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domingo, 8 de mayo de 2011

De las elecciones, los terroristas y otros cuentos...

Manuela Trasobares Haro


En los últimos años he tenido una participación activa en la política ejerciendo como concejala de mi municipio y siendo candidata en las últimas elecciones generales. He aprovechado también para estudiar en profundidad las páginas de la historia del siglo XX que la oficialidad ha tratado de ocultar. Todo ello me ha revelado lo absurdo que es tratar de cambiar un estado cuyas raíces económicas y políticas están podridas.

A pesar de que he tenido varias propuestas para presentarme a las próximas elecciones, mi desengaño del sistema vigente es tal que me parecería una traición a las convicciones que he ido adquiriendo con la experiencia y el estudio. Me he dado cuenta de que el estado se convierte en una máquina de opresión para el ciudadano, independientemente de la tendencia política que lo dirija. El ejercicio del poder y la imperiosa necesidad de preservar el sistema y el status adquirido generan una corrupción que se extiende como la peste desde las cúpulas de gobierno hasta todos los rincones de la sociedad. Esta enfermedad mortífera es percibida como un mal menor. Tal es la alienación que ejerce el aparato estatal sobre las conciencias individuales y colectivas.

Soy consciente de que quienes queremos cambiar la organización política del mundo y hemos dejado de creer en el estado como instrumento nos hallamos ante un gran dilema. El mismo ante el que se encontraron los revolucionarios barceloneses el 19 de Julio de 1936 cuando, tras haber repelido al fascismo, decidieron por noble convicción no ocupar las instituciones de la Generalitat Catalana y mantener en ellas a la burguesía representada por Companys, quien finalmente les traicionó. Con el corazón y los ideales por bandera, no querían los anarquistas catalanes instaurar una dictadura del proletariado. A tenor del desenlace fatal que tuvo esta decisión pienso que estos héroes se equivocaron. Llegado el momento cumbre de una revolución, es preciso ocupar sin dilación las instituciones para posteriormente disolverlas y organizar comunalmente la sociedad.

Aunque no ha sido el factor más importante, también he influido en mi decisión de abandonar la política institucional la presión que se ha ejercido sobre mi carrera artística y educativa, quedándome cerradas las puertas de los centros docentes, organismos culturales públicos y subvencionados. A pesar del daño que personal y profesionalmente se me ha hecho, este sufrimiento en carne propia me ha alumbrado definitivamente sobre la complejidad del entramado de corrupción que ejerce como bastión de todo el sistema político. Más allá de las diferencias ideológicas que se aparentan, se escenifican y se prodigan en discursos, que no en acciones, la consigna básica de toda tendencia política institucionalizada es el mantenimiento del sistema, la alternancia y el reparto temporal de poderes e influencias con fines lucrativos.

Desgraciadamente la impronta en la mente del hombre y la mujer de los pueblos ibéricos es difícilmente reparable. Durante 70 años la maquinaria estatal ha estado trabajando sin descanso para atolondrar al ciudadano, para arrebatarle toda capacidad crítica o librepensadora, para hacerle ver como terroristas a quienes se desmarcan del pensamiento oficial. Son varias generaciones educadas en la ingnorancia, en la sumisión a lo establecido como única vía. Tal ha sido la fuerza centrífuga de este lavado de cerebro colectivo, que ante el asalto actual a los derechos del trabajador, su capacidad de reacción es nula.

En realidad el hombre occidental es tratado como un niño al que se puede contar un cuento con la moraleja que conviene. El estado dispone de unos canales de comunicación tan potentes que son capaces de hipnotizar al espectador e inculcarle una fe ciega en el mensaje previamente diseñado según los planes convenidos por los distintos círculos de poder encabezados por el económico. La CIA y el Pentágono son maestros en manipular el pensamiento colectivo, y han reclutado aplicados discípulos entre todos los estados de su órbita de influencia. Las cúpulas de EEUU llevan más de un siglo estudiando y practicando técnicas para dirigir la opinión pública, han tenido ocasión y necesidad de ponerlas en práctica en multitud de ocasiones y de enseñarlas en otros países. No les supone un esfuerzo extraordinario escenificar el ocaso de Bin Laden. Lo han hecho con la misma facilidad con que crearon su mito como excusa para seguir explotanto su gran negocio: la guerra y la invasión despiadada de otros pueblos para saquear sus recursos e imponer criterios convenientes.

EEUU es el paradigma del estado corrupto. A su imagen y semejanza nació la Unión Europea. El afán globalizador de estos dos monstruos junto con China ha supuesto el desmantelamiento de la industria tradicional ibérica, de la ganadería y de la agricultura. Hemos tenido que constreñirnos a una moneda cuya fortaleza es excesiva para nuestra capacidad y ello nos ha hecho perder poder adquisitivo y productivo. Es decir, que la UE ha dado al traste con todo el sistéma económico, ya de por sí no muy pujante, que representaba la peseta. Esta era la gran oportunidad que nos vendieron en su momento. Ahora la única oportunidad que le queda al trabajador e incluso al empresario es la de emigrar con la pérdida de capital humano y la tragedia que ello supone.

Pero la poderosa maquinaria de comunicación estatal es capaz de cambiar el pensamiento y la visión de las gentes con operaciones bastante simples. Si en un momento dado interesa el crecimiento del crédito, se convence fácilmente al ciudadano para que así lo promueva, se fabrica una crisis posteriormente y se le arrebata su patrimonio regañándole por haberse endeudado en exceso. Si en otro momento conviene fomentar el ahorro para que los capitalistas puedan recuperar el nominal de sus bonos, no habrá problemas para difundir un mensaje de asuteridad general.

Personalmente abogo por la liberdad individual que se subleve contra toda esta manipulación organizada. El discurso político se me antoja limitado para trasladar un mensaje tan universal. A pesar de las mil y una vicisitudes que me planteó la vida en sociedad, la naturaleza me otorgó la disciplina y las cualidades necesarias para la creatividad y la expresión artística.

Y quizá sea el arte el arma más adecuada para bombardear al ejército de mentiras con que nos invade el sistema. 

Manuela Trasobares, mezzosoprano, pintora y escultora.
http://manuelatrasobares.blogia.com


http://www.kaosenlared.net/noticia/elecciones-terroristas-otros-cuentos



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jueves, 5 de mayo de 2011

Opresores y oprimidos

Pep Castelló


Llegó el Uno de Mayo, fecha histórica para la clase obrera, pero ignorada por la mayor parte de quienes viven de un sueldo. Una ignorancia que da el triunfo a quienes oprimen, pues el opresor triunfa solamente cuando el oprimido acepta la opresión sin resistirse.

Muchos son los recursos de que han dispuesto a lo largo de los siglos las clases opresoras. Desde la más primitiva fuerza bruta, hasta los más sofisticados instrumentos elaborados por la moderna tecnología. Desde la bola de hierro sujeta con grillete y cadena al tobillo del esclavo hasta esos sofisticados teléfonos móviles llamados BlackBerry (cereza negra) en recuerdo de cómo denominaban los esclavistas a aquel denigrante aparejo, según reza una nota que circula por internet.

Aparte de la ordenación jurídica de la sociedad bajo principios de flagrante desigualdad, el mayor gran logro de las clases opresoras consistió en poner al alcance de las clases oprimidas bienes de consumo similares a los suyos, para de ese modo hacerles creer que se habían zafado de la esclavitud por el solo hecho de haber alcanzado una cota de bienestar satisfactoria. Así, la persona asalariada olvida que trabaja para beneficio de los amos y piensa que lo hace para el suyo propio. Craso error que descubre tan sólo cuando se queda sin trabajo; cuando nadie le contrata; cuando vive en propia carne que todos los recursos necesarios para vivir están en manos de los amos.

No hacen falta muchas luces para ver que seguir hoy con la idea de clase que se tenía a final del siglo XIX y comienzo del XX es un error. En tanto que en aquel entonces la opresión era clara, porque el obrero sufría en propia carne las condiciones salvajes a que lo sometían las clases opresoras, hoy la opresión es difusa y abarca incluso a quienes forman las capas de población laboral privilegiada, esa que para nada se considera obrera y que mayoritariamente ha estado siempre de parte de los amos. Hoy debe ser considerada clase oprimida a todas las capas de población que de un modo u otro estén sometidas a los intereses de las clases dominantes. En consecuencia, debe ser tenido por enemigo del pueblo a todo aquel que se ponga del lado de las capas sociales allegadas al poder, ocupe el lugar que ocupe en el estrato social o en la cadena de producción.

Detectar y tener presente el lugar que ocupamos en esas relaciones de poder es una ardua tarea que la ideología dominante pone buen empeño en dificultar. Conscientes de que es lo único que puede darnos conciencia de pueblo, quienes gobiernan movilizan cuantos recursos tienen a su alcance para impedirlo, desde ordenamientos jurídicos y acciones de fuerza bruta hasta los más sutiles procedimientos de seducción y engaño. De aquí que la lucha no deba limitarse a defender mejoras salariales o de condiciones de trabajo sino que debe tener por objetivo principal liberar las mentes, desligar el pensamiento colectivo del que de forma sibilina ha ido configurando el capitalismo.

Sin ánimo de desmerecer el hondo significado litúrgico del Primero de Mayo, es necesario tener presente que hoy no es tan solo la clase obrera la población oprimida, sino que lo es el pueblo entero. Sabemos bien que el sistema económico al cual sirven quienes nos gobiernan está poniendo en riesgo la vida en todo el planeta, luego ya no es cuestión de relaciones laborales, sino de relaciones de poder a la hora de tomar decisiones de gobierno. Esa es la batalla del presente y por ella hay que movilizar al mundo entero, sea de la condición social que sea, tenga el estatus económico que tenga.

Porque es necio seguir adorando esa idea de riqueza que por momentos nos destruye, resulta esperanzadora esa movilización de iglesias de base de ámbito ecuménico que recientemente se anuncia a nivel mundial. Las religiones han tenido a lo largo de los tiempos una gran capacidad de movilización que en buena parte mantienen. Las Iglesias cristianas tienen aún hoy una gran organización y un ideario ético-espiritual que, si bien se mira y no se tergiversa, es acorde con los intereses de la humanidad entera. Hora es ya de que quienes se sientan seguidores del mensaje evangélico se muevan desde las bases con suficiente conciencia y firmeza.

Nada cabe esperar hoy de las organizaciones allegadas a los poderes terrenales, ya sean gobiernos, sindicatos o instituciones eclesiásticas. Hoy como ayer la batalla hay que darla desde abajo. Nadie que esté a favor de los de arriba puede decir que está con el pueblo. Y al contrario, quienquiera que sea que se enfrente a los de más arriba, sea cual sea su ideario, debe ser tenido por aliado.

http://www.kaosenlared.net/noticia/opresores-y-oprimidos


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domingo, 10 de abril de 2011

Los otros

Claudia Rafael   


El día en que Ruth Paradies montó sobre el tren en la estación ferroviaria de Berlín supo que su partida ya no tendría vuelta atrás. Tal vez por eso no giró la cabeza para mirar a los ojos de su madre. Tal vez por eso se aferró a otros adolescentes judíos que, como ella, buscaban huir de aquella Alemania nazi hacia un lugar en el mundo que se abriera a su paso como tierra nueva. Y sin imaginar que cuarenta años más tarde, los dictadores argentinos torturarían con más saña a su hijo menor -al que aún no soñaba concebir- por su calidad de judío.

Las migraciones en el mundo han acompañado la historia misma de la humanidad como un sello indeleble. Colectivos humanos que dejan atrás esa patria que los aplasta, los persigue, los hambrea y les alza tantas veces ante los ojos una desbordante opulencia. Con la ñata contra el vidrio, los bienestares de los detentadores de derechos pasan ante los propios ojos con la ostentación de los poderosos.

Fronteras adentro y fronteras afuera de la propia tierra los desarrapados se elevan con celeridad a la categoría definitiva de “los otros”.

Un informe estadístico de la Secretaría de Derechos Humanos bonaerense concluyó que los pobres y los inmigrantes son víctimas de la discriminación en mucha mayor medida que los homosexuales o los enfermos de sida. Encabezan la lista los pobres, con el 67,5 por ciento seguidos por los inmigrantes de naciones limítrofes, con el 48,9 por ciento. Aunque a la hora de medir incidentes concretos el 28,8 por ciento fueron las discriminaciones por el color de la piel; el 27,5 por ciento, por xenofobia y el 21,2 por ciento por nivel socioeconómico. Mucho más abajo en la pirámide aparecen las conductas segregatorias hacia discapacitados, homosexuales y portadores de Hiv.

Cuando Ricardo Bucio Mugica, presidente de la Comisión para Prevenir la Discriminación de México, decía que “la discriminación es una práctica social excluyente que ha sido construída histórica y socialmente” ponía el eje de su mirada en esa categorización entre “nosotros y los otros”. Categorización en la que cabe de lleno la definición de la antropóloga Dolores Juliano cuando plantea que “a todos 1os grupos subalternos se les ofrece la misma falsa disyuntiva: integrarse en la cultura dominante, transformándose en malas copias o mantener su especificidad al precio de
la desvalorización. Esto es inevitable si no se cuestiona la premisa mayor implícita: la validez más elevada de 1os logros culturales de la sociedad receptora”.

El gran interrogante, sin embargo, radica en las responsabilidades del poder en la construcción de esos “enemigos” sobre los que habrá que hacer caer no sólo el peso agobiante de “la ley” sino además en el abono de la mirada de recelo y sospecha de los que todavía “pertenecen”.

Cabe analizar los discursos del poder que propiciaron históricamente la identificación de pobres con delincuentes. Durante los devoradores años 90 hubo varios gobiernos provinciales que ofrecían a comitivas de desocupados el traslado a otras provincias con promesas vanas de trabajo cosechas temporales en tren de combatir la “delincuencia”.

Pero no es necesario ir tan lejos en el tiempo. Porque la mirada sistemática de soslayo que la infancia ha tenido y sigue teniendo tiene directa relación con su expuesta vulnerabilidad. No es casual que los chicos -más aún si son adolescentes- en situación de calle sean ubicados en la categoría de “potenciales delincuentes”. Si bien desde el territorio del derecho se insiste en negar la “criminalización de la pobreza” como práctica actual, sigue constituyendo delito dormir en las calles, asustarse y huir ante la llegada de la policía.

Entonces ¿puede alarmarnos acaso que el 67,5 por ciento de los pobres sean discriminados o que también lo sean el 48,9 por ciento de los inmigrantes? Podríamos darle miradas sociales, políticas o económicas y también podríamos remontarnos a aquellas viejas prácticas de extranjerizar al nativo que tan bien ponían en práctica los colonizadores de estas tierras.

