Mostrando entradas con la etiqueta Emma Martínez Ocaña. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Emma Martínez Ocaña. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de mayo de 2010

Amor corporal

Emma Martínez Ocaña

¿Puede existir un amor que no sea corporal?. Si aún estamos en el paradigma dualista puede resultarnos extraña esta pregunta pues en este paradigma el cuerpo no es precisamente el lugar del amor  o quizás lo sea sólo del amor erótico-sexual.

Sin embargo en una cosmovisión unificada, holística lo que se hace imposible es no vivirnos como el cuerpo que somos. No “tenemos” un cuerpo, somos un cuerpo y por tanto solo nos es posible amar corporalmente, es más hasta que el amor no se haga cuerpo es sólo un buen deseo pero no una realidad histórica.

Somos un cuerpo.

Esta afirmación requiere por mi parte una clarificación de lo que quiero decir cuando expreso que somos un cuerpo, no que tenemos un cuerpo. El camino de recuperación de esta visión unificada nos orienta hacia una identidad corporal afirmada, amada y gozada. Somos un cuerpo unificado, en unidad indisoluble psique-soma, soma-mente, soma-espíritu. Todo lo que acontece en nuestra vida, en cualquier nivel de nuestra persona acontece en nuestro cuerpo y éste guarda memoria de ello.

Nuestro cuerpo es:

•    una realidad biológica, tiene sus leyes específicas de funcionamiento, que tiene una potencialidad y unos límites: resistencia, longevidad, energía belleza, salud,
•    una realidad sexuada que identifica a las personas e influye en sus opciones, comportamientos, relaciones, una realidad configurada socialmente,
•    un depósito y un productor de energía, y de vitalidad que poseemos y podemos mantener y o dilapidar,
•    es la presencialización de lo que somos, el "lugar" desde donde nos configuramos condicionados genética y culturalmente,
•    es el lugar de nuestra comunicación con los otros lo otro y Dios. Nos permite ser seres en relación, desde el cuerpo que somos nos relacionamos, y nos trascendemos,
•    es una realidad espiritual, ética, estética, lugar de verificar de nuestra fe.

Nuestro cuerpo si es la presencialización de nuestra persona que es espiritual tenemos que afirmar con verdad que nuestro cuerpo es espiritual o que nuestro espíritu es corporal, o que nuestro ser corporal es espiritual. Todo lo que acontece en nuestra vida pasa necesariamente por nuestro ser corporal.

No es fácil tampoco acotar la palabra amor. ¿De qué hablamos cuando hablamos de  amor?. Quizás sea una de las realidades de la vida que más interés ha suscitado y que ha llenado más páginas escritas.

Yo voy a referirme al amor como  una realidad que unifica y evoca tres maneras clásicas de definir tres maneras de  amar: amor como “ágape”, como “eros”, como “filia”. Con esas tres palabras se han descrito sobre todo tres manifestaciones clásicas del amor: “ágape”:amor materno-paterno; “eros” el amor erótico de pareja, “filia” el amor de amistad.

En este momento no me voy a referir a tres maneras de amar distintas sino a tres “ingredientes” del amor. Voy a referirme brevemente a cada uno de estos ingredientes para después  intentar mostrar cómo puede hacerse verdad en nuestro cuerpo y ser experimentado en otros cuerpos.
   
EL AMOR “ÁGAPE” es la manifestación del amor generoso que no está condicionado por la respuesta, aunque la desee y la agradezca. Amamos con amor de ágape cuando no estamos calculando nuestra entrega, cuando pasamos por la historia dando vida, cuidándola, defendiéndola con coraje y pasión, reconociendo el derecho de todo a existir por sí mismo y no sólo para nosotros. Nuestro amor es de ágape cuando busca la justicia, cuando trabaja por crear unas  condiciones que permitan el bienestar de todas las personas especialmente las más necesitadas. Un amor que se hace solicitud, compromiso con toda la vida, cuidado de las personas y del cosmos.

Nuestro cuerpo hace verdad nuestro amor de ágape cuando convertimos nuestras entrañas en lugar para acoger, en medio de dolores de parto el lento dilatarse de éstas para dar a luz lo mejor de nosotros mismos, cuando las convertimos en entrañas fecundas que engendran vida, esperanza, valores, dignidad en nuestro entorno, entonces nuestras entrañas son fecundas más allá de la biología. Cuando nuestras entrañas, como le pasó a Jesús de Nazaret, se estremece al ver el dolor de nuestro mundo, del cosmos gimiendo dolores enormes, se hacen entrañas de una misericordia operativa que busca los modos de hacer de esos dolores, dolores de parto y no de aborto. También nuestro corazón necesita aprender este amor de ágape que se entrega sin calcular egoístamente lo que da, sabiendo al tiempo tener discernimiento para darse sin perderse a uno mismo, sin perdernos el respeto a nosotros mismos.  Cuando nuestros pies, se hacen pies samaritanos, que se paran para acoger a los apaleados y robados del camino (hoy continentes enteros) ofreciéndoles lo mejor de sí para crear “proximidad” que sana, cura, carga con…Nuestras manos se hacen amor de ágape cuando son manos parteras de vida allí por donde pasan, sanan todo lo que tocan, abrazan, acarician. En definitiva pasan por la vida echando una mano, haciendo el bien.

EL AMOR DE “FILIA” es la manifestación del amor que crea vínculos profundos, que sostiene, acompaña, busca la felicidad del ser amado. El amor de filia expresa una manera de amar desde la libertad, la confianza, la reciprocidad y la fidelidad,  por eso se le considera el amor de amistad por excelencia, pero no sólo se expresa en la relación amistosa. Es el amor que nos lleva a comprometernos en la construcción de un nosotros, que se hace compañía, compañerismo inclusivo, más allá de los vínculos afectivos por eso es el amor que sabe hacerse hospitalidad frente a toda xenofobia, exclusivismo, integrismo. Quizás hoy más que nunca necesitamos cultivar una nueva sensibilidad inclusiva, que es una de las características del amor de filia, un amor que nos hace sentirnos próximos, cercanos, hermanados con todas las personas y toda la realidad. El amor de filia es un amor lleno de coraje para salvar juntos la vida, toda vida por insignificante que parezca.

