diciembre de 2010.


http://www.ecupres.com.ar/noticias.asp?Articulos_Id=9302


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domingo, 20 de febrero de 2011

¿San Mao?

Eloy Roy


Aunque bien enterado de los pecados gordos de Mao Zedong, el buen pueblo chino le conserva hasta hoy un sincero cariño. En el corazón de la capital, desde la puerta monumental de la antigua ciudad imperial, un cuadro gigante con el retrato de ese hombre responsable de la tortura y muerte de millones de personas, sigue presidiendo la vida de la China. No hay ciudad importante en el país que no lo tenga presente por medio de una enorme estatua blanca que parece de mármol o algo por el estilo. Su efigie se encuentra en todas las casas que se respetan. Y si, en ciertas partes del mundo, los autos usan estampitas plastificadas del Sagrado Corazón o de San Cristóbal para inmunizarse contra los accidentes, en la China son los medallones con la cara de Mao los que desempeñan esa importante función. A Mao, mucho se le ha perdonado, ¿por qué?

Dicen sus admiradores que se le perdona todo a Mao porque logró sacar de la miseria absoluta a la inmensa masa de los pobres de China. Y sobre todo porque Mao nunca se aprovechó del formidable poder que tuvo para hacerse rico o para hacer rica a su gente.
La Biblia dice que aliviar la miseria de un pobre borra los pecados (Si 3, 30). Parece que por eso los chinos, que no conocen la Biblia pero tienen un gran sentido común, han canonizado a Mao. Las guerras de Bush, por ejemplo, si al menos hubieran servido para aliviar la miseria de los pobres, tal vez se las podríamos perdonar…

Para mí no hay guerras buenas; todas las guerras son feas y las odio a todas. Pero si nosotros, los seres humanos todavía muy infraevolucionados, no podemos vivir sin guerrear; si por desgracia tenemos que seguir siendo cazadores, depredadores e insaciables carnívoros, que al menos nuestras guerras sirvan una causa buena, digo yo, como acabar con el hambre en el mundo y ponerle un alto a la devastación de la Madre Tierra.

En un gran esfuerzo de humanización de la violencia, los caballeros de capa y espada del medioevo concibieron el ideal de pelear, e incluso matar, por la defensa de la viuda y del huérfano, y a Robin Hood le pareció bueno robar a los grandes ladrones para dar de comer a los pobres. ¿Acaso, sería tan descabellado rescatar para nuestra cultura moderna ese viejo ideal caballeresco, en lo posible sin las flechas, las espadas, las pistolas o las bombas? Y si no, ¿no sería ya una gran mejora si nos entrenáramos a encauzar nuestros instintos de matadores así como nuestros misiles hacia algo más positivo que seguir engordando a los gordos y acabando con los pedacitos sanos que le quedan todavía al planeta?

http://todoelmundovaalcielochina.blogspot.com/2010/05/san-mao.html

 

lunes, 7 de febrero de 2011

Amar la pobreza

Pep Castelló


El gran reto del siglo XXI es aprender a amar la pobreza. Tenemos información más que suficiente para saber que los peores males le vienen a la humanidad por causa de la riqueza. O mejor dicho, del amor a la riqueza. Y no obstante la seguimos amando con toda nuestra alma. Adoramos al dios dinero. Admiramos a quienes lo poseen. Los envidiamos y vivimos alentando en nuestro fuero interno la codicia. Y poseída nuestra civilización por esa maldita fiebre del oro, arrasamos bosques, envenenamos aguas, contaminamos la atmósfera y destruimos todo cuanto es principio de vida en este planeta Tierra que es la gran casa común de todos los seres humanos.

Los ricos aman la riqueza porque desde que nacieron les metieron en la cabeza que la riqueza es el mayor de los bienes que puede alcanzar un ser humano a lo largo de su vida. Y así, con esta idea, crecen, viven, se afanan, engañan, roban y matan si falta hace para enriquecerse más y más. Y si no matan ni roban, consienten que otros roben y maten para ellos, que hagan guerras de rapiña, que mantengan políticas coloniales y estructuras sociales injustas, ya sea en el propio país o en países invadidos.

Los pobres aman también la riqueza porque sufren la pobreza que les han impuesto los ricos. De ahí que ansíen con todo su corazón la riqueza que sus opresores tienen. No se dan cuenta de que no es posible enriquecerse sino a costa de los pobres; y si se dan cuenta les da lo mismo, porque la miseria sufrida les ha configurado la mente en la dualidad pobreza-riqueza, y les ha impulsado a salvarse como sea y a costa de quien sea, siquiera sea de su propio hermano.