Pero también se podría hacer un salto al 2000 y a aquella tapa de “La Primera”, la revista que dirigía Daniel Hadad, en la que se leía como título central “la invasión silenciosa” sobre la imagen de un joven morocho, de cabello renegrido, labios anchos y desdentado, con una bandera argentina y el obelisco detrás. Y en la que se publicaban frases como “el nuevo inmigrante sería como un insecto invasor y depredador”, “hoy utilizan nuestros hospitales y escuelas, toman plazas y casas, ocupan veredas, y les quitan el trabajo a los argentinos”, “llegan a Buenos Aires a punto de parir y dan a luz en un hospital público” o “como los peruanos comen parados, parte de la comida cae sobre la vereda”.

Y, sin ir tan lejos, se podría viajar en el tiempo a las tomas de tierras en el Parque Indoamericano y al jefe de gobierno, Mauricio Macri, diciendo que la semilla de todos los desmadres arrancaba con la “inmigración desenfrenada”. Y refrendado luego en las coberturas periodísticas: en Canal 9 se utilizó la palabra “intrusos” de “varios de los ocupas, habitantes de la Villa 20 que en gran parte son oriundos de países vecinos”; en Radio Mitre, una periodista planteó que “estoy de acuerdo con que en la Argentina hay una inmigración desenfrenada. Y me hago cargo de lo que digo: acá hay inmigración de baja calidad”.

O, en 2009, a las tierras de Gustavo Posse mientras hacía construir un murallón que frenara “la acción delictiva” de los que vivían más allá del bienestar de los incluidos. Pobres, inmigrantes, desclasados, excluidos, expatriados, desterrados, expulsados, descartados, relegados, olvidados, perseguidos, vapuleados, segregados, abandonados, vulnerados. Son los condenados de la tierra. Los que no tienen. Los que no poseen. Los que no tienen derecho a reir desmedidamente hasta que el estómago duela de felicidad. Los que persiguen los gobiernos y despechan los integrados. Los que no tienen y golpean las puertas que separan sus pasos de la lejana patria de la dignidad.


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Los castigados de siempre

Carlos del Frade  


Los años noventa siguen vivos.

Dicen lo contrario. Eso aseguran los voceros -que cada día son más- del oficialismo en todas sus variantes. Ellos, los defensores del modelo K, como lo llaman, afirman que estos gobiernos borraron de la faz de la Tierra a la matriz de precarización laboral que caracterizó el tiempo de Menem, De La Rúa y Duhalde. Convencidos y ocupando cada vez más medios de comunicación, confunden a mucha gente de buena fe.

Pero los años noventa siguen vivos como consecuencia de la política del kirchnerismo.

Y se ve en los pibes.

Como casi siempre en los últimos cuarenta años de historia argentina.

La repetición de la metáfora bíblica del triple 6, el número de la bestia apocalíptica, aunque en este caso se trata de los factores de poder que siempre castigan a los que por edad sienten la necesidad de producir los cambios culturales y sociales en una comunidad.

Seis de cada diez desaparecidos eran menores de treinta años.

Seis de cada diez imputados de primeros delitos son menores de treinta años.

Seis de cada diez desocupados son menores de treinta años.

666, el número de la bestia.

No es una parábola forzada de un cronista de izquierda sino la lógica que surge de los números oficiales de la CONADEP y el INDEC.

Ahora, en este tercer milenio, en la ciudad capital del primer estado argentino, La Plata, sede del gobierno de la provincia de Buenos Aires, siete de cada diez chicos entre quince y veinte años trabaja en negro.

¿Dónde están los beneficios del modelo K para los pibes?

Quizás La Plata forma parte de una geografía ajena y lejana.

También dicen los números que la cuarta parte de las chicas y chicos platenses están empleados en el sector gastronómico y el 19 por ciento en kioscos o casas de ropa.

Empleos precarios porque no solamente no conocerán un recibo de sueldo ni gozarán de los beneficios de una obra social o la protección sindical, sino también porque no pueden planificar nada de sus vidas. La palabra futuro les mete miedo, les mutila el presente.

De allí el verbo zafar que reemplaza a vivir. Pero en esa metamorfosis de los verbos hay una derrota elocuente. Queda poco espacio para los sueños, la realización de los ideales y la búsqueda de algo más que empatarle al fin de mes.

Apuntan las crónicas que “son varios los jóvenes que buscan dar con un puesto de oficinista y cumplir una jornada que termine a las cinco de la tarde para luego tener la tarde libre. Pero la realidad de las ofertas laborales dista mucho de los deseos de los novatos. El menú que ofrece el mercado laboral, en la mayoría de los casos, necesita dedicación exclusiva y full time. Sobre esto, autoridades, empresarios y los propios jóvenes coinciden en que necesitan mayor capacitación. La escuela no les da las herramientas básicas para poder emprender una búsqueda exitosa. Ni siquiera alcanza con un test vocacional, que muchas veces resulta una verdadera pérdida de tiempo. Además, con el deterioro de las escuelas técnicas durante la década de los '90, los olvidados oficios, hoy tan buscados, resultan cosa casi de la prehistoria. Mientras sobran chicos que se ofrecen para empleados de comercios o de bares, faltan de a montones torneros o electricistas”, sostienen los medios de comunicación.

Más allá de los cantos de sirena del oficialismo, la matriz de los años noventa, el permanente castigos sobre los pibes se repite no solamente en La Plata, si no en la Argentina del siglo veintiuno.

http://www.pelotadetrapo.org.ar/agencia/index.php?option=com_content&view=article&id=5319:los-castigados-de-siempre&catid=35:noticia-del-dia&Itemid=106



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Odio, luego existo

Alfredo Grande  


“El tabú del odio solo rige para los explotados y sometidos. Los patrones, los explotadores odian sin pausa y con prisa. Y de ese odio extraen la fuerza para sus abominables crueldades.  Solamente odiando al capitalismo podremos seguir amando al socialismo”

Manuel, de 18 años, está internado en el hospital de San Miguel, con protección de la Gendarmería. Fue herido después de que, junto a un grupo de vecinos, intentara impedir la detención arbitraria de unos chicos de su barrio. Escondido en un cuarto del Hospital Larcade, en San Miguel, Manuel F. pasa las horas, mientras un gendarme controla que solo sea visitado por sus familiares. No está preso ni se lo acusa por algún delito. “Lo están cuidando de la Policía Bonaerense”, dice su tía, por lo bajo, en un pasillo del hospital repleto de gente. Hace poco más de una semana Manuel recibió un balazo en la cintura en medio de una discusión con varios oficiales en el barrio Mitre, de esa localidad, y según denuncian los familiares, en su intento por encubrir el ataque, los oficiales lo sacaron del auto que lo trasladaba al hospital, lo subieron a un patrullero y le dieron “un puntazo” en la panza. Luego lo acercaron a la guardia, donde fue operado esa misma noche. La herida de bala le inundó de sangre el estómago y, desde entonces, lo alimentan mediante suero.
Por Emilio Ruchansky. Página 12. 26-03-11

(APe).- La cultura represora, entre tantas actividades y trampas que elabora, elige algunas como privilegiadas. El tabú del odio y de la justicia por mano propia tienen esa funesta predilección. Al odio se lo presenta como antinomia del amor y a la justicia por mano propia como sinónimo de venganza. Dejaremos para otro trabajo esta importante cuestión, elemental para toda política que aspire a desplegar los mecanismos autogestionarios. Odiar es malo por esencia. Amar es un mandato, que incluye al enemigo. Odiar es un síntoma, y además grave; amar es una bendición, que incluye también no tener que pedir perdón. Más allá de la ternurita de Love Story, el amar otorga impunidad. Si es por amor, podrán arrancarte brazos y piernas, y tu verdugo no dejará de sonreír porque dios igual lo seguirá amando. Pero el odio no es la antinomia del amor: incluso lo precede. Sin odio no hay energía de enfrentar al enemigo que pretende, y muchas veces logra destruir la vida. El odio sostiene la crueldad, que es la planificación sistemática del sufrimiento y el dolor. Su paradigma es la tortura. El verdugo no necesita odiar a cada una de sus víctimas. Es suficiente que odie lo que sus torturados representan. Odiando el todo (el marxismo, el judaísmo, el anarquismo) puede darse el lujo de no odiar a cada uno de sus prisioneros. Su crueldad está garantizada desde un Orden Superior que le dice que se debe odiar. El torturado está indefenso en lo corporal por estar maniatado, y en lo mental por el tabú de odiar. Incluso se describe el Síndrome de Estocolmo, utilizado cínicamente para explicar el amor de la víctima por el victimario. En realidad, ese amor tóxico es producto directo del tabú de odiar y el mandato de amar, que beneficia/indulta incluso a un torturador. Leemos o escuchamos todos los días, y tardes y noches las crueldades inauditas de las policías bravas. ¿Son bravas o son crueles y cobardes? A la tortura: ¿la hacen los valientes o los cagones? La matanza de Bonefoi, Carballo, Arruga y tantísimos otros: ¿nos genera odio contra sus verdugos? Nos olvidamos de Cabezas y llegó nuevamente el Cabezón, ahora en versión rubia y aterciopelada, onda peluche. Al menos, eso vi en afiches en la city porteña. El tabú del odio tiene un correlato político que es casi la crónica de un suicidio anunciado: la negación maníaca de la lucha de clases. La comunidad organizada cuyo orgasmo político es la mediación y el consenso. Una pareja muy mal avenida que llama a un mediador para decidir en qué posición el coito es menos obsceno. Si la obscenidad es la inflación, aparecerá una mediación entre la góndola del super y las estadísticas oficiales. Esa mediación se llama el Indek. Y así con todo. Los monopolios de la telefonía, de los cuales NADIE habla, determinan con arbitrio precios, bonificaciones, tarifazos y los discretos encantos de la estafa publicitaria (por ejemplo Telefónica anuncia un precio final que nunca se ve en la factura, a menos que usemos mescalina en pote) Pero odiarlos está prohibido porque eso implicaría justicia por mano propia y el capitalismo serio no podría soportarlo. La liberación del precio de las naftas es la burla para el usuario de un país que también supo ser petrolero. La abominable privatización de YPF tuvo el apoyo de los presidentes constitucionales 2003/2011. (omito nombres propios dada la susceptible sensación térmica política que nos invade) No recuerdo que las provincias donde el petróleo era oro, se rebelaran contra las langostas menemistas. ¿O los 10 años que duró la devastación menemista se licuan en los dos años del aliancismo cómplice? Pero no podemos odiar a nuestros enemigos. Es más: quizá no haya enemigos, por la permanente clonación y mutación de partidos e ideologías. La transversalidad lo fue a buscar a Cobos, pensando que lo mutaban en Kobos, pero algo falló y el monstruo resultante fue Combo. Apto para todo tipo de oferta. A Manuel, baleado por la bonaerense, lo protege Gendarmería. El Hombre Araña te reventó el tujes, pero tranqui, ya llamamos a Batman. La democracia burguesa y el capitalismo serio son la pareja más presentable que tenemos. Pero en nuestros propios patios traseros, los horrores siguen. Criminales de paz que matan de la manera más miserable: por omisión de alimentos. Por hambre. Pero no es suficiente. Cualquier funcionario mediocre puede hacerlo. Liberar el precio de las naftas no tiene la épica de balear a un cabecita. El gatillo fácil y cobarde es un sentimiento, no puede parar. Pero podemos montar una estafa más. Que no será la última. Una de las fuerzas de seguridad nos cuida de la otra. Mamá nos cuida de papá, y cuando mamá se va al carajo, todavía está la abuela. Antes era el mito del policía bueno y el policía malo. Ahora los alquimistas del poder se han superado. Hay Fuerzas Buenas y Fuerzas Malas. Es como decirle a una mujer secuestrada y esclavizada para ser prostituida, que hay tratantes buenos y tratantes malos. Sostener el odio para enfrentar al enemigo es una propuesta tanto del Che Guevara como de Sigmund Freud. Me permito sugerir que por algo será. Parece que el odio es necesario para romper cadenas y atravesar muros, tanto externos como internos. No está de más recordar que el fascismo hace del odio su más elemental aliado. ¿Seremos iguales a ellos si los odiamos? Pregunta tramposa que esconde disimulando apenas la intención de anestesiar el odio, la bronca, la rebeldía. La lógica fascista de reprimir el deseo no es la misma lógica que la de reprimir al represor. De la misma forma que en los mandamientos del antiguo testamento la prohibición no es de matar, sino de asesinar. Cuando la mafia, el fascismo asesinan les gusta decir: no es nada personal. Nosotros decimos: es personal, es grupal, familiar y social. Es el odio necesario para que el NUNCA MÁS no sea un slogan caduco sino un permanente redoblar de bombos y tambores. Y para que el único que cuide al pueblo sea el pueblo…

1 La primer parte de este trabajo fue publicado en el suplemento de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo que publicara Página 12 (año 2000) Se puede leer en mi libro Psicoanálisis Implicado: la marca social en la clínica actual. Versión digital en www.aticocooperativa.com.ar. Además, se encuentra buscando en la web.

http://www.pelotadetrapo.org.ar/agencia/index.php?option=com_content&view=article&id=5317:odio-luego-existo-parte-2-1&catid=35:noticia-del-dia&Itemid=106



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domingo, 3 de abril de 2011

El espejo que no queremos mirar

Doctor Luis Federico Arias


Las crónicas periodísticas repiten y propalan de modo recurrente la existencia de ilícitos cometidos por “menores”, quienes -según la aceitada maquinaria comunicacional- parecen ser en gran parte, los responsables de la grave sensación de inseguridad que padece nuestra sociedad, como si el único lugar posible para los pibes fuera esa cartelera mediática que los exhibe como victimarios de hechos violentos, soslayando la sombría realidad que agobia a gran parte de nuestros jóvenes, con hogares sumidos en la pobreza estructural, en un contexto de analfabetismo, disfuncionalidad familiar, adicciones, segregación social, indiferencia, desigualdad, falta de oportunidades y discriminación, entre otras formas de violencia sistémica o estructural.

Esta situación de vulnerabilidad en la que se hallan sumidos nuestros jóvenes, que suele generar sentimientos de humillación, odio y resentimiento por parte de quienes lo padecen, ha sido completamente “naturalizada” por los sectores medios de la sociedad, que guiados por la razón del consumo, declinan su compromiso y niegan la verdadera dimensión de esta problemática, sin asumir sus consecuencias en innumerables casos de niños víctimas del hambre, el frío, las enfermedades asociadas con la pobreza, u otras situaciones que no logran gran impacto mediático, y sin embargo, arrojan decenas de muertos cada año.