Amamos con amor de filia cuando nuestros pies caminan por la vida creando senderos de amistad profunda, fiel, gozosa;  lazos de cercanía sanadora más allá de las fronteras del afecto, cuando en vez de provocar división, exclusión, individualismo generan caminos de compañerismo, confraternidad, compresión entre pueblos, culturas, ideologías, religiones diversas. Nuestro cuerpo expresa amor de filia cuando nuestro corazón crea vínculos profundos, sin miedos ni prejuicios, sabe generar amistad,(una realidad siempre particular) sin romper la fraternidad sino por el contrario favoreciéndola, cuando se hace casa abierta y compartida para todos especialmente para los sin hogar material y psicológico, cuando nuestros oídos no se cierran a los gritos de dolor y de placer de nuestros hermanos y hermanas del camino; cuando saben escuchar empáticamente sin juicios, condenas, etiquetas. Hacemos verdad esta dimensión del amor cuando nuestros ojos no pasan de largo indiferentes ni distraídos sino que saben mirar y reconocer, devolver dignidad, dar vida en vez de dejar que salgan de ellos miradas que matan, cuando se convierten en ojos vigías que avistan los náufragos del sistema, para evitar que sean silenciados o escondidos.

El amor de “eros” tradicionalmente identificado con el amor erótico-sexual de pareja es el amor de deseo de unión, de presencia, de compenetración, es la expresión del amor apasionado. Una característica del amor de “eros” es la valoración de lo amado, se manifiesta en una mirada que reconoce lo amado como valioso y atractivo y eso provoca en los destinatarios de ese amor en una consciencia de autovalía, autoestima. Podríamos definirlo como la atracción apasionada por lo valioso y el deseo de unirse a ello, deseo de unión que produce placer. El amor de eros al proceder de una mirada de reconocimiento y valoración es un amor sanador, reconstructor de identidades perdidas, liberador de encorvamientos ancestrales, de culpabilidades eternas.

Amamos con amor de eros cuando nuestros ojos son capaces de ver la realidad con verdad, con lucidez consciente para poder ver y sobre todo contemplar la unidad profunda de la realidad, como dicen algunos místicos, descubrir el manto inconsútil que forma todo lo que existe, entonces se convertirían en ojos amorosos, y por eso capaces de descubrir lo valioso, incluso la belleza, a veces muy oculta en lo profundo del ser, de toda persona y realidad. Ese descubrimiento nos provocaría un deseo de unirnos, vincularnos,  es decir hacer verdad en nuestra vida cotidiana, la unidad que somos. Nuestros ojos se convierten también en lugar para expresar esta dimensión del amor cuando ven y levantan, libran de encorvamientos, cegueras, sorderas, parálisis porque son capaces de devolver a las otras personas su auténtica talla, valía, belleza. Nuestro corazón muestra el amor de eros cuando palpita de pasión por lo Real, disfruta con la presencia de las personas que ama y guarda en el corazón sus nombres como su mejor tesoro; cuando es capaz de trabajar apasionadamente en reunificar todo lo disperso, dividido, roto de nuestro mundo. Nuestra piel, si ama con amor de eros, renuncia para siempre al “despelleje”, al ojo por ojo, a encerrarse en sus pequeñas fronteras, porque descubre que la verdad de nuestro ser no se acaba en los propios contornos de nuestro cuerpo, sino en toda la humanidad y toda la creación como “Cuerpo de Dios” y que cuando se cierra a su hermano se cierra a su propia carne. Vivimos el amor de eros cuando hacemos de nuestra sexualidad un lugar para el encuentro, sin miedo y sin tabúes, creando encuentros corporales constructores de identidad, cuando no hacemos de las diferencias de sexo y de orientación sexual un lugar para la marginación, la discriminación, la exclusión sino un lugar para vivir gozosamente la unidad fundamental que somos, en pluralidad y singularidad. Hacemos verdad el amor de eros cuando los cuerpos, en verdad, libertad y respeto se encuentran para gozar del amor que se hace erotismo, placer compartido, com-penetración, éxtasis de sí para entrar en la persona amada.

Finalmente hacemos verdad el amor eros cuando nuestra boca aprende  convertirse en “degustadora” de la vida, aprendiendo a gustar los sabores de la verdad, de la justicia, del Reino en la vida cotidiana y ayuda a otros a degustarlos; cuando aprender a hablar y callar como lenguaje de amor, que sabe bendecir y renuncia a la maledicencia, mal-dición que sabe besar y hace del beso sacramento del amor, que sabe sonreír con sentido del humor para no tomarnos a nosotros mismos demasiado en serio y no permitir que nos amarguen la vida.

Cuando todo esto acontezca, seremos testigos corporales del amor. Quizás nos pase lo que le paso a Jesús de Nazaret que los que vivieron con él dijeron: lo que han visto  nuestros ojos,  oído nuestros oídos y tocado nuestras manos es que el Dios de los cristianos es Amor y merece la pena creer en El.

Artículo publicado en: Crítica no 966 "La gramática del amor", Marzo-Abril 2010

jueves, 13 de mayo de 2010

Un mundo en emergencia

Emma Martínez Ocaña

Nos envuelve la noche de una crisis global que no afecta igual a todo el mundo: la noche de la injusticia, de la pobreza, del hambre de millones de seres humanos que provoca migraciones masivas; la noche de la corrupción y la impunidad; la noche de la compraventa de mujeres y niños; la noche ecológica que amenaza la vida del planeta; la noche en la defensa real de los derechos humanos; la noche de las grandes utopías, de las instituciones, de las grandes religiones, de la institución eclesial, de la disminución y envejecimiento de las congregaciones religiosas; la noche del individualismo egocéntrico, de la desconexión con los otros, lo otro y con la Fuente de la Vida; la noche del sentido, la noche de la ausencia de Dios.

Para transitar en la noche de nuestro tiempo necesitamos surcar el cielo de estrellas que la iluminen:

La estrella de la consciencia, del darse cuenta que es aprender a percibir lúcidamente la realidad propia y la de lo que nos rodea tal como es, no con etiquetas de nuestra mente, ni con fantasías que nos oculten lo que no queremos ver. Tony de Mello ponía en la consciencia el elemento imprescindible del crecimiento, para él la espiritualidad era la consciencia y el pecado la inconsciencia.

Cultivemos una consciencia lúcida para alumbrar los rincones oscuros del planeta, para hacer visible la espalda del mundo, para denunciar los náufragos del sistema y llamar la atención para que no sean engullidos o escondidos. Eso reclama de nosotr@s cultivar una espiritualidad de ojos abiertos, lúcidos,  de honradez con la realidad fáctica y con lo real que aún está en esperanza, en potencia para desplegarse.

Practiquemos el discernimiento para descubrir los mecanismos de alienación, de presión, de intimidación, de control de todos los poderes fácticos (medios de comunicación, poderes económicos, sociopolíticos y religiosos), que pretenden domesticar y acallar las voces críticas.

Como nunca necesitamos despertar del sueño de nuestra inconsciencia, de nuestro egoísmo individualista para despertar a la verdad de lo que somos, a la consciencia de la Unidad Profunda que nos constituye como el fondo último de nuestro ser, ahí nos descubriremos hijos y hermanos.