Hay un tercer estrato social, una clase media, que ni es rica ni es pobre pero que ama la riqueza porque goza de algunos de los beneficios de la clase rica a cambio de aceptar con los ojos cerrados la ideología que ésta le impone. La mayor parte de quienes a ella pertenecen viven adorando al dios dinero, y a él dedican la mayor parte de sus esfuerzos y de su propia vida.

Nadie ama, pues, la pobreza. Los ricos porque no la conocen; los pobres porque la padecen; las clases medias porque sienten horror ante la sola idea de poder ser pobres. Luego, ¿quién ama la pobreza, o mejor, quién puede amarla?

Se nos ocurre que para amar la pobreza es preciso, en primer lugar, dejar de amar la riqueza. Porque nadie puede entregar su corazón a una y otra a la vez. Pero antes de proseguir habrá que precisar qué entendemos por riqueza nociva y qué por pobreza deseable.

Deseable es la pobreza que permite tener a todo el mundo lo indispensable para vivir dignamente y desarrollarse como ser humano. Riqueza nociva es la que con perjuicio de otros seres humanos o de la Madre Tierra nos proporciona confort y lujos prescindibles.

La humanidad viene rigiéndose desde hace siglos por el amor a esa clase de riqueza que entendemos como nociva. Todas las tradiciones de sabiduría la han condenado, pero de nada ha servido. Hoy vemos sin lugar a duda alguna que el planeta Tierra no soporta más la explotación a la que el nefasto amor a la riqueza que denunciamos lo ha sometido y sigue sometiendo.

Pero dejar de amar la riqueza es muy difícil cuando se ha configurado sobre ella toda una forma de vivir. Renunciar a ella implica renunciar a la propia vida, a los propios afanes, a todo cuanto hasta ahora ha sido nuestra motivación, nuestro principal estímulo... Nada fácil si no descubrimos antes nuevos valores, nuevos modos de vida, nuevos ocios, nuevas formas de gozar, de pasarlo bien... Si no logramos descubrir cuanto hay de bello y gozoso en lo que gratuitamente la vida nos ofrece... Porque no es renunciando como avanzaremos sino hollando sendas nuevas.

Dejar de amar la riqueza para poder amar la pobreza implica un cambio de perspectiva muy difícil de hacer sin una ayuda externa. Una ayuda que muy posiblemente nos llegará dentro de poco, pues lo más probable es que no nos falten ocasiones para descubrir que podemos prescindir de muchas cosas que ahora nos parecen irrenunciables porque los estímulos generados por la publicidad que maneja el capitalismo así nos lo han hecho creer.

Hasta ahora, quienes pertenecemos a la clase media, esa clase bienestante que de forma más o menos consciente da soporte al capitalismo, hemos renunciado a plantearnos quién pagaba el gasto de nuestro buen vivir. No faltaba quien pensase que el confort de que gozábamos era fruto del progreso, sin más, como las amapolas lo son de la primavera. Que no hacía falta saber quién ni de qué modo paga ese maravilloso progreso nuestro. Habíamos olvidado que somos parte de una gran familia humana y que la mayor parte de nuestros congéneres eran explotados por quienes manejan el mundo. Y no queríamos saber ni por asomo que esa explotación se está dando con nuestra complicidad, porque somos nosotros, clase media, quienes pedimos bienestar a los gobernantes y quienes mayormente consumimos esa gran producción que enriquece a las clases ricas y esclaviza a las pobres.

Pero ahora ya empezamos a ver que podemos ser nosotros quienes estemos pagando el progreso de otros. De momento ya sabemos que pagamos el de los banqueros, algo que hasta hoy nadie o casi nadie tomaba en cuenta. Y también el de los políticos. Y el de los altos directivos de las principales empresas...

¡Ah, señoras y señores, qué cambio! Ya vamos en camino de no ver un bien tan preciado en la riqueza, sino la causa de la pobreza de los muchísimos millones de seres humanos cada vez más próximos a nosotros.

Bendito sea ese cambio. Bendita la luz que nos trae. Bendita la conciencia que nos despierta o que nos puede despertar, porque no hay nada más nefasto en la naturaleza humana que la estupidez propia de quienes tienen adormecida la conciencia.

Pep Castelló, para “La hora del Grillo”


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