Por su parte, los jóvenes expulsados del paraíso glamoroso del consumo, procuran alcanzar por todos los medios posibles el umbral que los acerque a la imagen estereotipada de consumidores medios que nos impone la religión del mercado, para ser reconocidos por la sociedad. Pero las deidades del consumo no están de su lado, por más que se esfuercen en lucir los símbolos religiosos de nuestro tiempo (zapatillas de marca, celulares de última generación, etc.), porque el dios de este tiempo genera incesantemente -al igual que todo proceso de producción- estos “desperdicios” vivientes que habitan los vertederos humanos.

La retórica política y su accionar, también parecen orientarse a los sectores medios del consumo, al punto que, la política misma se parece bastante a un producto de consumo, en tanto se desenvuelve bajo las mismas reglas del mercado y su actividad se endereza a la conquista de ese espacio que constituye el electorado activo, cuyo voluntad es cambiante y voluble. Esto es lo que sucede en nuestro medio con la recurrente proclama del Gobernador Scioli, quien intenta explotar el miedo colectivo de los sectores medios, propiciando la necesidad de bajar la edad de imputabilidad de los “menores”. Pero esta propuesta no encuentra sustento en acciones políticas concretas de su Gobierno respecto de los niños, jóvenes y adolescentes; no implica compromisos presupuestarios y no tiene costes políticos, puesto que el cambio legislativo que propicia depende una modificación legislativa a cargo del Congreso Nacional. Desde esta perspectiva se advierte que la citada decisión alberga un análisis de costo-beneficio, donde hay mucho que ganar y poco que perder. Esta situación no difiere de otras, donde prevalece una retórica a favor de los sectores más vulnerables -opuesta solo en apariencia a la anterior-, sin arraigo en acciones políticas concretas de integración social.

Esta retórica que parte de una situación de otredad y exclusión, se ve reflejada sistemáticamente en la actividad judicial dominada por ese estado de indiferencia, que se materializa cuando el poder político es requerido judicialmente para brindar respuestas a alguna de estas problemáticas sociales. Los funcionarios respectivos suelen mostrarse esquivos y eluden cualquier compromiso, brindando respuestas o soluciones formales que generalmente son paliativos temporales e inadecuados. Y si la justicia emite una orden judicial adversa, para brindar satisfacción a los derechos de los niños, el pronunciamiento judicial suele ser percibido políticamente, como un acto conspirativo que responde a intereses políticos subalternos de la justicia.

Sin embargo, otra es la actitud cuando las puertas de la justicia se abren de par en par para juzgar penalmente a quienes se los califica de “menores delincuentes”, en sintonía con las políticas represivas/regresivas legitimadas por los sectores medios del consumo que proclaman políticas más enérgicas en materia de seguridad, guiados por sentimientos neofascistas que, sin ser asumidos directamente por el poder político, son alentados o desarrollados por la maquinaria mediático-política.

No es posible desconocer que nos desenvolvemos en una sociedad que presenta un estado de fragmentación y de violencia desconocido para quienes hemos crecido bajo otro paradigma, pero ello no implica que debamos atribuirlo a los jóvenes y los sectores más vulnerables, porque más grave aún que la violencia interpersonal que llena las páginas de los periódicos, es aquella que se deriva del abandono y la exclusión perpetrada por el Estado, y legitimada desde ciertos sectores de la sociedad, de un modo solapado y lacerarte. Es necesario tomar conciencia que los jóvenes reproducen a su modo, con sus rudimentos, aquello que perciben desde la sociedad y el Estado, a modo de un espejo que nos devuelve la imagen de lo que somos y no queremos mirar.

 (*) El doctor Arias es juez en lo Contencioso Administrativo de La Plata.

http://www.pelotadetrapo.org.ar/agencia/index.php?option=com_content&view=article&id=5300:el-espejo-que-no-queremos-mirar&catid=35:noticia-del-dia&Itemid=106


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domingo, 20 de marzo de 2011

Hienas y borregos

Pep Castelló


Estúpidos borregos gobernados por repugnantes hienas. Es la simbiosis perfecta. Es el resultado de vivir sin conciencia, de encerrar la esencia humana en una vieja maleta y esconderla en el más oscuro rincón de la buhardilla para olvidarse de ella. O de arrojarla al contenedor de la basura para que no moleste ni reclame y poder así vivir como perfectos animales. Repugnantes bestias depredadoras, unos; estúpidos borregos, bien alimentados, bien entretenidos, bien apacentados, bien manejados por las bestias que los explotan y gobiernan, los otros.

Todo cabe en un pueblo sin conciencia. Indiferente a injusticias y crímenes, acepta cuanto le echen con tal de que no le quiten su condición de disminuido mental, sus distracciones, sus juguetes... Tanto le da que le roben una parte del salario para entregársela a sus explotadores. Tanto le da que le roben los logros sociales que con esfuerzo y sangre lograron las generaciones que le precedieron. Tanto le da. Nada le afecta. Una perfecta ataraxia invade su mente y le mantiene en la más absoluta indiferencia.

Por supuesto que no faltan en esos rebaños de mansos borregos algunos ejemplares que por un azar de la vida han mantenido intacta su condición humana. No faltan quienes sienten bullir su sangre al contemplar la codicia de los amos del rebaño, la sanguinaria naturaleza de quienes les pastorean, la repugnante vileza que ostentan los congéneres que les rodean. No, no faltan quienes sienten hondas ganas de gritar por las calles y plazas de su ciudad o villa: ¡Alma, despierta! No. Haberlos, haylos, por más que por parte alguna se los vea. Pero faltan quienes aúnen esas voces, esos gritos para que se conviertan en clamores. Faltan organizaciones que conviertan esos clamores en acciones y que lideren las protestas.

De eso ha tenido buena cuenta el poder durante esta época dorada de bienestar que como un aparente regalo del progreso alcanzo nuestra sociedad a mitad del pasado siglo. De instaurar un orden cómodo y acomodado, de suprimir del orden del día el espíritu crítico. De castrar a los individuos rebeldes y exterminarlos si preciso fuere. De no permitir más organizaciones que las poseídas por el más conservador de los espíritus.

Sindicatos domesticados y traidores. Docentes sin el menor atisbo educador. Planes de estudio deshumanizados enfocados a generar mentes útiles al sistema, borregos, carne humana disponible para la voracidad de las poderosos y repugnantes hienas que detentan el poder. Periodistas corruptos dispuestos a deformar la realidad, a mentir perversamente, a convertir la más vil de las codicias en la más loable de las virtudes.

No es extraño que hoy aquí, en este pueblo que tantas veces se ha alzado contra las injusticias, nadie salga a la calle para gritarle ¡IMBÉCIL! a su presidente. No es extraño que nadie de muestras de cuestionar lo que le dicen acerca de cómo se ha producido esa rebelión juvenil en el Norte de África, de quién ha dado el disparo de salida y hacia dónde la lleva. No es extraño que nadie muestre su indignación por esa nueva acción de rapiña petrolera que están llevando a cabo los democráticos gobiernos de nuestros países libres. No es extraña la indiferencia ante las vidas que esa endiablada razia va a costar. No es extraño porque los borregos son animales sin conciencia, indiferentes a su propio destino y al de sus congéneres.

A quien esto escribe le cuesta aceptar un mundo gobernado por sanguinarias hienas. Pero le duele en lo hondo del alma ver que, de grado o por fuerza, es parte de un pueblo de estúpidos borregos.

La maldición del cielo, si es que lo hay, caiga mil veces sobres tan sanguinarios gobernantes. Pero mil veces más aun sobre las buenas gentes estúpidas que aceptan mansamente la maldad de quienes les gobiernan.


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Ciudad, pobreza, cárcel: unos orígenes compartidos

Ignacio González Sánchez

 

Nuestro sistema penal se basa en la defensa de una configuración social, que prima a quien tiene e intenta asegurar que quien no tiene no suponga una amenaza. Por eso las cárceles están llenas de pobres.

Hace poco estuve unos días en un pueblo de Extremadura, donde un hombre de 95 años trataba de convencerme de las bondades de la vida rural haciendo referencia al tema de la pobreza.  “Aquí no le falta nada a nadie. Nadie pasa necesidades”, decía. Es difícil pensar que una persona acostumbrada a la ciudad tuviese todas sus necesidades cubiertas en aquel pueblo. Sin embargo, más allá de las distintas necesidades, costumbres y sentidos que generan la vida rural y la urbana, él tenía su parte de razón: la pobreza es un fenómeno vinculado fundamentalmente con la ciudad. Lo mismo pasa con lo penal en su sentido amplio (delincuencia, policía, etc.). En los días que pasé allí no vi Guardia Civil ni policía, no escuché comentarios sobre delincuencia, y las puertas de las casas permanecían abiertas.

Este episodio viene al caso para subrayar el vínculo que existe entre ciudad, pobreza y penalidad. De hecho, al menos temporalmente, el desarrollo a gran escala de estos fenómenos es coincidente. En un período cuyo centro sería la segunda mitad del siglo XVIII y la primera del XIX, se asistió a un crecimiento nunca visto de las ciudades bajo la influencia de la Revolución Industrial. Factores como el excedente de mano de obra (no cualificada), la anomia y la falta de apoyos sociales (que frecuentemente se quedaban en el mundo rural) provocaron que se comenzaran a formar bolsas de pobreza, y que estas se empezasen a entender como un problema social (algo a lo que también contribuyó la secularización de la sociedad). En esta misma época surgen tres elementos básicos de la penalidad contemporánea.

La policía, la cárcel y la existencia de códigos penales (como los conocemos hoy) tienen solo 200 años. Esto es importante porque durante siglos hemos vivido sin estos tres elementos y, sin embargo, nos cuesta pensar una sociedad que carezca de policía o de cárceles (¿Qué hacer con los delincuentes? ¿Cómo frenarlos? ¿Cómo mantener la sociedad?), lo que da una muestra de la fuerza que tienen estas instituciones en las sociedades contemporáneas.

La policía, como tal, tiene su origen en la seguridad privada que contrataba la burguesía para proteger las nuevas formas de riqueza asociadas al capitalismo, más materiales y vulnerables al robo. Los bienes por los que uno adquiría una posición en la sociedad ya no eran títulos nobiliarios o apellidos, sino mercancías o capitales. Conforme la burguesía fue ganando poder en el estado, este asumió el coste. En cualquier caso, los orígenes de la policía son claros: defender las propiedades de quienes las tienen de los que no las tienen. De hecho, de tanto usarlo, el sinónimo “fuerzas del orden” ha perdido casi todo su evidente significado.

La cárcel como pena es algo relativamente nuevo. Anteriormente el encierro solo se usaba como medida hasta que se realizaba el juicio (si algún día se realizaba…) y se imponía la pena de verdad. Su uso histórico ha sido el de lo que conocemos hoy como prisión preventiva. La construcción / invención de cárceles (frente a lo que existía, más cercano a los calabozos), coincide, no por casualidad, con el surgimiento de los psiquiátricos y de los hospicios1. Tres instituciones similares que aparecieron a la vez para dar una misma respuesta (encierro forzado) a tres colectivos distintos (delincuentes, locos y pobres) que tenían en común el no ser “normales”. Con el desarrollo de las ciudades y la criminalización de la mendicidad, se comenzó a operar una distinción entre pobres aptos para el trabajo (vía penal) y pobres no aptos para el trabajo (vía asistencial).

Los códigos penales que comenzaron a surgir en Europa tras la Ilustración completan la tríada. Si bien la preocupación principal de sus promulgadores era limitar el poder del soberano y establecer castigos proporcionales al delito, su concreción acarreó mucho más. El derecho en general, con sus distintos códigos (penales, civiles, etc.) en particular, busca consagrar y defender el orden existente. Esto quiere decir que se defiende el  status quo, en el que unos tienen más que otros, y unos importan más que otros. El lenguaje impersonal y atemporal del derecho, entre otras cosas, oculta su carácter de herramienta al servicio de quien legisla, lo cual no quiere decir que sea aséptico.

LA PENALIZACIÓN DE LA POBREZA

Todo esto explica que el origen de los fundamentos de nuestro sistema penal se halla en la defensa de una determinada configuración social, que prima a quien tiene y trata de asegurar que los que no tienen no supongan una amenaza (ya sea mediante la apropiación de la propiedad privada o mediante la “mala costumbre” de no trabajar). Sin embargo, no son solo los planteamientos y los orígenes históricos de nuestro castigo los que llevan a esto, sino  que el desarrollo en el día a día y la puesta en marcha de estos principios genera una penalización de la pobreza.

Por ejemplo, nuestro código penal, como la mayoría, es muy concreto en lo que se refiere a delitos contra el patrimonio (robos, hurtos, etc.), mientras que para otros delitos que solo pueden cometer ciertos grupos es bastante menos preciso: no hay más que pensar en los delitos políticos. Por otro lado, la policía actúa en el espacio público. Esto, que parece una perogrullada, tiene importantes consecuencias de clase, ya que los pobres usan más el espacio público y los ricos disponen de más espacios privados. A igualdad de delito, la visibilidad de los pobres es mayor, lo que los hace más detectables por la policía; la cual, además, está mucho más atenta –por sus características– al daño a los bienes materiales que a los inmateriales, como puede ser la vulneración de derechos o delitos medioambientales.

Esta configuración de los textos legales y de la policía, no necesariamente premeditados, pero no por ello menos reales en sus consecuencias, tiene como efecto el que las cárceles de todo el mundo estén llenas de pobres. Si al marco estructural de la administración de justicia (o de castigos) se le suma el resultado diferencial del proceso judicial en base al poder adquisitivo del acusado (la diferencia de poder pagarse un buen abogado), o la distancia social existente entre el juez y el acusado, que muchas veces hace imposible que el magistrado pueda entender las circunstancias que llevaron a los hechos (simplemente porque es incapaz de empatizar con situaciones que le son del todo ajenas), tenemos un sistema penal que tiene como resultado una tendencia a la penalización de las situaciones de miseria. La composición de las cárceles, punto final del proceso, es bastante significativa: cerca del 80% de los presos en España carecen de estudios medios o de trabajos cualificados en el momento de su ingreso, y el 70% se encuentran dentro por delitos relacionados directa o indirectamente con las drogas (ya sea por tráfico, robos o ajustes de cuentas).