La estrella de la pasión por la vida, por toda vida por insignificante que parezca, especialmente por las  vidas más amenazadas.

Este es el desafío más urgente de nuestro tiempo y no podemos hablar de "espiritualidad" al margen de este reto.

Dar vida fue la pasión de Jesús. De tal manera debió ser así que el evangelista Juan pone en su boca, como expresión del sentido de su vida, estas palabras: "Yo he venido para que todos tengan vida y vida abundante" (Jn 10,10). Dar vida, protegerla, sanarla, cuidarla, defender su dignidad, denunciar todo lo que la amenaza y luchar contra ello fue en definitiva lo que le llevó a perder su propia vida y es el talante que hoy necesitamos cultivar para poder alumbrar la noche de nuestro tiempo.

Esta pasión por la vida reclama también de nosotros un éxodo de una espiritualidad demasiado antropocéntrica a una espiritualidad biocéntrica. Cuidar toda vida, protegerla, alentarla es un reto ineludible si queremos salvar el planeta y salvarnos nosotros en él.

La estrella de la compasión: la noche es peligrosa para los sin hogar, para los que duermen al raso sin protección alguna, indefensos ante los salteadores de turno de todos los tiempos.

Hoy tirados al raso mal heridos de muerte están continentes enteros. África es uno de los escandalosos. Por eso, en este tiempo de noche, urge encender la estrella de la compasión en nuestro corazón para que se deje afectar por el dolor y movilice nuestro cuerpo con un amor operativo que hace de nuestros pies pies que inician y reclaman una movilización ciudadana hacia un nuevo orden internacional más justo. Entonces se convertirán en pies samaritanos y nuestras manos serán manos sanadoras.

La estrella de la búsqueda. En la noche no se ve claro, los caminos no se distinguen con precisión, el miedo puede paralizar nuestros pies y hay que aprender a caminar con poca luz, convirtiendo nuestros pies en buscadores con otros, peregrinos en búsqueda de sentido, arriesgando a roturar senderos de una paz que se besa con la justicia, abriendo caminos nuevos hacia otro mundo posible.

Una búsqueda hacia el encuentro con nosotros mismos, con los otros, lo otro y el misterio que llamamos Dios.

Caminar no como quien lo tiene todo claro y va dando lecciones a los otros, sino como modestos buscadores de la verdad siempre inasible, sabiendo vivir en la inseguridad, uniendo nuestros pasos  vacilantes a otros pasos, de compañeros de camino, para juntos ofrecernos nuestros modestos senderos de luz, pero capaces de iluminar el paso de cada día.

La estrella de la contemplación. Necesitamos cultivar no sólo unos ojos que vean la realidad sino que sean capaces de contemplar, en medio de la noche la presencia de la Luz: una luz que brota de lo profundo de lo Real, del fondo del ser donde el Dios, fuente de vida, amor estructurante, lo sostiene todo; una luz que nos descubre nuestro ser esencial: hijos amados y hermanados con todos y con todo.

La noche reclama personas capaces de cultivar la experiencia mística, de ver la presencia del Dios invisible en medio de las realidades sencillas y cotidianas, en lo profundo del corazón de cada ser humano, de cada realidad viviente, de cada palmo de nuestra tierra, en el misterio  insondable del universo preñado de gracia.

Es tiempo de noche por eso nos animamos a cultivar en nuestras personas y comunidades la luz de la estrella de la consciencia, de la pasión por la vida, de la compasión, de la búsqueda, de la contemplación.


Emma Martínez Ocaña

    

viernes, 30 de abril de 2010

Es tiempo de amanecer

Emma Martínez Ocaña

Aún no es de día, pero amanece un tiempo nuevo, resuenan como dichas para nosotros las palabras de Isaías “Algo nuevo está naciendo, ¿no lo veis?” (Is 43,18-19).  ¡Es tiempo de esperanza!

Amanece una nueva conciencia planetaria, una nueva espiritualidad (al margen de las grandes religiones),  una nueva manera de intuir el misterio de Dios, una concepción novedosa del ser humano, una nueva mentalidad…

Estamos ante un cambio de paradigma, una transformación de grandes dimensiones. Algunas personas la comparan con lo que supuso el Neolítico para la historia de la humanidad. Los nombres para identificar este radical cambio se suceden: tiempo axial, cambio de eje, nueva conciencia holística, trans-histórica, tras-personal, trans-religiosa.

Amanece una sociedad global, planetaria, heterogénea, descentralizada, un ecumenismo planetario; un nuevo humanismo, una nueva lógica cultural del movimiento, innovación constante, creación de ciencia y tecnología. Caminamos hacia una sociedad dinámica basada en la continua transformación, indagación, verificación.

En esta nueva cultura el nuevo humanismo que amanece no será de sumisión, control, repetición del pasado, ni bloqueo del cambio, ni exclusivismos y exclusiones, sino de incitación a la co-creación, innovación, a la diferencia dentro de la globalidad.

Este nuevo humanismo reclama el cultivo de un nuevo talante: flexible, capaz de acoger la novedad continua y, al tiempo, lúcido para discernir y vivir de convencimientos profundos.

Necesitamos cultivar una espiritualidad que nos ayude a desarrollar personalidades con apoyos dentro y, por ello, menos manipulables, sabiendo vivir integradamente el amor a sí mismo, al otro, a lo otro y, en todo ello, a Dios.

Apuntan signos de esperanza de un nuevo despertar a una mayor lucidez y consciencia de los problemas planetarios: los Foros Sociales Mundiales, de donde brota un clamor unánime de que otro mundo es posible y necesario; la proclamación por parte de la ONU de los Objetivos de Desarrollo del Milenio para ir erradicando la pobreza en el mundo.

Amanece también un hambre de espiritualidad al margen de las religiones, entendida como hambre de profundidad, interioridad, silencio, experiencia de unidad.

Si es auténtica, esa experiencia no será para aumentar el ego y el narcisismo, sino para despertar a la consciencia de unidad que somos con toda la humanidad y, por tanto, como despertar de la compasión y el coraje en la búsqueda de la justicia.

Si es auténtica –y en nosotros estaría empujarla en esa dirección– será una experiencia de liberación del egocentrismo, de liberación de toda opresión que llevará a la militancia en los distintos movimientos de liberación actuales, es decir, a la lucha contra toda exclusión social, económica, patriarcal, racial, sexual.

Esta situación de novedad requiere de nosotros una espiritualidad adecuada a este momento histórico. Jesús de Nazaret ofreció a sus contemporáneos una novedad radical que pocos fueron capaces de acoger. ¿Seremos capaces nosotros hoy de vivir esa radical novedad y trasmitirla a nuestro mundo?