LA POBREZA DE LA PENALIZACIÓN

La situación de pobreza hace más probables las detenciones o el paso por la cárcel (una experiencia no tan rara en determinados barrios periféricos de las grandes ciudades). Pero no solo eso: la cárcel agrava la pobreza o lleva a ella a quienes estaban cerca. Y lo hace de varias maneras. La más evidente es que rompe trayectorias vitales, tanto profesionales como familiares. En el ámbito profesional supone una interrupción en la carrera laboral, que más tarde genera dificultades a la hora de encontrar empleo, por ejemplo, al obligar a explicar años en blanco en el currículo, o al causar pérdida de habilidades y progreso formativo. Además, en no pocas ocasiones supone la ruptura de la unidad familiar: tener a un padre, hijo o marido2  en prisión desgasta mucho la vida familiar (supone pérdida de ingresos, genera gastos, conflictos, etc.), además de la estigmatización que sufre tanto el individuo cuando sale y tiene que buscar trabajo como la familia cuando sigue viviendo en la misma comunidad. Estigmatización que, además de social, es en muchos casos física (tatuajes). La prisión es fatal para la salud, pues algunos presos se hacen allí adictos a las drogas o recaen en su consumo, y algunos que ya eran adictos contraen enfermedades infecciosas.

Por último, se suele señalar que la cárcel es criminógena, es decir, que genera hábitos delictivos en quienes pasan por ella, haciendo más probable que reincidan. Algo que, a pesar de que los índices de reincidencia penal están en torno al 50%, es difícil de demostrar empíricamente, si bien la idea es bastante clara: si encierras a alguien durante mucho tiempo en un sitio en el que hay delincuentes, probablemente lo que aprenderá será a delinquir más y mejor. A partir de esta idea se puede definir la cárcel de una manera que, aunque simplista, debería dar que pensar: un sitio en el que, para rehabilitar a un delincuente, se le encierra durante meses o años junto con otros delincuentes, se deja que pase el tiempo encerrado3  y, cuando cumple condena, se espera que haya aprendido a vivir en sociedad como un buen ciudadano.

NEOLIBERALISMO, POBREZA Y CÁRCEL

La penalización de la pobreza no es algo que se dé o no se dé, no es blanco o negro, sino que es una forma de responder de la sociedad que se da con mayor o menor intensidad, dependiendo de la época. De hecho, durante varias décadas del siglo XX ha permanecido mitigada, en parte porque se desarrolló una forma distinta (que no nueva) de gestionar la pobreza, a través de las ayudas sociales. El desarrollo del estado del bienestar y su concepción del “ciudadano” como sujeto de derechos (frente al “trabajador”) difuminó la diferencia entre pobre apto y no apto. Sin embargo, algunos autores como Wacquant4  señalan que a partir de los años 70 y 80, con el aterrizaje de las políticas neoliberales (al estilo de Reagan o Thatcher), se dan varios factores que han llevado a un recrudecimiento de la gestión de la pobreza por la vía penal.

En primer lugar se encuentra la bandera del neoliberalismo: la libertad de mercado. En concreto, la desregulación del mercado laboral, que fomenta la precariedad al permitir salarios más bajos y menor estabilidad laboral. Por otro lado, el énfasis en la responsabilidad individual y la rebaja de las causas sociales a “excusas sociológicas” lleva a sentir una menor responsabilidad colectiva ante las situaciones de pobreza, que unida a la cantinela de “menos estado”, reduce las ayudas sociales.

Del mismo modo, el énfasis en la responsabilidad individual (proveniente de un modelo economicista del ser humano, que se guía por decisiones racionales basadas en el cálculo coste-beneficios) tiene consecuencias en materia penal, pues el delincuente ya no tiene carencias sociales (de educación, de un ambiente adecuado), sino morales (decide no ser un buen ciudadano). De esta manera, de nuevo, se pierde la responsabilidad colectiva de dotar a esa persona de las herramientas adecuadas y la pena adquiere un mayor carácter retributivo, de puro castigo.

También se ha denunciado que las políticas de “tolerancia cero”, que se basan en una actuación policial proactiva y focalizada, y que tienen como consecuencia la criminalización de determinadas zonas y colectivos, generan resultados diferenciales en la administración de justicia. Estas actuaciones se suelen concentrar en barrios marginales y sobre jóvenes, generalmente de minorías étnicas, mientras que la “tolerancia cero” no se aplica en materia de delitos laborales o políticos.

Todo esto ha supuesto un desarrollo claramente punitivo del sistema penal en España en las últimas tres décadas. España es el tercer país de Europa con más policía (en términos absolutos y relativos), donde, al menos desde 2002 tras las declaraciones del presidente del Gobierno, se hacía oficial su  “vamos a barrer, con la ley en la mano, a los pequeños delincuentes de las calles españolas”. Circulares como las que se emitieron recientemente en Madrid para detener diariamente a un cupo de “sin papeles” apuntan a la idea de “pequeños delincuentes”… Las reformas en el Código Penal vienen sistemáticamente endureciendo las penas para los delitos más comunes (robos, hurtos, tráfico de drogas). Estos cambios, unidos a procesos sociales más amplios como el mentado declive del ideal de rehabilitación y un mayor énfasis en el papel retributivo de la cárcel y en la responsabilidad individual, han llevado a España a ser el país de su entorno con mayor tasa de reclusos, con una cifra próxima a los 80.000, cuando tradicionalmente había sido uno de los países europeos con una tasa menor; un hecho acorde con la baja tasa delictiva que, además, en los últimos veinte años no ha aumentado en España5. Sin haber más delincuencia, cada vez hay más gente en la cárcel. Sin haber más delincuencia, cada vez hay más pobres en la cárcel.

NOTAS

1    D. Rothman (1971),  The discovery of the asylum, Boston: Little, Brown.

2    Hablo en masculino porque el 92% de las personas presas en España son hombres.

3    Defender que se aprovecha el tiempo en prisión es más un ejercicio de
defensa profesional que una descripción de la realidad.

4    L. Wacquant (2009),  Castigar a los pobres, Barcelona: Gedisa.

5    Las declaraciones son del 8 de septiembre de 2002, las cuales se plasmaron en un paquete de reformas del Código Penal, aprobadas en 2003, que los penalistas han calificado de “contrarreforma penal”. Los datos de delincuencia y presos son del Ministerio del Interior.

http://www.kaosenlared.net/noticia/ciudad-pobreza-carcel-unos-origenes-compartidos


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¿Porqué somos pobres si somos ricos?

Susana Merino

Por segunda vez, bicentenario mediante, nuestro país ha vuelto a convertirse en “el granero del mundo”, pero esta vez en un granero que no  solo acopia  los cultivos de pan llevar sino que incluye también algunas otras materias primas, siempre con escaso o nulo valor agregado, tales como la soja (porotos, harinas, pellets, aceites y en aumento el biodiesel) los clásicos cereales (maíz, trigo), petróleo y gas, carnes (congeladas y enfriadas, sin procesar) siguiendo las huellas  de una  actividad exportadora casi exclusivamente agropecuaria.

Nuestra estructura agraria fue conformándose a principios del siglo pasado, sobre las extensas praderas pampeanas,   que han hecho de la Argentina uno de los países del planeta con mayor superficie apta para el desarrollo de la agricultura, sobre la base de dos tendencias, el latifundio representado por la estancia, cuyos dueños  con ingresos mayormente rentísticos vivían en las grandes ciudades y las chacras  o establecimientos más pequeños  cuyos propietarios  trabajaban directamente y habitaban la tierra junto a su familia configurando una clase media rural (en gran parte de origen migratorio) a partir de la cual se fueron desarrollando los pueblos del interior y adquiriendo su carácter de centros de servicios aglutinantes de funciones sociales, comerciales, bancarias, culturales, etc.

Sin embargo esta estructura, ha sufrido a partir de las últimas décadas del siglo pasado una enorme transformación.  La concentración de la tierra en manos de organizaciones empresarias, la instalación de una agricultura de monocultivos extensivos,  la proliferación del agronegocio, los “pool” de siembra, donde la tierra ha perdido su condición de sostén del trabajador rural para transformarse en un simple insumo industrial, en un factor económico destinado a incrementar los ingresos de una clase privilegiada y casi anónima, absolutamente divorciada  de ese sustrato vital que solo le pertenece legalmente pero al que no la une ninguna vivencia directa y cuyo agotamiento o deterioro la dejan indiferente en la medida en que pueda seguir adquiriendo o apropiándose de  otros territorios (como en los reiterados y ya casi habituales casos de expoliación de tierras  habitadas por  comunidades indígenas en todo el país).

Este nuevo y expropiatorio concepto de uso del suelo y en especial el dedicado al extendido monocultivo de la soja produce desequilibrios ecológicos y económicos que  no solo atentan contra la natural fertilidad del suelo sino que está destruyendo progresivamente la estructura socio - demográfica de nuestra ya de por sí débil y desequilibrada distribución poblacional. Es decir engrosando los cinturones periurbanos de miseria en permanente sangría de las comunidades rurales. Pero lo que me interesa destacar es que poseemos una tierra, diría algún clásico, ubérrima y sin embargo somos incapaces de mantener con adecuados niveles de vida a  una población escasamente densa  y eso sí absurdamente  concentrada. Es decir no somos pobres, somos mucho más ricos que muchos pueblos de la tierra, pero vivimos como si no lo fuéramos.

Y si analizamos  otros parámetros como por ejemplo el de la “huella ecológica” (1) un concepto que mide habitualmente en hectáreas globales “cuánta tierra y agua biológicamente productivas, necesita un individuo, una población o una actividad para producir todos los recursos que consume y absorber todos los desechos que genera, usando las tecnologías y la administración de recursos vigentes” y que constituye un instrumento que ha introducido la bioeconomía con el propósito de poder predecir cuales son los límites que la naturaleza le impone al sistema económico, podemos descubrir algunas relaciones interesantes.

El cálculo directo se hace sobre la base del gasto energético (agua, electricidad, combustibles fósiles) de cada habitante y depende fundamentalmente del estilo de vida de cada comunidad. El indirecto se relaciona con “el transporte de productos que deben ser traidos al mercado local: los productos importados, las frutas, verduras, carnes, ropas y productos manufacturados que vienen de otras zonas del país o del mundo. También mide el tipo de vivienda que habitamos (si es o no eficiente energéticamente) y los bienes y servicios que utilizamos”.

Según datos de  un reciente informe de Mario Cafiero (2) “El balance bioeconómico surge del siguiente razonamiento. Cada país tiene una población que consume recursos naturales biológicos y a su vez posee un territorio con una determinada capacidad biológica. El consumo del hombre deja una “huella ecológica” por el uso de tierras para cultivo, tierras  de pastoreo, bosques, territorios marítimos, tierras que absorben carbono y tierras urbanas. Los países tienen una determinada dotación de estos recursos. La diferencia entre lo que consume la población de un país o su huella ecológica; y la dotación que posee de recursos naturales es lo que se denomina Balance Bioeconómico.”

Y en tal sentido se ha calculado que según el balance bioeconómico de los principales países del planeta  la Argentina estaría en tercer lugar, con un consumo de 2,6 Has por habitante, una capacidad bioproductiva de 7,5 Has/hab, y un balance bioeconómico de 194 millones de Has., solo precedida por Brasil y Canadá.
         
Esto significa que si comparamos  nuestro balance bioeconómico  de 194 millones de Has con el de China, por ejemplo que es de -1604 millones de Has o el de Europa de -1388 millones de Has o finalmente con el de los EEUU de -1266 millones de Has, comprenderemos que sus déficit terminarán incidiendo necesariamente en la biocapacidad de nuestros ecosistemas.

Resulta por lo tanto demasiado evidente que nuestra respuesta a la presión que seguramente ejercerán los 1500 millones de habitantes chinos (y otros) sobre nuestro país será de difícil manejo y de serias y peligrosas consecuencias si no logramos resolver ante todo  nuestros propios desequilibrios internos.

Pero estos problemas no solo se plantean en el terreno agrícola o energético. No debemos ignorar que nuestro país cuenta también con una extensa plataforma submarina de un ancho de 550 km y una longitud de 1.890.000km2  rica como pocas  en recursos pesqueros que hace tiempo viene siendo depredada  por barcos factoría de distinto origen sin que ni nuestra sociedad ni nuestros gobiernos tomen conciencia  del enorme despojo  que nos ocasiona  la pesca selectiva que realizan,  dejando enormes cantidades de peces muertos y desechados, otra riqueza  que no somos capaces de controlar.

Y para terminar no puedo dejar de mencionar el enorme venero de riquezas minerales existentes a lo largo de los 4500 km de nuestros ecosistemas cordilleranos vilmente entregadas, al saqueo contaminante, masivo y destructivo  de empresas transnacionales  que se apoderan de cantidades ignoradas, de minerales metalíferos: oro, plata, zinc, manganeso, uranio, cobre, azufre y otros puesto que extraen y exportan sobre la base de una simple declaración jurada en la que tienen, en virtud de la resolución 281/98,  la opción de modificar el valor de las transacciones declaradas “dentro de los 6 meses de la fecha de embarque, en virtud de variaciones en la cantidad y en la ley del mineral constatadas a su arribo a destino”.  Sin palabras!

En síntesis no somos pobres por haber nacido en una tierra estéril, desértica, árida, yerma, infecunda y sin recursos naturales tanto renovables como no renovables,  somos pobres porque nos obstinamos en ser pobres o lo que es peor porque quienes han venido asumiendo sucesivamente la responsabilidad de conducir los destinos de esta patria han optado, desde hace muchos años,  por  privilegiar sus propios mezquinos intereses y el de los extranjeros que han hallado aquí, ellos sí, tierra fértil y desprotegida  de la que  lograr la satisfacción de  sus propias necesidades (y ambiciones) en  menoscabo no solo de nuestro presente sino también de nuestro incierto futuro.

NOTAS:
(1) Para ampliar  el concepto de Huella ecológica: http://es.wikipedia.org/wiki/Huella_ecol%C3%B3gica
(2) Cafiero, Mario. “Deuda, presupuesto y derechos humanos” Cámara de Diputados de la Nación, (23.12 10)
http://desdemimisma.blogspot.com/2010/12/porque-somos-pobres-si-somos-ricos_03.html


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domingo, 13 de marzo de 2011

1935, Buenos Aires: Evita

Eduardo Galeano   


Parece una flaquita del montón, paliducha, ni fea ni linda, que usa ropa de segunda mano y repite sin chistar las rutinas de la pobreza. Como todas vive prendida a los novelones de la radio, los domingos va al cine y sueña con ser Norma Shearer y todas las tardecitas, en la estación del pueblo, mira pasar el tren hacia Buenos Aires.

Pero Eva Duarte esta harta: trepa al tren y se larga.

Esta chiquilina no tiene nada. No tiene padre ni dinero; no es dueña de ninguna cosa. Ni siquiera tiene una memoria que la ayude. Desde que nació en el pueblo de los Toldos, hija de madre soltera, fue condenada a la humillación, y ahora es una nadie entre los miles de nadies que los trenes vuelcan cada día en Buenos Aires, multitud de provincianos de pelo chuzo y piel morena, obreros y sirvientas que entran en la boca de la ciudad y son por ella devorados: durante la semana Buenos Aires los mastica y los domingos escupe los pedazos.

A los pies de la gran mole arrogante, altas cumbres de cemento, Evita se paraliza. El pánico no la deja hacer otra cosa que estrujarse las manos, rojas de frío y llorar. Después se traga las lágrimas, aprieta los dientes, agarra fuerte la valija de cartón y se hunde en la ciudad.

Martes, 08 de Marzo de 2011

http://www.pelotadetrapo.org.ar/agencia/index.php?option=com_content&view=article&id=5214:por-eduardo-galeano&catid=35:noticia-del-dia&Itemid=106

Evolucion o Revolucion

Susana Merino


Hace ya muchos años, cuarenta, cincuenta, sesenta, no sé tantos o más que   los que tengo que los grandes gurúes de la economía nos han venido prometiendo que la copa desbordaría y que todos seríamos felices y comeríamos perdices… ¿Cuántas generaciones han pasado “sobre” los puentes, esperando, confiando, creyendo que el prometido  crecimiento económico alcanzaría para que todos pudiéramos disfrutar de una vida digna? ¿Cuántas generaciones deberán aparecer y extinguirse todavía si seguimos alentando esa falacia?

Aunque la torta esté llegando a los límites de un crecimiento que le está imponiendo forzosamente la naturaleza, el afán por hacerla cada vez más grande lo ignora y nada tiene que ver, como dice el economista chileno Manfred Max-Neef(1), con la “justicia social” sino que lo que buscan empresarios, políticos y gobernantes  es “seguir manteniendo la misma proporción que les fuera otorgada por el sistema”  aunque tienda a evidenciarse cada vez más una reducción de la parte de la torta correspondiente a los más pobres.

Nada cambiará mientras no nos decidamos a comprender que la solución está en, cito nuevamente a Max-Neef  ”pasar de la mera explotación de la naturaleza y de los más pobres del mundo a una integración e interdependencia creativa y orgánica” de “un gigantismo destructivo a una pequeñez creativa”.

Existen ya muchos y variados síntomas  de que tanto la humanidad como la madre tierra están buscando un equilibrio largamente amenazado por la codicia, la sobreexplotación, el sometimiento de los más débiles y aunque algunas manifestaciones naturales como los terremotos, las erupciones volcánicas, los huracanes no sean producto directo de la intervención humana son voces de alerta que nos recuerdan que nuestra suficiencia, nuestra soberbia  son nada frente a la potencia oculta de la naturaleza y a su potencial hartazgo por el maltrato a que venimos sometiéndola desde hace varios siglos.

Cuando hace ya poco más de veinte años el Consenso de Washington estableció las reglas  aún vigentes con  que el neoliberalismo orientó e introdujo sus políticas en casi todo el mundo, no hubo la menor mención sobre las probables consecuencias que esas directivas acarrearían a la sociedad ni al planeta:

Disciplina fiscal, Reordenamiento de las prioridades del gasto público, Reforma Impositiva, Liberalización de los tipos de interés, Cambio competitivo. Liberalización del comercio internacional, Liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas, Privatización, Desregulación, Derechos de propiedad.

Este simple enunciado pone en evidencia que nadie recordó ya “el derrame de la copa”, que nadie mencionó que el objetivo fundamental, el crecimiento sostenido, redundaría en beneficio de los países y de las comunidades más pobres, algo inimaginable desde luego, por cuanto ese conjunto de directivas estaban orientadas a desregular el mercado laboral, a entregar la explotación de los recursos naturales de los países subdesarrollados  a las empresas transnacionales, a reducir los gastos de los estados en políticas sociales, poniéndolas bajo la instrumentación y el control de dos grandes organizaciones burocráticas supraestatales el F.M.I. y el Banco Mundial.

Y ya que el derrame de la copa de la riqueza no solo no se ha dado espontáneamente sino que por el contrario se han establecido condicionamientos para  que eso no suceda, pareciera que el mundo, el mundo sometido, el mundo marginado, la humanidad desplazada de su propio suelo ha decidido desde  hace ya más de una década, desde Seattle en 1999, para ponerle una fecha, tomar al toro por las astas y comenzar a desarrollar tareas de concientización, de movilización, de convocatorias, de análisis, de diagnóstico y de propuestas para poner en marcha una verdadera ¿evolución?, ¿revolución .

Para mí allí reside el problema. Ya nadie, salvo quienes empecinadamente ciegos pretenden conservar sus privilegios, puede negar la proximidad de grandes cambios que incluirán la moral, la ética, la política, la ecología, la economía… Sobre todo estas dos últimas tendrán que  recordar su raigal parentesco y marchar juntas nuevamente hacia un destino común para pasar como dice el teólogo brasileño Leonardo Boff de la era tecnozoica a la ecozoica,   “manteniendo los ritmos de la Tierra, produciendo y consumiendo dentro de sus límites y poniendo el principal interés en el bienestar humano y en el de toda la comunidad terrestre”.   Porque de mantener sus actuales desacuerdos estaríamos frente a esa temida catástrofe planetaria que predicen los más tremendistas.

Yo creo que la humanidad no tiene vocación suicida y que más temprano que tarde encontraremos los caminos que nos conduzcan hacia esa transformación que de alguna manera nos anticipa Edgar Morin cuando dice que “debemos llegar a una metamorfosis post histórica a una civilización planetaria cuya forma es imposible  prever”.

Las actuales insurrecciones populares de los países árabes, las todavía tímidas manifestaciones de estudiantes y de trabajadores en Wisconsin (EE.UU.), las incontables reacciones populares frente a la destrucción ecosistémica  que producen  los emprendimientos mineros  a cielo abierto en todos los países del área andina, desde Centro América hasta la Patagonia, las reacciones populares en la misma Europa frente a la desocupación y la reducción de los beneficios sociales, son todos síntomas, indicios, anticipos de una toma de conciencia que irá globalizándose gradual o aceleradamente. Pero que pareciera estar decididamente en marcha.

¿Evolución o revolución? Quisiera apostar por una evolución consciente y aceptada porque no todas las revoluciones terminan exitosamente o generan los cambios necesarios pero por sobre todas las cosas porque en las revoluciones la sangre la ponen siempre los más débiles, los más pobres, los más necesitados aquellos a quienes en primer lugar deberían alcanzar los cambios que soñamos.

Nota
(1)    Manfred Max-Neef “La economía descalza” edit.NORDAN, 1986

http://desdemimisma.blogspot.com/2011/03/evolucion-o-revolucion.html


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Sin carnaval

Silvana Melo   


Marzo se despereza en las calles desiertas. Transpira de a ratos por una nube, acuchilla de a ratos por el sol. Todavía es verano. Hay un rumor lejano de murga tristona y un par de mascarones duermen su mona de alcohol en las esquinas.

Hay feriado y el fin de semana es tan largo que dicen que se fueron todos. Que no quedó un nadie para que cuide la Gendarmería. Que no quedó un nadie para que pase calor de pavimento en las húmedas venas de marzo. Que no quedó un nadie, dicen.

La Estación Darío y Maxi huele a fritos y suena a cumbia nostálgica. Pavón le pasa por la puerta, sin la furia diaria. El tren fatiga el traca traca sin multitud, como un milagro de carnaval. La estación entera es un santuario. La muerte pasó su aliento sagrado y en las paredes y en el piso y en las columnas y en el túnel y en las escalinatas ellos están. Desangrándose otra vez.

Como Mariano Ferreyra en la esquina de Perdriel y Luján. Puesto a morirse por toda la historia en esa ochava de Barracas. Su silueta se cristaliza y se esfuma en la calle vacía. Donde lo vieron caerse con el pecho roto. Y morirse ahí, tan guevara, tan crístico, tan joven.

El pibe tendrá trece, no más. Arrastra una remera diez veces más grande que su cuerpo, que le cae hasta sus rodillas, agujereada, estirada de un lado, corta en el otro. Una camperita negra sobre los hombros, como si tuviera frío. Es gris como la remera. Tiene la piel ceniza. Parece haber salido de una boca de tormenta. Parece haber nacido en los intestinos del conurbano. Sale a pedir monedas y sospecha que vivirá corto, muy corto. Acaso ni lo sospecha. Se deja morir un poco todos los días. Cuando respira vidrio molido en sus pulmones.

Entre los palos borrachos de la 9 de Julio hay hogares sin paredes ni techos ni sala de estar. Un carrito de supermercado, un sillón con tres patas, una lata, un cajón de fruta con trapos para cambiarse. Una pila de diarios. Una garrafa con hornalla. Ella se consiguió una cama. En la tarde de franco de carnaval se tiró de costado, con la cabeza sostenida por uno de los brazos, a leer. Un par de horas con pretensión de paraíso. Después la lluvia, la noche, la ciudad más impiadosa. Y los redoblantes que suenan lejos, muy lejos. A la hora en que despiertan las brujas.

Eligió para dormir la vidriera de una esquina brillante de Recoleta. En la vereda se la vio arrodillada, con un vestido de flores oscuras, rascándose la espalda de abajo hacia arriba, con las dos manos. El pelo impenetrable. Negro negrísimo. Y ella en otro mundo. Sin nada. A media cuadra, es feriado de carnaval.

El río alarga su lengua envenenada. Estira sus dedos de plomo y se lleva a los niños que nacen, respiran y crecen a duras penas a su alrededor. Los devuelve rotos, infectados, con la cabeza fatigada, con los pulmones ajados. Sin poder multiplicar ni llenarse de aire. Recortados, talados por la suerte que les tocó. Nacer a la orilla del Riachuelo y arrastrar la condena del  veneno que llueve de la panza de la producción. Y que los convierte en su cloaca.

Apenas una lata de dulce de membrillo redobla bajo el golpe de la cuchara. Es todo el carnaval del caserío. Que respira apenas el olor pesado que para ellos tiene el porvenir.

Marzo bosteza y hace un calor desconcertado. Es feriado para la murga y la máscara embriagada por las calles. Todos se fueron, dicen. No hay un nadie en las calles puestas a dormir.

Pero hay los que están y no se van nunca. Sin redoblantes ni lentejuelas. Sin carnaval.

http://www.pelotadetrapo.org.ar/agencia/index.php?option=com_content&view=article&id=5212:por-silvana-melo&catid=36:notas-en-el-home&Itemid=107


REGRESAR A PORTADA

“Calles salvajes”. Una reflexión

Oscar Taffetani  


Los medios de comunicación de masas (y particularmente, la televisión) construyen eso que un pensador dio en llamar presente absoluto: no hay otra cosa que eso que se muestra. Y eso que se muestra, aunque visible, es ininteligible. Pero además, establecer relaciones o continuidades, tal como sucedía en una profética novela de Orwell, está prohibido.

Así, podemos ver en la televisión playera un concurso de “colas” adolescentes, por ejemplo, a cual más sensual o más seductora. Y horas después, la misma pantalla nos alertará sobre un depravado o un violador serial que cuando se retira el sol de la playa (y se empañan las lentes de las cámaras de vigilancia), ataca justamente a las adolescentes. Dos “noticias” distintas. Dos “realidades” distintas.

En el programa “Soñando por Bailar”, equivalente al torneo de ascenso de “Bailando por un Sueño”, se recluta a chicas y chicos que por cualquier circunstancia miden bien en la pantalla (es decir, arrancan odios, amores, aplausos o llamadas a los 0600). Los que pasen de las inferiores a la primera división, tendrán su minuto de fama y su oportunidad. “Vos podés ser una de ellas; o uno de ellos”, es el tácito eslógan. Y un público juvenil muy numeroso compra eso (porque un presente absoluto de estupidez es siempre preferible a un presente absoluto de violencia y de crimen). Sin embargo, allí también está prohibido, so pena de ostracismo y excomunión cultural, establecer continuidades o relaciones.

Pasemos ahora al cine, a ese cine mediado por la TV, y veamos cómo Robert De Niro, haciendo de Al Capone en la película “Los Intocables”, le rompe la cabeza con un bate de béisbol a un traidor de su organización. O veamos cómo Michael Douglas, encarnando a un empleado del Ministerio de Defensa que tiene su “Día de Furia”, le rompe el local a un inmigrante chino de los Los Angeles, también con un bate de béisbol. Luego, veamos al hispano de Hollywood Miguel Sandoval haciendo de Ernesto Escobedo, un narco colombiano, en el film “Peligro Inminente”. Allí también usará un bate de béisbol para descargar su enojo sobre las cosas. Finalmente, escuchemos o veamos en un noticiero -como pasó esta semana- que un grupo de jóvenes alcoholizados bajaron de un automóvil con un bate de béisbol y asesinaron a otro joven alcoholizado en la calle, sin ningún motivo especial, tan sólo porque el bate de béisbol (y el alcohol) les estaban pidiendo acción.

A esta altura del bombardeo, la cabeza de un televidente, alcoholizado o no, es una suerte de coctelera en donde se mezclan realidad y ficción, drogas y violencia, impunidad y crimen. La esquizofrenia (o la locura) de la televisión, arriesgamos, no hace más que expresar la esquizofrenia de un Estado que mata con esa misma mano que debería estar allí para proteger, que hambrea con el pecho con el que debería alimentar, y que deseduca con esos mismos medios con los que debería educar.


LEY SECA Y DESPUÉS

Aunque representada inicialmente en el personaje mesiánico de Carrie Nation (una militante anti-alcohol que destrozaba a palazos las tabernas, al comenzar el siglo veinte), la XVIIIa. Enmienda de la Constitución norteamericana (también llamada Ley Seca) se impuso en 1919 no por motivos religiosos, sino por necesidades del capitalismo industrial. La adicción masiva al alcohol en los más humildes (como compensación de jornadas de trabajo inhumanas), estaba causando una merma sensible en la capacidad de trabajo de los obreros activos y también en ésos que militan en lo que el marxismo llamó “ejército industrial de reserva”, un ejército que garantiza la sobreoferta de trabajadores y consecuentemente la depresión de los salarios. Dicho de otro modo: el alcohol excesivo no era malo porque podía matar a las personas y desintegrar a las familias. Era malo porque comprometía la producción industrial y las ganancias de los empresarios.

Eso sí, la prohibición total generó -no podía ser de otro modo-- un mercado subsidiario de contrabando de alcohol, agregándose a los otros rubros del crimen organizado. Así surgieron gangsters como Al Capone, Lucky Luciano y Dutch Schultz; gangsters que Hollywood no tardaría en aprovechar para su propia industria. 

La XVIIIa. Enmienda (Ley Seca) fue derogada en 1933 mediante la XXIa. Enmienda (Ley Húmeda, para decirlo en broma), que permite el consumo de alcohol dentro y fuera de los hogares de los Estados Unidos.