Estamos todos hartos de palabras que nos suenan a vacías, repetitivas, estereotipadas…, que nos dejan frío el corazón e indiferente nuestra cabeza. Nuestro tiempo requiere no predicadores que invitan a creer sino personas que impulsan a encontrarse con el Misterio de Dios. Necesitamos mistagogos y testigos.

Mistagogos: mujeres y hombres que, porque han hecho el  camino,  pueden invitar, orientar y ayudar a otras personas a buscar por sí mismos, a introducirse en el umbral de ese misterio amoroso que llamamos Dios: el misterio en el que vivimos, respiramos, somos.

Mistagogos que saben ofrecer un camino, un proceso, un método y saben esperar que cada persona verifique por sí misma ese Encuentro que, sí es con el Dios vivo, será un encuentro también fraterno.

Necesitamos testigos es decir mujeres y hombres que a través de nuestro cuerpo hagan visible y por ello creíble al Dios de  Jesús.

•         Testigos de la pasión de Dios por lo perdido, por lo pequeño, pobre y sencillo, por el abajo de la historia.
•         Testigos del Dios-relación sin exclusivismos ni dominaciones.
•         Testigos de la entrañable misericordia de nuestro Dios.
•         Testigos del Dios de la vida, de su Ser-cuidado para  su creación
•         Testigos de su presencia discreta en el corazón de la realidad.
•         Testigos del Dios festivo, buena noticia.

Y eso ¿cómo? Dejándonos alcanzar por su Amor, por la experiencia de su Ser-en-nosotros, y permitiendo a nuestro cuerpo ser un cuerpo espiritual. Entonces:

Nuestros ojos no sólo quedarán prendados de su hermosura sino que, como los suyos, mirarán el dolor del pueblo, se convertirán en lugar de encuentro. Serán ojos que al mirar reconocen y devuelven dignidad, perdonan, animan, levantan, aman.

Nuestros oídos escucharán la brisa tenue que descubre la presencia del Misterio en la cotidianeidad de la vida; sabrán distinguir, a pesar de los ruidos, los gritos de dolor y los cantos de alegría del pueblo; sabrán escuchar respetuosos y atentos.

Nuestra boca sabrá hablar y callar como lenguaje de amor; denunciará con valentía; cantará la buena noticia; compartirá con gozo lo que da sentido a la propia vida, se cerrará a la  maledicencia. Besará para convertirse en sacramento del amor, aprenderá a gustar, en la vida cotidiana, los sabores del reino y ofrecerá a los demás esa sabiduría degustadora.

Nuestras manos serán capaces de colaborar en el nacimiento de la vida nueva que alumbra por todos los rincones del mundo. Serán manos que comparten, acarician, levantan, curan, ayudan a demoler los muros de la exclusión.

Nuestros pies se convertirán en samaritanos y peregrinos, compañeros de viaje que desandan los caminos de la violencia y abren senderos de paz.  Serán pies danzadores, festivos, que saben disfrutar de la vida sencilla, del  placer compartido.

Nuestro corazón será cada día más amoroso, grande, sin pequeñeces, sin resentimientos, casa abierta, misericordioso, compasivo, será  un  corazón de carne no de piedra.

Nuestras entrañas sabrán estremecerse  de dolor y de gozo, no permanecerán indiferentes, serán entrañas siempre fecundas, generativas de vida nueva para las generaciones futuras.

Viviremos nuestra realidad sexuada sin hacer de la diferencia exclusión, ni marginación. Seremos capaces de vivir nuestra sexualidad desplegando nuestra capacidad de amar sin miedo y sin tabúes, sin obsesiones por la genitalidad, convirtiendo nuestro cuerpo en lugar de generación de vida, espacio de fecundidad para los que viven a nuestro lado.

Nuestra piel será lugar de contactos sanadores, lugar para el encuentro, nunca para el despelleje de los otros. Nuestra piel nos ayudará a no confundir los contornos de nuestro cuerpo con la verdad profunda de nuestro ser que abarca a toda la humanidad, a toda la creación y a Dios mismo.

Cuando todo esto sea verdad en nuestros cuerpos, nos pasará lo que lo que le pasó a Jesús, que los que viven  a nuestro lado dirán: lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que han oído nuestros oídos y tocado nuestras manos es que el Dios de los cristianos es amor y merece la pena creer en El (Cf. 1Jn 1,1).


Emma Martínez Ocaña
http://www.emmamartinezocana.com/

jueves, 22 de abril de 2010

Es tiempo de redes, nexos, relación

Emma Martínez Ocaña

Si algo caracteriza a nuestro tiempo es la nueva conciencia de ser red-comunión-interconexión-unidad.

La ciencia nos va diciendo cada vez con mas claridad que la capacidad para relacionarse parece ser la esencia primordial del cosmos y lo que hizo posible el proceso evolutivo. Nos va descubriendo que lo que caracteriza la realidad son estructuras de relación y relatividad, procesos de transformación y cambios abiertos.

En este nuevo modelo un ser no entra en relación con otro sino que se encuentra de por sí en relación. Nos urge  experimentar y saber vivir la pan-relacionalidad y religación con todo.

Ya todos sabemos que todo está interconectado: la globalidad es interacción. Quizá como nunca se va tomando, lenta pero imparablemente, conciencia de que formamos parte de un todo. La realidad se va revelando como un manto inconsútil, sin fracturas.

También es verdad que mayoritariamente aún seguimos fascinados por el individualismo ciego, pero esta conciencia atomizada va caminando hacia su desaparición y de ello tenemos que alegrarnos.

Este tiempo pide de nosotros una espiritualidad de la conexión, de la búsqueda de la experiencia de la Unicidad;  de tender puentes entre culturas, razas, sexos, creencias religiosas, ideologías; de romper fronteras desde la no-violencia; de crear nexos que inter-actúan. Necesitamos salir de nuestros pequeños círculos para crear vínculos con tantos grupos y organizaciones sociales, movimientos que buscan otra globalización, la globalización de la solidaridad, de la interconexión responsable.

Una nueva espiritualidad relacional se va abriendo paso, que toma conciencia de la interdependencia y responsabilidad de todos con todo. Eso va a exigir de nosotros –los que estamos en el primer mundo– una espiritualidad del saber decrecer, renunciar, soltar, bajar… Y esto no nos resulta fácil ni a las personas ni a las instituciones.