Este relato que hicimos sobre la Ley Seca viene a cuento de otras leyes más inteligentes y específicas que han debido adoptar distintos Estados occidentales para prevenir la adicción masiva al alcohol, particularmente en los jóvenes, y reducir también así (aunque siga sin actuarse sobre las verdaderas causas) los niveles de violencia y criminalidad.

El último ejemplo que podemos citar, al respecto, es la llamada Ley Antibotellón española, que previene sobre un hábito casi suicida de los jóvenes, en las salidas de fin de semana. (Aunque, repetimos: la causa profunda del escapismo, el malestar y el instinto suicida de una parte de los jóvenes debe verse en la quiebra material y moral del mundo en que viven, antes que en las propiedades del alcohol y de los narcóticos).


RESPONSABILIDAD SOCIAL

La psicóloga argentina Alejandra Lacroze viene desarrollando desde hace tres décadas programas de investigación, divulgación y prevención del alcoholismo, particularmente entre los niños y los jóvenes. Nos permitimos rescatar de una de sus conferencias un par de conceptos que nos ayudarán a leer de otra manera cierta información que (no casualmente) llega dispersa:

“Los jóvenes -dice Lacroze-- son la población más afectada por situaciones de violencia (abuso: físico, sexual , verbal y emocional o abandono), sea como testigos, como víctimas de la agresión o como agresores. Y ciertos entornos aumentan la posibilidad de conductas violentas: es mayor la probabilidad entre varones, durante la noche, en lugares donde se vende alcohol. Se trata de entornos específicos --ambientes de alto riesgo-- y las políticas gubernamentales deberían preocuparse de esto”.

“La prevención -agrega-- debe enfocarse en todas las circunstancias de la vida de los jóvenes. Los problemas aislados no pueden solucionarse sin ‘resolver’ las circunstancias que los rodean. Y en esto el Estado tiene un rol indelegable”.

Ahora, volvamos a esta televisión que supimos conseguir. En una de las grillas en donde se anuncia la programación de otoño, aparece “Calles salvajes”, un reality de América TV animado por el actor-periodista Martín Ciccioli, quien suele internarse en barrios peligrosos, a horas peligrosas, para hacer que los auténticos protagonistas se muestren y expresen, sin cortapisas ni censura.

En ediciones anteriores de “Calles Salvajes”, público de distintas edades ha podido ver cómo muchachas alcoholizadas son retiradas de los boliches e introducidas en automóviles que parten con rumbo desconocido; o cómo un borracho joven se pelea con otros y es golpeado hasta quedar tendido en la vereda, todo sin que la patrulla policial presente haga otra cosa que contemplar la escena, de un modo casi budista, o llamar por handy a una ambulancia, cuando la pelea terminó y hay manchas de sangre en la vereda.

“Martín Ciccioli -dice el avance televisivo- recorre las calles para mostrar cada semana lo que ocurre, con los mejores informes. Porque si pasa en las calles, pasa en Calles Salvajes”.

Volvamos ahora a la reflexión del comienzo y preguntémonos si nuestros medios de masas --y particularmente, la televisión-- no podrían hacer algo más que “mostrar” todo eso terrible que pasa en las calles de la ciudad cuando el Estado, con aviso o sin él, se ausenta.

Inteligir, interpretar, informar, educar, además de entretener. De eso se trata, cuando hablamos de televisión. Resultaría muy sencillo (y muy hipócrita) decir que el Estado “no funciona” y que todo se resolvería si el Estado “funcionara”. Porque todos nosotros --empecemos por los periodistas-- somos responsables de este Estado en mal estado. Y de estas calles salvajes.

http://www.pelotadetrapo.org.ar/agencia/index.php?option=com_content&view=article&id=5232:calles-salvajes-una-reflexion&catid=35:noticia-del-dia&Itemid=106

La «manzana prohibida» del comunismo

Néstor Kohan


Las alternativas en el centro de la escena

Luego de 30 años de reinado económico neoliberal y hegemonía cultural del posmodernismo, en medio de una nueva crisis del capitalismo mundial (estructural y sistémica, en la cual confluyen múltiples crisis al mismo tiempo), retorna la discusión sobre las alternativas.

¿Cómo salir de la crisis y comenzar a transitar hacia otro tipo de sociedad radicalmente distinta? ¿Será con la bandera roja pero sumisamente guiados de la mano por John Maynard Keynes? ¿Quizás intentando volver, con no poca nostalgia y revival, hacia los capitalismos periféricos, “nacionales y populares”, de la posguerra? ¿Tal vez con la ilusión siempre incumplida de un capitalismo “con rostro humano” adornado con una imposible “tercera vía”? ¿O deberemos resignarnos a un “socialismo mercantil”, con gigantescos pulpos internacionales que explotan mano de obra barata y disciplinada, empresas completamente autárquicas y cooperativas autogestionadas compitiendo entre sí por la distribución de la renta?

Sea cual fuera la salida, posible y deseable, lo que está claro es que actualmente esa búsqueda se ubica a la orden del día. Encontrar en forma imperiosa una alternativa ha dejado de ser un sueño “utópico” (simpático y encomiable, quejoso del neoliberalismo, pero políticamente inviable) para convertirse en una urgencia de supervivencia planetaria en el caso de que no nos abandonemos al reino de la barbarie ni a un futuro sombrío que se parece mucho más a las novelas antiutópicas más pesimistas (Un mundo feliz, 1984 o Fahrenheit 451) que a los finales felices y edulcorados de las películas románticas de Hollywood.

Si los Foros Sociales Mundiales abrieron este milenio con la consigna “otro mundo es posible”, quedó irresuelta la interrogación: ¿cuál es o debería ser ese otro mundo posible? En medio del desconcierto y la confusión generalizada el presidente bolivariano Hugo Chávez intentó resolver el enigma de la esfinge: la salida es “el socialismo del siglo XXI”. Ahí nomás proliferaron nuevas polémicas. ¿Qué entendemos o deberíamos entender por ese enigmático “socialismo del siglo XXI”? Nadie lo sabe todavía. Está en discusión. Lo cierto es que el proyecto del socialismo, durante décadas insultado, caricaturizado y ridiculizado, ha vuelto a la agenda política. Ya no sólo en el terreno del debate ideológico sino también en el acuciante problema de la gestión práctica de las relaciones sociales, económicas y políticas de la nueva sociedad que se pretende crear y construir.

Huérfanos y sin Vaticanos

Lo interesante y peculiar de esta compleja situación en la que nos encontramos es que ya no hay Vaticanos que dicten catecismos sobre la materia. Fenómeno que resulta positivo en cuanto a libertad de proyectos en pugna pero al mismo tiempo sumamente complicado ya que no existe reaseguro alguno frente a la prepotencia político-militar imperial.

La antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) experimentó un terremoto político que implosionó su sistema económico y social. El Estado burocrático, dirigido por una casta represiva y una elite completamente alejada del mundo laboral, de las bases políticas y de la clase trabajadora, se desplomó sin pena ni gloria y sin necesidad de misiles nucleares, dando lugar a una salvaje apropiación privada de las grandes riquezas sociales acumuladas durante décadas por el trabajo cotidiano del pueblo soviético. Los apropiadores han formado y continúan formando parte de una nueva burguesía mafiosa, constituida por los antiguos burócratas partidarios devenidos, ahora, burgueses propietarios. Dirigentes que abandonaron la doble moral y el doble discurso (en público supuestos defensores de Lenin, en privado lúmpenes cínicos e impiadosos) para mostrarse rápidamente en público tal cual eran en privado, es decir, gente que vivía con desfachatez en forma lujosa a costillas de los trabajadores y que les importaba un bledo el socialismo y la banderita roja que decían defender. Elcaso emblemático de Boris Yeltsin, jefe del PC soviético y cabecilla de los burgueses apropiadores, no es obviamente el único.

En el caso de China, país que anteriormente disputaba con la URSS por ver cual de los dos era más socialista, más antiimperialista y más radical… hoy en día se ha convertido en una sociedad con una fuerza de trabajo tremendamente explotada y mal pagada (como todo el mundo sabe ese pago irrisorio de la fuerza de trabajo china es el que permite subsidiar las exportaciones masivas al Occidente capitalista), sin posibilidad alguna de organizarse y reclamar por los derechos laborales elementales frente a las grandes firmas capitalistas que facturan millones con el sudor de la clase trabajadora china. El gigante del oriente es hoy una sociedad que no sólo exporta mercancías sino también capitales, recibiendo con los brazos abiertos a los grandes pulpos empresariales a los cuales les garantiza una explotación de los trabajadores tranquila y ordenada, sin sobresaltos, huelgas ni sabotajes. Las gigantescas asimetrías de clase y la polarización extrema en el orden social chino no son desmentidas ni por sus más fanáticos y obcecados defensores.

Al dejar de existir la URSS —con todas las características anteriormente señaladas— y con la innegable conversión de China en potencia capitalista, los pueblos del Tercer Mundo nos hemos quedado sin el antiguo potencial respaldo militar de ambas potencias frente a la agresividad del imperialismo (como ha quedado empíricamente demostrado en las últimas aventuras militares de EEUU en Afganistán, Irak o el norte de África, así como las de Israel en Palestina y el Líbano). Nuestros pueblos sólo pueden contar con sus propias fuerzas, tanto en su lucha contra el imperialismo como en el intento de pensar alternativas futuras de gestión socialista. Ese es el contexto mundial en que nos movemos hoy.

Con o sin apoyo militar de las antiguas potencias “socialistas”, el debate sobre las alternativas resurgirá una y otra vez para cualquier sociedad que pretenda iniciar o desplegar el camino de transición a un tipo de relaciones sociales más allá del capitalismo. Nadie que pretenda atravesar el muro del capital podrá eludirlo.

Ese debate sobre las formas de propiedad (estatal o cooperativa, mixta y privada); las formas de gestión (mercantil o planificada); el uso del dinero (el papel de los bancos y el crédito, las cuentas, los gastos y los depósitos, en un sistema integral, planificado y presupuestario, o con absoluta autarquía financiera de las empresas); la ley del valor y el mercado (promovidos como ágiles reguladores sociales o combatidos como obstáculos para avanzar al socialismo), las distintas formas de incentivar el trabajo (con un proyecto político-ideológico radical y trabajo voluntario o mediante premios dinerarios individuales), etc., tuvo lugar en la Rusia bolchevique de los años ’20, volvió a aparecer en la Cuba revolucionaria de los años ’60 y hoy, en pleno siglo XXI, retorna en los debates de Venezuela, mientras en Cuba se vuelve a discutir nuevamente el modelo de gestión social.

¡Atención! ¡Llegaron las últimas «novedades»!

Lo curioso, llamativo y, porque no, sorprendente es que en varios de esos debates se presentan propuestas, proyectos y líneas a seguir apologistas del mercado como si fueran absolutamente «novedosas» e inéditas, cuando en realidad han sido implementadas varias veces en la historia y con resultados prácticos que distan largamente de ser positivos.

Recorramos algunos pocos razonamientos propagandísticos e hipótesis falaces que hoy circulan con pretensiones de radical «novedad» en la colorida feria de las alternativas:

* (a) Si una o varias empresas se encontraran en poder del pueblo a través del estado (en una sociedad donde la clase trabajadora y los sectores populares organizados han aplastando a los aparatos de represión de la burguesía, la han derrocado mediante una revolución, han logrado tomar el poder y la han expropiado) eso implicaría necesariamente el reinado gris, triste y mediocre de la BUROCRACIA. Si en cambio, esas mismas empresas expropiadas fueran gestionadas mediante asociaciones cooperativas, iniciativas por cuenta propia, arrendamientos privados y otras “formas de gestión no estatales” (¡curioso eufemismo!) que compitieran en el mercado, eso conllevaría, siempre y en cualquier circunstancia, el relucir maravilloso y alegre de la DEMOCRACIA.

* (b) Si dentro de este mismo contexto de una sociedad en transición, que intenta ir más allá del capitalismo, el estado centralizara su presupuesto y lo distribuyera de acuerdo a una planificación encaminada a combatir el MERCADO (en esta hipótesis no se trataría de un estado gestionado por y subordinado a las grandes firmas capitalistas, sino de una forma política de poder popular que surgiría de una revolución anticapitalista), eso conllevaría necesariamente dictadura, violencia, autoritarismo, paternalismo, corrupción,
burocratismo y estancamiento. Si en cambio el estado (siempre manteniendo la hipótesis de que no se trata del estado burgués dirigido por las grandes empresas del capital) se limitara a repartir el dinero y sus recursos en una infinidad de núcleos productivos y de servicios antárticos, con plena y absoluta autonomía financiera y comercial, que compitieran en el mercado guiándose no por la satisfacción de necesidades sociales y populares, sino por la optimización de ganancias (que en caso de haberlas serían repartidas de forma privada y particular entre los agentes cooperativos y “no estatales”) y por la disminución de pérdidas (que en caso de producirse serían asumidas por el estado, es decir por el conjunto social), entonces…. ese modelo implicaría democracia participativa, horizontalismo, pluralismo, multiculturalismo, respeto por las subjetividades, pleno desarrollo de la sociedad civil, consenso, transparencia, honestidad, división de poderes, soberanía popular, eficacia y en última instancia progreso económico.

* (c) Si los sectores populares no se sienten suficientemente involucrados en la gestión económica, ausentándose del empleo, desentendiéndose de las tareas de gestión colectivas, cayendo en el escepticismo, la indiferencia política o incluso la apatía, lo cual deriva en una disminución de la productividad laboral, pues entonces…. las dos mejores maneras de remediarlo consistirían en:
(1) apelar al desempleo selectivo (así quien conserve el trabajo se esforzará mucho más por temor a ser despedido), creando de este modo un ejército laboral de reserva que serviría como acicate y palanca de incentivo para los que tienen empleo, y
(2) crear un creciente, asimétrico y cada vez más pronunciado escalonamiento salarial que premie con mayor dinero y estímulos materiales individuales a quien más esfuerce.

* (d) Por contraposición con esos dos remedios mercantiles, si el estado (dirigido políticamente por los trabajadores y los revolucionarios) se propusiera combatir la falta de productividad del trabajo, el ausentismo y la apatía con una ofensiva política, recuperando la credibilidad perdida, degradada o disminuida, combatiendo los fenómenos de la burocracia y la doble moral de los funcionarios, el “amiguismo” y las prebendas personales dentro de una elite, los privilegios, las asimetrías escandalosas tanto en el nivel salarial como en el consumo de la vida cotidiana, pues entonces… esas propuestas serían invariablemente caracterizadas como “bienintencionadas, pero… utópicas, románticas, poco realistas, voluntaristas, subjetivistas, moralistas, y en última instancia IGUALITARISTAS” (¡como si el igualitarismo fuera algo muy malo para el socialismo!).