El nuevo mundo que emerge pide también de nosotros una nueva espiritualidad de las relaciones: ha llegado la hora de renunciar a las relaciones dualistas y jerarquizadas patriarcalmente; renunciar a las relaciones de dominación-sumisión, para vivir relaciones caracterizadas por una radical igualdad e inclusividad, como reflejo del Dios Relación (Trinidad) en el que creemos o, como dice bellamente  O’Murchu, el “Dios capacidad para la relación”. Eso hará posible que las comunidades cristianas irradien a la sociedad relaciones “correctas de justicia, amor, paz y liberación”. Relaciones capaces de dar vida.

Nos urge también practicar la meditación, el silencio cultivar la experiencia mística que nos llevará a sentir y gustar la Unidad profunda que somos.

Entonces, igual que le pasó a Jesús de Nazaret, experimentaremos que el Dios Madre-Padre y cada uno de nosotros somos una misma cosa, que  somos aliento suyo, imagen y semejanza, y por ello somos también uno con toda la humanidad; que todo otro es carne de nuestra carne y hueso de nuestros huesos y que cuando nos cerramos al hermano nos cerramos a nuestra propia carne.

Entonces seremos nexos de unión que construye auténtica fraternidad, sororidad con todo lo existente.

Sintiéndonos uno con la realidad veremos nuestro planeta de una manera nueva: no como materia prima para explotar o de la que aprovecharnos, sino como realidad de la que formamos parte, como vida para cuidar, realidad viviente a respetar.

Una espiritualidad ecológica brotará espontáneamente fruto de la iluminación de nuestra conciencia. Descubriremos experiencialmente –como dice bellamente Leonardo Boff– que “el Plantea Tierra es nuestra casa común, la única que tenemos para vivir por eso es importante cuidarla, hacerla habitable para todos, conservarla en su generosidad y preservarla en su totalidad y esplendor.

De ahí nacerá un ethos mundial compartido por todos, capaz de unir a los seres humanos más allá de sus diferencia culturas, sintiéndonos de hecho como hijos e hijas de la Tierra que aman y respetan como a su propia Madre Entonces descubriremos, como Juan de la Cruz y Francisco de Asís, que todas las formas de vida son manifestación de la Vida única, subyacente en todo: contemplaremos a Dios en todo y todo en Dios.

http://www.feadulta.com/TEOLOGIA_es-tiempo-de-nexos.htm   

miércoles, 14 de octubre de 2009

Droga en nuestra casa. Bajar a “los infiernos”

Emma Martinez Ocaña

El dolor, cuando es profundo y duele mucho, es una de esas experiencias humanas que se tarda mucho en integrar (que no supone comprender ni, justificar, ni mucho menos exaltar) y ante él se experimenta una profunda incapacidad para hablar. En parte por un pudor natural que pide respeto y silencio; pero sobre todo por la constatación de la pobreza de la palabra para ser trasparencia de una verdad que se teme profanar, trivializar, domesticar intentando paliar lo que tiene de incomprensible y escandaloso, de misterio siempre inescrutable.

Por ello me he resistido durante mucho tiempo a escribir Sobre lo que ha significado, para mí ( y de alguna manera espero expresar lo vivido en mi familia) la experiencia de convivir más de 16 años con la droga en tu propia casa, en tu familia mas próxima. Hoy, al fin, arriesgo a hacerlo ante la petición hecha de decir unas palabras que ,desde nuestra propia experiencia, pudieran ayudar a otras personas.


“Círculos infernales” de nuestro mundo y paradójica presencia de salvación.

La imagen que mejor expresa, para mí esta experiencia es “Bajar a los infiernos” y ésto es algo que uno no elige, ni desea, pero la vida lo impone a millones de personas. Los “círculos infernales” de nuestro mundo son innumerables. Teóricamente los conocemos, pero... ¡que distinto es cuando la vida te introduce de lleno en alguno....! A mi y a los míos la vida nos introdujo en uno de ellos. El círculo diabólico: droga, marginación, delincuencia, cárcel, sida, y al final sólo de vislumbra antes o después la muerte.

Cuando uno se asoma le produce vértigo el abismo de dolor, sufrimiento, soledad, crueldad ...que percibe. La primera palabra que brota es de protesta y de denuncia de la hipocresía de una sociedad que ve perderse a una generación entera de jóvenes y sólo acierta a defenderse de una situación, que ella misma genera y de la que se aprovecha, encarcelando a las víctimas de este sistema “de mercado “ donde se sigue comprando y vendiendo la vida por algo mas que “veinte monedas” y donde no se encuentra delito alguno en los “Oubiñas” de turno enriquecidos a costa de miles de muertos.

Todo lo que después acierte a decir sobre este misterio de iniquidad no quiero que acalle lo que de escandaloso y de sin sentido tiene el mal, el dolor de nuestro mundo sobre todo cuando este es infringido por unos seres humanos contra otros.. Escándalo que nos denuncia a todos y todas y escándalo que alcanza al mismo Dios si no queremos dejarlo al margen de toda la realidad y ésta del dolor humano alcanza una inusitada densidad.

Bajar a los infiernos, mejor aún, sentir que los infiernos han entrado en tu propia casa, en tu misma carne y sangre, es padecer algo de esa misma muerte...

Consentir en permanecer ahí y no huir, consentir con “cargar” con esa realidad es gracia y coraje del amor.

Permanecer y ver no solo el destrozo y el deterioro humano que esas situaciones generan sino también asombrarse de la gran solidaridad que entre ellos reina muchas veces, es recibir el don de saber mirar en profundidad . Sí, ahí en ese infierno donde se cometen muchos errores, lo más profundo del corazón humano, no está perdido definitivamente y puede ser rescatado y humanizado siempre.

Poder ver y al tiempo contemplar que ahí hay unos seres humanos siempre dignos, hechos a “imagen de Dios” no es fácil. Saber mirar, saber acceder a ese lugar sagrado para reconocer su dignidad y devolvérsela; creer en ellos para que esas mujeres, y hombres puedan creer en sí mismos...es don de fe que hay que pedir humildemente.

En ese abismo de dolor y muerte .Los sentimientos se agolpan y contraponen y es muy difícil evitar preguntas que no tienen respuesta:¿por qué? ¿por qué una vez más el triunfo de la injusticia y del mal? ¿Por qué tantas muertes inocentes? Sí, inocentes...chavales enganchados a los 12-14 años en las redes asesinas del narcotráfico, chavales que después señalaremos con el dedo como delincuentes, camellos, colgados....

La rabia y la rebeldía asoman una y mil veces y es bueno no acallarlas demasiado pronto...al menos no hacerlo hasta reconvertir esa energía en lucha contra las causas de ese mal y en misericordia compasiva para sus víctimas.