Estos cuatro núcleos ideológico-propagandísticos (a), (b), (c) y (d), asentados en el razonamiento falaz que tramposamente homologa [mercado =  democracia y eficacia] y [planificación socialista = burocracia y estancamiento], hoy se esgrimen como la gran “novedad” teórica. El “último grito” de las ciencias sociales. Un descubrimiento “reciente” que vendría a subsanar todos los males y todas las deficiencias del socialismo, el comunismo y la revolución. La salvación mercantil que vendría a redimir los pecados igualitaristas, en el caso de quienes hace varias décadas se esfuerzan por superar el capitalismo; y a expurgar cualquier tentación radical, para quienes intentan en el último tiempo comenzar la transición al socialismo. ¿Será así? Sospechamos que no.

Una lúcida advertencia

Hace muchos años, Rodolfo Puiggrós, un viejo profesor argentino (historiador, de joven militante comunista, de viejo guerrillero montonero), alertó que como los revolucionarios argentinos, en sus múltiples tendencias, no hemos podido hacer nuestra propia revolución y no llegamos a tomar el poder, entonces vamos por el mundo “inspeccionando revoluciones ajenas”. Esa lúcida advertencia siempre nos pareció iluminadora y la hemos adoptado hace largo tiempo como guía contra la soberbia, la petulancia y el engreimiento de quienes se sienten propietarios de “la verdad absoluta”.

No obstante, aun dando cuenta del señalamiento de Puiggrós, creemos que tenemos el derecho de opinar respetuosamente sobre procesos sociales y debates políticos que hoy se desarrollan en la Patria Grande latinoamericana, aunque no se den en nuestro pequeño país.

Por eso nos genera cierta preocupación el modo como se plantean estos debates sobre la gestión de las sociedades que pretenden organizar un “orden nuevo” (al decir de Gramsci), no capitalista sino socialista.

¿Son tan “originales”, “novedosas” y “superadoras” estas propuestas de socialismo mercantil (bautizado mediante un eufemismo elegante y perfumado, como “autogestionario”) que nos prometen mayor democracia de la mano de la autarquía financiera de las empresas y el engorde creciente de la “economía no estatal”? ¿Servirá descentralizar los recursos presupuestarios y privatizar en nombre de los arrendatarios, las cooperativas y otros “actores no estatales” para poder superar la burocracia y los privilegios, la corrupción y el “amiguismo”? ¿Se generará participación política, aumentará la eficiencia social y habrá mayor empeño laboral expulsando fuerza de trabajo para que sea empleada como mano de obra barata y precaria por grandes inversionistas capitalistas? ¿Habrá mayor conciencia socialista en quienes sólo se involucran, de modo “cooperativo”, si hay dinero y ganancia privada de por medio?

Perdón, disculpas, pero tenemos nuestras serias dudas al respecto. Expresamos nuestra opinión con todo respeto. Creemos que esas recetas — que algunos promueven y presentan como poción mágica y redentora— no profundizarán el socialismo martiano ni permitirán avanzar hacia un proyecto bolivariano anticapitalista.

Experiencias repetidamente fracasadas y un debate histórico «olvidado»

Aquellos cuatro núcleos ideológico-propagandísticos (a), (b), (c) y (d), y muchas otras recetas similares que actualmente los acompañan, no son proyectos nuevos, elaborados al calor de facebook, del twitter, las nuevas tecnologías, la “sociedad de la información”, “la sociedad en red”, las nuevas formas de sociabilidad y otras profecías semejantes. Tienen una larga historia, repleta de fracasos concretos, despistes prácticos, equívocos teóricos y enormes sinsabores políticos para la familia revolucionaria.

En la década del ’20 (¡hace casi un siglo, cuando no existía ni la televisión!), dentro de la revolución rusa, hubo corrientes que creyeron que el mercado “socialista” iba a solucionar mágica y repentinamente todos los males, todas las penurias, la escasez, la falta de acumulación, la desproporción entre producción y consumo y las deficiencias revolucionarias (1). Haciendo de necesidad, virtud; convirtieron a la NEP de Lenin [«Nueva Política Económica», conjunto de medidas provisorias implementadas por los bolcheviques como concesión táctica al mercado, luego de la agotadora guerra civil de 1918-1921] en un supuesto proyecto mercantil estratégico y de largo aliento. Más tarde, estos mismos partidarios del socialismo mercantil desarrollaron durante décadas varias ofensivas hasta terminar por minar desde dentro a la Unión Soviética. Todo en nombre de la “participación democrática”, la “eficiencia económica” y la “autogestión financiera” de las empresas (2).

En lugar de combatir la desproporción económica entre producción y consumo y la ineficiencia de la administración burocrática terminaron convirtiendo a la burocracia en una burguesía mafiosa que se apropió de todos los recursos sociales y naturales de aquella sociedad que había derrotado a los nazis. Por supuesto, como no podía ser de otro modo, conjurando el fantasma endemoniado del… “igualitarismo” (3).

Pero el debate soviético, hoy extrañamente «olvidado» (pues sus resultados en torno al socialismo mercantil están ya fuera de discusión), no fue una excepción. En los años ’60 en Cuba, el gran debate enfrentó a los partidarios del cálculo económico, la autogestión financiera y la “vía cooperativa” mercantil —promovidos, entre muchos otros exponentes, por Carlos Rafael Rodríguez— con el ministro de industrias Ernesto Che Guevara quien defendió el proyecto del Sistema Presupuestario de Financiamiento (SPF) y la planificación socialista .

Los compañeros cubanos dieron un ejemplo al mundo con ese debate de 1963-1964 donde, a pesar de que había un feroz bloqueo imperialista y una permanente agresión internacional, todas las tendencias discutieron libremente y nadie fue censurado, herido, prisionero, muerto ni exiliado (como trágicamente había sucedido en la URSS, donde la mayor parte de los polemistas terminaron fusilados). En Cuba, las posiciones fueron públicas y nadie se ofendió ni fue tildado de “desleal”, sospechado de “agente de la CIA” o despreciado por “contrarrevolucionario”. Un gesto de madurez digno de imitarse hoy en día… (4).

Quienes se oponían al Che optaban por descentralizar los recursos financieros, apelando al desarrollo del mercado como gran regulador social, a los incentivos materiales y dinerarios, a la autogestión y autarquía financiera de cada empresa y a la competencia entre ellas como palanca fundamental de desarrollo económico (competencia denominada, de manera elegante, “emulación”). Siempre apelando al “uso inteligente de la ley del valor”, según una fórmula repetida en aquella época, muy común en los manuales soviéticos de economía política (5).

Pero aquellas primeras propuestas del socialismo mercantil que se sucedieron en la antigua Unión Soviética y las polémicas económicas contra el proyecto comunista del Che Guevara y en defensa del socialismo mercantil que tuvieron lugar en la Cuba de los años ’60 tampoco fueron los únicos.

A su vez, como alternativa al mundo político y cultural soviético, los yugoslavos también promovieron en su época la autogestión descentralizada de las empresas a través de la competencia mercantil. Ese modelo «cooperativista» —hoy admirado e incluso recomendado al presidente Hugo Chávez como panacea digna de imitar por algunos compañeros (seguramente con las mejores intenciones)— iba a superar mágicamente todos los males del socialismo burocrático soviético. Todo el mundo conoce el trágico final del experimento de Yugoslavia… todavía más catastrófico, si acaso puede serlo,
que el de la difunda URSS.

La propuesta de la «autogestión» que se intentó implementar de Yugoslavia partía de un reclamo sano, justo, racional. La necesidad inocultable de democratizar las relaciones sociales, no sólo bajo la dictadura del mercado capitalista sino también bajo un tipo de sociedad postcapitalista en transición al socialismo. Esa necesidad de democratización, esa sed antiburocrática, no es una tontería ni un disparate. Se proponía democratizar a fondo las relaciones sociales y esa finalidad debe ser reivindicada. Uno de sus promotores teóricos así lo reconoce: “La autogestión cumplirá sus promesas democráticas no sojuzgando al hombre en su comportamiento frente al trabajo, sino modificando su posición económica y social fundada en el trabajo, es decir, transformando las relaciones implícitas en
el sistema de producción” (6).

Esas promesas y esos antiguos anhelos democráticos de la humanidad (muy anteriores al capitalismo), que deberían constituir una parte fundamental del proyecto socialista y comunista de liberación humana, están sometidos a un doble tironeo. Por un lado, en cuanto están asociados a la participación comunitaria en la gestión social, se potencian, se refuerzan, se revitalizan. Es precisamente en ese orden comunitario donde se puede llegar a experimentar la verdadera democracia (7). No obstante, en la medida en que ese modelo de autogestión financiera de las empresas termina dando como supuesto inmodificable la existencia de relaciones mercantiles, automáticamente los anhelos democráticos y comunitarios se desdibujan, se evaporan y aparece en primer término la lógica dictatorial, férrea y despótica del mercado. Una lógica irracional, anónima, fetichista, que se impone como ciega necesidad (aunque el mercado tenga la bandera roja) contra todos los anhelos democráticos y participativos de la comunidad y los trabajadores (8). La autogestión financiera de las empresas y el imperio de la ley del valor (del mercado) que la fundamenta, constituyen los peores remedios para lograr ese objetivo justo y racional (democratización y superación de la burocracia) que se persigue.

A pesar de esa encomiable “promesa democrática” el modelo yugoslavo —y muchos otros similares que lo toman como inspiración, lo admitan abiertamente o no— termina depositando en el interés material directo e inmediato y en la obtención de mayores cuotas de dinero el eje de la “autogestión”. Así lo admite otro de sus principales teóricos: “Su derecho de repartición de utilidades es considerado no solamente como consecuencia lógica de la gestión, sino como el factor esencial de la eficacia de la autogestión. Este es el elemento motor del sistema. Mientras mejores sean los resultados de la empresa, más grande será la cuota que tendrán que repartir” (9).

Si el interés material directo, el aumento de la remuneración individual en dinero y la búsqueda frenética de ganancia empresarial constituyen el eje central de este modelo, según lo reconocen sus mismos teóricos, ¿qué tipo de conciencia socialista y comunista se puede construir en el seno del pueblo de ese modo? La respuesta, ya analizada críticamente en su época por el Che Guevara, es más que obvia. Los resultados históricos están hoy a la vista para quien no tenga anteojeras. Ninguno de esos trabajadores yugoslavos, “autogestionarios” y “cooperativos”, que habían luchado heroicamente en las guerrillas comunistas contra la dominación nazi, movió un solo dedo para defender el socialismo cuando implosionó y se derrumbó, partiendo a su país en mil pedazos. Exactamente lo mismo pasó en la Unión Soviética. ¿Una casualidad? No, una lógica consecuencia de un modelo de gestión y ordenamiento social que aparentemente es muy “simpático” pero en el cual la clave de todo pasa por la búsqueda del dinero individual, la competencia, el mercado y la ganancia personal, en lugar de predominar los valores del trabajo colectivo y voluntario, la satisfacción personal que se deriva de haber cumplido el deber social trabajando no sólo para el bolsillo propio sino para toda la sociedad, la consolidación de una conciencia colectiva, comunitaria y comunista, y la creación de una sociedad justa para todos y todas, más allá del interés mezquino inmediato.

Los mismos teóricos de la “autogestión” lo reconocieron públicamente. El centro de ese modelo (que hoy se pretende reeditar en América Latina) está constituido por “la lógica inexorable de las necesidades de una economía de mercado” (10).

Si las (encomiables) promesas democráticas estaban por detrás del modelo autogestionario, en ese mismo orden de aspiraciones también se encontraba la (justa) lucha contra la burocracia. Sin embargo, convendría no ser más papistas que el papa. Hasta los mismos partidarios de la autogestión yugoslava reconocen que en sí misma dicha forma de gestionar las empresas no garantiza automáticamente la eliminación de la burocracia. Incluso puede llegar a reproducirla en otra escala y en otros planos: “el anquilosamiento de las condiciones de la autogestión en determinados mecanismos —esto es, su congelación en órganos— que opera en nuestros países como tendencia vigorosa, puede crear un nuevo terreno para la reproducción de condiciones burocráticas” (11).

Analizando críticamente aquellas experiencias que apelan al interés material directo para elevar la productividad, el Che Guevara le escribió a Fidel Castro: “El interés material individual era el arma capitalista por excelencia y hoy se pretende elevar a la categoría de palanca de desarrollo, pero está limitado por la existencia de una sociedad donde no se admite la explotación. En esas condiciones, el hombre no desarrolla todas sus fabulosas posibilidades productivas, ni se desarrolla él mismo como constructor consciente de la sociedad nueva. Y para ser consecuentes con el interés material, éste se establece en la esfera improductiva y en la de los servicios… Esa es la justificación, tal vez, del interés material a los dirigentes, principio de la corrupción, pero de todas maneras, es consecuente con toda la línea del desarrollo adoptada en donde el estímulo individual viene siendo la palanca motora porque es allí, en el individuo, donde, con el interés material directo, se trata de aumentar la producción o la efectividad” (12).

Adelantándose a los partidarios del socialismo mercantil que promueven un Estado flaco, sólo reducido a la defensa, la educación y la salud, pero que deja en manos de “los sectores económico no estatales” el resto de la economía, el Che continúa diciéndole a Fidel Castro: “¿Qué sucede ahora? Se revelan contra el sistema pero nadie ha buscado donde está la raíz del mal ; se le atribuye a esa pesada lacra burocrática, a la centralización excesiva de los aparatos, se lucha contra la centralización de esos aparatos y las empresas obtienen una serie de triunfos y una independencia cada vez mayor en la lucha por un mercado libre. ¿Quiénes luchan por esto? Dejando de lado a los ideólogos, y los técnicos que, desde un punto de vista científico analizan el problema, las propias unidades de producción, las más efectivas claman por su independencia. Esto se parece extraordinariamente a la lucha que llevan los capitalistas contra los estados burgueses que controlan determinadas actividades. Los capitalistas están de acuerdo en que algo debe tener el Estado, ese algo es el servicio donde se pierde o que sirve para todo el país, pero el resto debe estar en manos privadas. El espíritu es el mismo; el Estado, objetivamente, empieza a convertirse en un estado tutelar de relaciones entre capitalistas. Por supuesto, para medir la eficiencia se está utilizando cada vez más la ley del valor, y la ley del valor es la ley fundamental del capitalismo; ella es la que acompaña, la que está íntimamente ligada a la mercancía, célula económica del capitalismo” (13).