El largo proceso desde el conocimiento, hasta la aceptación dolorida y esperanzada

Al comienzo, cuando descubrimos que mi hermano y la que sería después su mujer, estaban enganchados en esa rueda infernal, toda la familia luchamos unidos con la esperanza de una pronta salida de esa situación. Después fuimos descubriendo que hay que permanecer esperando contra toda esperanza razonable, para ir aprendiendo poco a poco ( a nosotros nos costó mas de 16 años) a seguir ahí amando y luchando cuando se intuye que quizás nunca se logre la recuperación deseada y al fin cuando en el horizonte parece alumbrar la esperanza de la liberación, cuando parece que ya se abandona el circulo infernal...enmudecer al comprobar que lo que amanece (el sida) es más dolor y el final del camino solo parece mostrar “una muerte anunciada”.

Enmudecer porque no hay palabras para expresar el mazazo que una noticia así te produce. Se experimenta entonces esa extraña sensación de quedarse sin suelo (de-solado) y sin techo y el sentimiento global es de frustración y de fracaso . No nos merecíamos este final. .tanto luchar¿ para qué?, ¿tanto amor para qué?. Dios ¿dónde estás y qué palabra tienes que decir ante ésto...?.El “Dios mío por que nos has abandonado” resuena con mucha fuerza en el corazón y se hace plegaria y protesta..

En estos momentos asoma aún otro gran enemigo el miedo paralizador: “lo peor está aún por venir “, amenaza, realistamente, una voz dentro de tí . Es fácil decir que hay que vivir el presente pero ¿qué presente?..Dios mío después de tanto luchar y sufrir ¿tendremos fuerzas para lo que queda de camino?.

En ese trance solo se sabe callar ante el misterio y permanecer ,en la noche, sin fuerzas para seguir caminando, a la espera de una Palabra que pueda dar algún sentido, alguna fuerza para permanecer en la lucha por la vida...mientras dure .

El silencio de Dios se rompe:

”Y el ángel del Señor le volvió a tocar y le dijo: levántate y come que el camino es superior a tus fuerzas. Elías se levantó, comió, bebió, y con la fuerza de aquel alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios” (.1Re.19,7-8 ) ¡

¡Eso es exactamente lo que pasa¡ No hay fuerzas para seguir caminando. Que alivio provoca sentir que alguien se hace cargo de tu situación y no intenta ofrecerte un consuelo barato, no te aleja de la verdad de la realidad por muy dura que sea, ni camufla tus verdaderos sentimientos. Es la hora de reconocer y agradecer los “ángeles” que a lo largo del camino te permiten, nos han permitido, levantarnos, alimentarnos con el pan de la solidaridad, de la cercanía, de la gratuidad, de la lucha y poder seguir caminando. A todas y todos ¡ GRACIAS.!


Un circulo infernal ¿lugar de revelación?

Una experiencia honda de dolor, y la nuestra no es ni la única ni de las peores, puede suponer también un lugar de revelación. Revelación de la realidad, de la propia verdad, y de la verdad de Dios si se cree en Él

Revelación de la realidad en la que vivimos, un mundo terriblemente injusto y mentiroso, que enmascara su rostro asesino debajo de palabras hermosas, un mundo donde los débiles, los pobres, los sin “valor mercantil” se les aparca mientras mueren y a ser posible donde no se vean... para no ensuciar el rostro de las ciudades.. Una realidad que nos adormece con el consumo de “pan y circo” mientras millones de seres humanos mueren de hambre, inanición, abandono, droga, sida, guerras...

Una realidad también solidaria y hermosa donde el amor hasta dar la vida por los hermanos y la gratuidad existen y tienen nombres y rostros muy concretos. Esta realidad nos redime a todas y todos de la vergüenza de llamarnos humanos.

Revelación de la propia verdad. Para mí fue muy saludable preguntarme ¿quién soy yo cuando sufro?. Ante una situación de dolor ¿qué tiendo espontáneamente a hacer?, ¿que mecanismos y trampas me descubro ante ese molesto y desconcertante compañero de viaje?.

Es bueno descubrirse una a sí misma intentando escurrir el bulto, rechazar la realidad, negarla, evitar el dolor o instalarse en él masoquistamente, o quizá victimizarse...da tiempo a todo en un trayecto tan largo como el que nos acompaña este incómodo “compañero” en la vida.

También lenta y trabajosamente vas aprendiendo a mirarlo de frente, a dialogar con él a intentar ser honrada con su realidad y fiel a su desafío.

Descubres también tus propios mecanismos de defensa para que el dolor, convertido en sufrimiento quemante, no te destruya. Unas veces un sano sentido del humor te ofrece la sabiduría de seguir viviendo y disfrutando de lo que, a pesar de todo, la vida te sigue ofreciendo. Otras veces una realista racionalización te ayuda a resituar tu pequeño dolor, pero que para tí es grande, en el gran dolor del mundo, Eso no disminuye el propio, pero ayuda a no desmesurarlo, a no absolutizar lo tuyo en detrimento de tu capacidad de abrirte y compartir lo que te quede de fuerzas en otras realidades objetivamente mucho mas duras que la propia.

Puedes también aprender a pedir ayuda, a sentirte débil, cansada y dolorida, sin fuerzas y abatida. Cada vez más vulnerable y más humana. Puedes aprender a vivir mejor la com-pasión más allá de los lazos afectivos.

Pero es sobre todo lugar privilegiado para decantar la hondura del amor. Descubres entonces lo difícil que es amar impotentemente. Te resistes durante mucho tiempo a frustrar tus fantasías de omnipotencia, te niegas a creerlo y te rebelas pero... también poco a poco puedes aprender a permanecer, a estar junto a y asumir que no puedes quitar, ni evitar la cuota de dolor de aquellos que amas. Puedes aprender a estar ante el otro sufriente compartiendo su dolor, pero no lo puedes sustituir. Puedes estar amándole y luchando contra las causas de su dolor. Puedes respetar la cuota de dolor y soledad que es suya y no te corresponde a tí invadir y puedes también no aumentarla con tu ausencia pero ...casi ¡nada mas!. Al final tienes que aceptar que ese estar inerme e impotente pero permanecer ahí...es todo el poder del amor. El amor puede ser más fuerte que la muerte pero no puede evitarla.

La gratuidad del amor tiene ahí una prueba de fuego no solo no esperar la recompensa o respuesta del ser amado sino también aceptar su inutilidad. Y en esos momentos no vale de mucho decirse que el amor entregado no se pierde nunca, aunque sepas que eso es verdad pues la primera beneficiada eres tu misma; eso lo quiere también creer tu fe, pero en esos momentos necesitas tener resultados tangibles....¿Para qué sirve un amor así de fuerte pero impotente?... Hallar respuesta a esta pregunta no es nada fácil. Ante la muerte inminente prematura e injusta (ya no solo de quien quieres porque es tu propio hermano, sino de tantos seres humanos que ves caer a tu alrededor y que han visto también tus ojos en nuestros cuartos y terceros mundos) no se ve por ningún lado el poder del amor sino su impotencia mas total. Lo que parece obvio es que triunfa el poder del mal.

Es entonces, sobre todo, cuando puede acontecer la gracia de barruntar algo de la verdad del Dios revelado en Jesús.

A lo largo de estos últimos 18 años empeñados en ayudar a mi hermano y a su mujer a salir del círculo infernal de la droga he tenido ocasión de re-vivir no una sino infinidad de veces la experiencia del Padre-Madre bueno/a de la parábola del hijo pródigo. Compartir la alegría y la fiesta, muchas veces repetida, de que “teníamos unos hijos perdidos y los hemos recuperado”, aún intuyendo que volverían a coger la herencia ,que ya no había, para volver a perderse por otro tiempo. En nuestro caso la alegría era compartida también por las hermanas, probablemente porque no teníamos conciencia de ser hijas “buenas” y “cumplidoras”, sino agraciadas de estar en la casa materno-paterna y sobre todo por la conciencia de que si no habíamos caído nosotras en ese infierno es porque habíamos tenido más suerte, mejores amistades.. ¡cualquiera sabe! Ciertamente no por méritos propios. Al menos este es mi gran convencimiento personal .Cuántas me he preguntado porque él si y yo no y ... no tengo respuesta.

Esa escena cotidiana a mi vida, expresión de un amor que “ disculpa siempre, perdona siempre, aguanta sin límites, espera sin límites”.. que no necesita ni siquiera que el hijo reconozca su culpa porque ya estaba perdonada e incluso olvidada.. Un amor que “se olvida de ofensas y agravios “ y por el contrario recuerda enternecido cualquier pequeño gesto de bondad del hijo más amado por ser el mas necesitado. Un amor que no puede dejar de amar (Cuántas veces ante datos de la realidad incuestionables que hablan de los errores cometidos por el hijo he oído decir a mi madre “todo eso es verdad pero ¿que quieres que te diga?, es mi hijo, yo soy su madre y a pesar de todo no puedo dejar de quererlo”) incluso aún cuando parezca que es esa misma incondicionalidad del amor la que dificulta el cambio del hijo ,aunque “pedagógicamente” no parezca asa actitud lo más oportuno...Todos los argumentos parecen estrellarse contra la terca y desmesurada manera de amar de unos padres.

Todo esto, aquí torpemente balbucido, ha sido para mi el mejor camino para abrirme a la fe en el Dios Amor incondicional del que habló Jesús. Porque si unos padres saben amar así ¿puede Dios amar menos...y ...peor?.

El dolor de los padres, de los míos y de tantos como en estos años hemos conocido padeciendo el mismo via-crucis, por el sufrimiento de sus hijos me habla de un Dios que ni quiere, “ni permite”, ni mucho menos necesita el sufrimiento de los hijos para no sé que extraña reparación.

El rostro de Dios en el que creo, y que de un modo escandaloso pero real se me ha revelado en esta experiencia, es el que me han mostrado mis padres y tantos otros que luchan contra él dolor y sus causas con todas sus fuerzas ; que muestran su inmenso amor padeciendo el dolor de los hijos en su propia carne, y al fin aceptan impotentes y silenciosos un amor que no podrá librar al hijo de la muerte pero si del abandono definitivo .Quizá por ello ahora mi fe alcanza a barruntar que Dios estaba presente en la cruz del Hijo amando impotentemente Nada hay más inerme que el amor. Tampoco El “pudo” librar de la muerte al Hijo amado; pero no lo abandonó definitivamente al poder de ésta sino que lo resucitó de entre los muertos. Y con ello no sólo nos capacita para esperar la vida definitiva sino que nos muestra que ya hay una manera de vivir que es germen de resurrección Esta es la esperanza que nos alienta.


Lo que salva es el amor.

Pero también ha sido esta experiencia la que me ha revelado de un modo paradójico una verdad que se muestra incuestionable en la cruz de Jesús: lo que salva es el amor. El amor salva de la destrucción a que puede llevar el dolor. El amor hace posible que el dolor no nos queme. El amor libra, en muchos casos de la desesperación. Lo que da vida, sostiene, cura, hace crecer, capacita para poder perderla y entregarla es el amor.

La gran intuición de la profecía del canto del Siervo de Isaias es que la salvación acontece en la historia no desde los que tienen el poder sino desde lo que aman tanto que son capaces de padecer a causa del amor. En este mundo nuestro injusto y mal estructurado el amor salvador se hace “pasión”.

Cuando sufres, que alguien elija “padecer con-tigo” produce una profunda experiencia salvadora aunque en nada pueda modificar lo real de tu dolor. El amor da sentido a una vida - “al menos sabe que lo hemos amado siempre” - son palabras que no son sólo un consuelo fácil sino el sentido último de una vida: saber permanecer y sufrir con el otro, por el otro y a favor del otro es lo más importante que la vida puede enseñarte y al tiempo albergar la esperanza de que sí exista un Amor mas fuerte que la muerte.

Desde aquí también se descubre cómo es posible que un dolor pueda llegar a ser dolor de parto y no de aborto o de muerte. Lo fecundo no es el dolor en si. Si el dolor de parto es fecundo, es porque alumbra vida. Pero la vida que ahí amanece, si es vida deseada, no la ha generado el dolor del cuello del útero al dilatarse sino que la ha fecundado el amor hecho com-penetración y es ese mismo amor el que da fuerza para soportar ese duro, lento y doloroso ensanchamiento que posibilitará la vida libre, independiente del hijo amado. Es entonces cuando se puede comprobar que el amor es fecundo.

Jon Sobrino expresa magistralmente el Dios que se me ha revelado a través de esta experiencia “ Si desde el principio del evangelio, Dios aparece en Jesús como un Dios con nosotros, si a lo largo de él se va mostrando como un Dios para nosotros, en la cruz aparece como un Dios a merced de nosotros y, sobre todo, como un Dios como nosotros”..”.Si la cruz puede ofrecer acceso a Dios esto ha de acaecer sub especie contrarii,y ello significa aprender a ver poder en la impotencia, palabra en el silencio, vida en la muerte” (SOBRINO, 1991 J. Jesucristo Liberador, San Salvador, UCA. 410,417)

Nada de lo expresado hasta aquí pretende ser ni explicación del porqué del dolor, ni mucho menos justificación de tanto sufrimiento injustamente producido. Nada de la expresado intenta acallar el escándalo y el misterio que quiero saber abandonar en el Dios revelado en la vida--muerte-resurrección de Jesús. Sólo desde ahí puedo seguir creyendo que la esperanza siga siendo posible.

Nos queda un largo y quizá aún más doloroso camino que recorrer (personal y socialmente hablando) pedimos que no nos falten “ángeles” en el camino que nos permitan comer, alimentarnos y seguir adelante.

Termino narrando una de las últimas experiencias, muy reciente. En una conversación que he tenido con mi hermano, arriesgué a preguntarle cómo se sentía ante un final que se prevé cercano, cómo veía ahora su vida, si creía en que había o no otra vida, si creía en Dios...Su respuesta fue la siguiente: “Ahora a mis 37 años descubro que he perdido la vida porque no he aprendido a amar sólo he sabido utilizar y ahora eso no se improvisa... No se si hay otra vida. Si no la hay, al fin se ha terminado para mí y para todos vosotros este infierno. Si la hay y en ella me aguarda Dios, después de la experiencia familiar vivida no puedo tener miedo a encontrarme con Él.

Después de escrita esta comunicación se ha muerto mi padre. En los últimos momentos ha escuchado de boca de su hijo unas palabras muy importantes:”perdón”, “gracias”, “a pesar de todo siempre te he querido y sobre todo siempre me he sentido querido por ti”. “Vete en paz, ya me dejas fuera de esta mierda, vete preparándome allá un buen lugar”.

Era el miércoles de Pascua y te fuiste al encuentro definitivo con la Paz. Ya habrás descubierto, como te decíamos en tu final, que el amor que nos has dado no era más que un pálido reflejo del Amor con que te ibas a encontrar. Ahora gozarás ya de la inenarrable experiencia de saborearte hijo amado y al mismo tiempo Padre-Madre. Desde esa nueva dimensión seguirás acompañándonos y alimentándonos para seguir haciendo del resto de nuestro camino Pascua. (LhdG)

Este artículo nos ha sido entregado por su autora para su inserción en el blog “La hora del Grillo”

Comentarios y FORO...

ARCHIVO

ETIQUETAS

Acción solidaria (16) Adolfo Pedroza (6) Adolfo Pérez Esquivel (6) América Latina (132) Amor (4) Análisis de la comunicación (39) Anarquismo (2) Aníbal Sicardi (3) Anticlericalismo (1) Antiglobalización (3) Antiimperialismo (19) Antisistema (5) Apostasía (3) Argentina (3) Ateísmo (1) Atilio Borón (1) Attac España (3) Beatriz Paganini (1) Boaventura de Sousa Santos (1) BOLETÍN (16) Braulio Hernández M. (2) Burguesía (2) Cambio climático (5) Cambiode paradigma (37) Capitalismo (79) Carlos A Valle (1) Carlos Valle (2) Catalunya (1) Ciencia (4) Ciencia y tecnología (1) Clases sociales (31) Clerecía (8) Colaboraciones (233) Colonialismo (7) Compromiso (3) Comunismo (3) Consumismo (2) Control y manipulación de las masas (17) Corrupción política (9) Crimen (10) Crímen político (7) Crisis (1) Cristianismo (89) Cuento (12) Cultura (8) David Choquehuanca Céspedes (1) Demagogia (7) Democracia (19) Derechos de los pueblos (23) Derechos Humanos (120) Desigualdad de género (2) Diálogo (2) Dignidad (2) Dios (1) Divagación (1) Domingo Riorda (7) Economía (11) Ecosociología (65) Ecumenismo (1) Eduardo Galeano (3) Eduardo Pérsico (23) Educación (22) Eloy Roy (4) Emigración (7) Emma Martínez Ocaña (5) Enrique Carfagnini (1) Entrevista (1) Equidad (109) Esclavitud (5) España (9) Espiritualidad (41) Estructuras sociales (62) Ética y Sociedad (253) Evolución social (2) Exclusión (1) Fascismo (8) Federico J. Pagura (1) Ficción (1) Filosofía (4) Foro Social Mundial (1) François Dubet (1) Gabriel Brener (1) Genocidio (2) Geopolítica (54) Globalización (2) Golpismo (4) Gonzalo Haya Prats (9) Guerra (11) Haití (7) Hambre (24) Heterodoxias (3) ICR (120) Idígenas (1) Iglesia (17) II-SP (1) Iktami Devaux (1) Imperialismo (42) Impunidad (7) Independencia (3) Intolerancia (2) Irina Santesteban (1) Iris M. Landrón (2) J.J.Tamburini (1) Jaime Richart (12) James Petras (1) José Comblin (3) José M. Castillo (39) Jóvenes (1) Juan Masiá (1) Justicia (5) kaosenlared.net (1) Laicidad (1) Leonardo Boff (43) LHDG (3) Libertad (4) Libertad de expresión (4) Libia (1) Lorena Aguilar Aguilar (2) Lucha de clases (15) Luis (1) Luis Alemán (2) Manipulación de las masas (6) Marcela Orellana (9) Marcelo Colussi (1) Marià Corbí (4) Mass media (13) Maya Lambert (3) Memoria histórica (12) Migración (1) Mística (2) Mujer (4) Narcos (1) Narcotráfico (1) Navidad (13) Ncionalcatolicismo (4) Neoliberalismo (14) Noam Chomsky (2) Ocio-negocio (1) Opinión (1) Ortodoxias (1) Oscar Taffetani (6) P. Luis Barrios (3) Pablo Richard (1) Paz Rosales (6) Pelota de Trapo (13) Pepcastelló (115) Pere Casaldàliga (3) Pobreza (45) Poesía (19) Poesía de la conciencia (2) Política (5) Psicología (1) Psicología Social (1) Pueblo (35) Pueblos en lucha (15) Pueblos oprimidos (13) Pueblos Originarios (9) Rafael Fernando Navarro (87) Rebelión (1) Recomendamos (3) Religión (23) Religión y Ciencia (12) Religión y Cultura (4) Religión y política (66) Religión y sexo (2) Religión y sociedad (39) Represión (9) República (7) Revolución (12) Sabiduría popular internáutica (2) Salud (1) Santiago Alba Rico (1) Sergio Ferrari (4) Sexo (2) Socialismo (3) Socialismo s. XXI (3) Solidaridad (9) Susana Merino (10) Taizé (3) Teología de la Liberación (13) Terrorismo de Estado (1) Thelma Martínez (2) Tortura (1) UE (1) Utopía (12) Valores humanos (6) Veca Muelle (1) Vicenç Navarro (3) VIDALOGÍA (2) Violencia (28) Violencia de género (6) Violencia política (46) Violencia religiosa (3) Violencia social (13) Walter Dennis Muñoz (21)