Esa propuesta, crítica de la planificación socialista, no quedó históricamente reducida a Yugoslavia. Luego se adoptaron esos criterios en Polonia, Checoslovaquia y Alemania oriental (la antigua República Democrática Alemana, RDA). La experiencia se generalizó. ¿Los resultados…? A la vista.

Los compañeros y amigos de América Latina que proponen para el siglo XXI la receta del socialismo mercantil (rara vez se lo menciona de este modo, pues así resulta poco seductor y atractivo, pero de eso se trata) tienen todo el derecho del mundo a defenderla, promoverla y promocionarla. Pero al menos les solicitamos fraternalmente, con todo respeto, que hagan un mínimo balance crítico de las numerosas experiencias históricas de ese modelo que terminaron invariablemente en fracasos rotundos y contundentes.

El SPF: Una alternativa comunista no sólo «económica»

Promover la profundización del “mercado socialista” y de las actividades económicas “no estatales” no es una cuestión de “eficiencia económica”, de “medidas técnicas”, de “resoluciones concretas”. Es, ni más ni menos, una apuesta deliberada por un proyecto político. Habría que explicitarlo ¿no es cierto?

Si ese proyecto económico y político, pero también cultural, no nos satisface, no nos convence, no lo visualizamos como solución (ni para la coyuntura ni para el largo plazo), queda flotando en el aire una pregunta pendiente: ¿entonces no hay alternativa?

Creemos que sí hay alternativa. Y no un “modelo” a importar desde algún lugar lejano y remoto, lleno de nieve y ajeno a nuestras tradiciones bolivarianas, sanmartinianas, martianas, sino una propuesta elaborada desde Nuestra América y el Tercer Mundo, a partir de un pensamiento social, económico y político de liberación nacional y social, insurgente y comunista.

Nos referimos al Sistema Presupuestario de Financiamiento (SPF), elaborado por el Che Guevara cuando trabajaba como ministro de industrias (por lo tanto confeccionado no en una cómoda biblioteca sin vínculos con el mundo terrenal y concreto de la gestión práctica, sino al frente de una institución económica). Ese proyecto para encarar la gestión en transición al socialismo es, lamentablemente, escasamente conocido y menos aún estudiado.

Si le solicitamos a nuestros compañeros y amigos partidarios del socialismo mercantil que expliciten su propuesta política, ¿no deberíamos hacer lo mismo? Creemos que sí. Pues bien, nuestro proyecto político, lo reconocemos explícita y abiertamente, es (o al menos pretende ser) un proyecto comunista.

La propuesta del Sistema Presupuestario de Financiamiento no es estrictamente ni únicamente “económica” pues lo que está en juego, además de la gestión de los recursos sociales, es la conciencia individual y colectiva de nuestros pueblos, hoy terreno privilegiado de disputa hegemónica en tiempos de la guerra asimétrica y la aldea global. Y no sólo la conciencia popular está en juego. También el porvenir político de los procesos sociales revolucionarios que intentan, con variada suerte, impulsar una transición al socialismo en el Tercer Mundo. Nuestra propuesta trata de apuntar hacia ambos terrenos de disputa al mismo tiempo, sin separar uno del otro.

El Sistema Presupuestario de Financiamiento, comunismo latinoamericano para el siglo XXI

El Sistema Presupuestario de Financiamiento (SPF) constituye una propuesta integral, económica pero también política, para encarar la transición al socialismo. Descentra la cuestión aparentemente “técnica” de la gestión empresarial —supuestamente asunto de “especialistas”— para ubicarla, como problema a resolver por todo el pueblo, en una disputa política de largo alcance. Es parte de una concepción general del desarrollo de la construcción del socialismo y debe ser estudiado entonces en su conjunto.

El SPF constituye un sendero viable, posible y perfectamente realizable para comenzar a construir la sociedad comunista del mañana a partir de la suciedad, terrenal y mundana, que el capitalismo le deja como pesada herencia a cualquier revolución que se precie de tal. El pensamiento del Che no opera con almas bellas, ángeles puros ni vírgenes imaginarias. Sabe perfectamente en donde está pisando y desde qué grado de putrefacción social —individualismo, egoísmo, competencia, consumismo desenfrenado, etc.— hay que comenzar a crear el hombre nuevo y la mujer nueva.

Esa concepción general abarca una singular interpretación de la concepción materialista de la historia aplicada a la transición socialista, pasando por un modelo teórico que enseña el funcionamiento y desarrollo de la economía en los países que pretenden construir relaciones sociales distintas del capitalismo hasta llegar a una serie de realizaciones prácticas, coherentes entre sí, de política económica alternativa. Lo que hoy está en discusión y en la agenda de debate.

Los niveles de la reflexión que nos deja el Che acerca de esa concepción general giran en torno a dos problemas fundamentales. En primer lugar: ¿es posible y legítima la existencia de una economía política de la transición? En segundo lugar: ¿qué política económica se necesita para la transición socialista? Las respuestas para estos dos interrogantes que se formula el Che permanecen abiertas, aún hoy en día, medio siglo después. Intentando dar respuestas a esas inquietantes preguntas, el Che elaboró un pensamiento sistemático de alcance universal (no reducido a la situación cubana, como sugerían algunos soviéticos como el ya mencionado especialista económico Abel Aganbegyan, argumentando la trivialidad de que “Cuba es un país pequeño, mientras la URSS es una país grande”, como si eso demostrara algo en el terreno científico de la economía política), estructurado en diversos niveles.

Si desagregamos metodológicamente su reflexión teórica, el Che nos dejó:
(a) una reflexión de largo aliento sobre la concepción materialista de la historia, pensada desde un horizonte crítico del determinismo y de todo evolucionismo mecánico entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción;
(b)un análisis crítico de la economía política (tanto de los modelos capitalistas desarrollistas sobre la modernización que por entonces pululaban de la mano de la Alianza para el Progreso y la CEPAL como de aquellos otros consagrados como oficiales en el “socialismo real”, adoptados institucionalmente en la URSS);
(c) un pormenorizado sistema teórico de política económica, de gestión, planificación y control para la transición socialista: el Sistema Presupuestario de Financiamiento (SPF). Este último es el que aquí nos interesa para el debate actual.

En la reflexión del Che Guevara, tanto (a), como (b) y (c) están estructurados sobre un subsuelo común. Los tres niveles de análisis (que en él fueron al mismo tiempo práctica cotidiana, no sólo discurso teórico) se enmarcan sobre un horizonte que los engloba y a partir del cual adquieren plenitud de sentido. Ese gran horizonte presupuesto es el proyecto político comunista: para continuar con la enumeración previa, podríamos bautizarlo aleatoriamente como nivel (d).

Es entonces (d), el proyecto político comunista, antiimperialista y anticapitalista, de alcance continental y mundial y no reducido a la revolución cubana, el que nos permite inteligir la racionalidad de (a), (b) y (c). Para el Che Guevara, sin proyecto político no tiene sentido entablar discusiones bizantinas y meramente académicas sobre la concepción materialista de la historia. Sin proyecto político, no vale la pena esforzarse por cuestionar los modelos económicos falsamente “científicos” que obstaculizan el desarrollo del pensamiento crítico acerca de las relaciones sociales. Sin proyecto político, carece igualmente de sentido cualquier debate en torno a las diversas vías posibles de política económica durante el período de transición al socialismo en cualquier revolución del Tercer Mundo periférico, subdesarrollado y dependiente que pretenda dejar atrás al capitalismo.

Uno de los puntos más controvertidos del SPF reside en la siguiente interrogación: ¿Quién decide lo que se planifica? ¿Cómo garantizar la democratización real y profunda de las relaciones sociales? El propio Che Guevara estaba consciente de ese problema, por eso plantea que: “se nos critica el que los trabajadores no participan en la confección de los planes, en la administración de las unidades estatales, etc., lo que es cierto” (14). Esa incógnita le quitaba el sueño. ¿Cómo garantizar la lucha contra los mecanismos fetichistas del trabajo
abstracto, contra la mediación del equivalente general como gran articulador de los sujetos sociales y contra el predominio del mercado a través de una planificación socialista sin descuidar al mismo tiempo las «promesas democráticas» del comunismo? Guevara no despreciaba ni subestimaba ese problema como se lo hace saber explícitamente a Fidel en esa carta de 1965. Apostaba todas sus fichas a la movilización política, a la educación ideológica comunista del hombre y la mujer nueva y a la batalla hegemónica para lograr la plena participación popular dentro de los mecanismos de la planificación socialista.

Casi medio siglo después de su propuesta original, nuevas instituciones han surgido en las sociedades en transición que bien podrían tratar de resolver esos enigmas que ya visualizó el propio Guevara y que, evidentemente, el socialismo mercantil no ha resuelto ni podrá resolver.

Una de esas instituciones son (en el caso de Venezuela) los consejos comunales. Si se lograra implementar una planificación centralizada y socialista para todo el país, ¿tendrían que desaparecer los consejos comunales? ¡En absoluto! ¿Cuáles deberían ser entonces sus tareas?

El gran desafío para poder implementar hoy, en el siglo XXI, el proyecto comunista del Sistema Presupuestario de Financiamiento garantizando al mismo tiempo la participación popular consistiría en la necesidad de articular los consejos comunales y los consejos de trabajadores de empresas (combatiendo a la burocracia y a las viejas mafias sindicales que allí operan) dentro de una estrategia conjunta de planificación. La solución consistiría en la coexistencia del Sistema Presupuestario de Financiamiento y los consejos comunales otorgando predominio a la planificación centralizada de los recursos financieros. Los consejos deberían elevar su puntería, dejar de pedir únicamente dinero para financiar proyectos particulares y privados (quizás disfrazados de “cooperativos”) para apuntar hacia una estrategia política global, general, más allá del plano corporativo, en coordinación con la planificación centralizada y presupuestaria de todos los recursos del país.

El gran supuesto de esa coexistencia y complementariedad entre planificación y consejos estaría dado por una durísima y continuada batalla sistemática en el terreno de la hegemonía socialista y la ideología revolucionaria. No se ganarán afectos y sensibilidades populares repartiendo dinero y comprando conciencias (como se compran objetos de consumo, un televisor de plasma, un teléfono celular de última generación o el coche y el carro más caro). ¡No! A largo plazo esa pelea está perdida. No se puede competir con el capitalismo en su propio terreno, donde es más fuerte. En la guerra asimétrica hay que combatir donde nosotros somos más fuertes. La conciencia popular y la complementariedad entre consumo y producción, entre gestión y administración, entre participación popular comunal y planificación macroeconómica centralizada (coordinada a su vez con otros países aliados del ALBA) sólo se logrará ganando a la militancia popular para un proyecto global, donde la vida cotidiana de cada barrio, de cada empresa, de cada comuna adquieran sentido dentro de un proyecto político colectivo de nueva y mejor sociedad que nos englobe a todos y todas: el socialismo. Allí reside la necesidad de incorporar los consejos comunales a la gestión planificada de las principales empresas de la economía nacional y resolver el enigma que quitaba el sueño al Che Guevara.

Urgencias impostergables para hoy y mañana

¿Cuál es entonces la utilidad actual del pensamiento comunista del Che?

En primera instancia, sus reflexiones resultan provechosas para ubicarnos en nuestro angustioso presente, comenzando la segunda década del siglo XXI, precisamente por los llamados de atención que él formuló. Alertando a aquellos compañeros y amigos que quizás se les ocurre apostar al mercado como una opción estratégica, no como un recurso táctico, el Che explica extensamente el modo en que éste genera necesariamente irracionalidad y desperdicio del trabajo social global, además de ineficacia, corrupción y burocracia. Por si ello no alcanzara, insiste una y otra vez en las consecuencias negativas que el mercado provoca en la conciencia política, a nivel individual y colectivo, de cualquier sociedad en transición. Para contrarrestar su influencia, el pensamiento comunista del Che nos permite defender las razones de una planificación democrática (no ejercida únicamente por tecnócratas especialistas, aislados de las masas, sino a través de una creciente participación popular), a partir de la cual la política revolucionaria pueda incidir en el “natural” decurso económico a través de la batalla de las ideas, la cultura y la lucha por recrear cotidianamente la hegemonía socialista en todo el ordenamiento social.

En segunda instancia, estrechamente vinculado a lo anterior, el pensamiento comunista del Che nos recuerda que en determinados momentos de la historia la relación de fuerzas no nos es favorable. En esos casos no nos queda más remedio que retroceder, momentáneamente, para tomar fuerzas y volver a empujar. Esos retrocesos no son estratégicos sino tácticos, no constituyen un camino a largo plazo sino un conjunto de medidas que se toman para responder a una coyuntura determinada, teniendo en el centro del análisis la relación de fuerzas. Jamás hay economía sin relación de fuerzas o al margen de la relación de fuerzas.

Creer que el desarrollo del mercado constituye una “necesidad objetiva” de todo proceso de transformación social constituye un mito peligroso, infundado y regresivo. Nada más lejos del pensamiento del Che que esa creencia supersticiosa en “las leyes de hierro” de una economía supuestamente independiente con la que tanto insistían los académicos de la URSS, Yugoslavia, Polonia, Checoslovaquia y otros países del Este europeo (¡por no mencionar la China actual!) cuando explicaban la historia de la Nueva Política Económica (NEP). Aquel conjunto de medidas económicas tácticas que implementó Lenin a inicios de los ’20, después de la guerra civil, y que las vertientes más dogmáticas del marxismo transformaron en supuestas “normas universales” válidas para todo tiempo y lugar. Confundiendo la táctica con la estrategia, la coyuntura con el proyecto, las medidas de emergencia con supuestas “leyes de hierro” transhistóricas y metafísicas, se transformó a Lenin en un vulgar apologista del mercado. En su inteligente defensa de Lenin —del revolucionario vivo, no de la momia de museo— Ernesto Guevara se animó a poner en discusión esas pretendidas “leyes de hierro”. Más tarde, a la hora de redactar sus observaciones críticas al Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS, pone en práctica la misma operación y vuelve a cuestionar esas mismas “leyes inviolables”.

Cuando el Che inscribe las relaciones sociales, en general, y las económicas, en particular, dentro de relaciones de fuerza está pensando fundamentalmente en la Nueva Política Económica (NEP) de Lenin. En nuestra modesta apreciación, es más que probable que esto también valga para la sociedad cubana de hoy en día. Desde nuestro punto de vista y ángulo de interpretación, el Che demostró que no existe una economía política de la transición al margen de la relación de fuerzas sociales y políticas. Creer lo contrario implica empantanarse, una vez más, en el fetichismo y desbarrancarse por los equívocos del socialismo mercantil como alegremente le pasó a los yugoslavos, a Abel Aganbegyan y Gorbachov y a tantos otros.

Si hoy en día la URSS ya no existe y China vibra en otra dimensión, ajena por completo a la lucha antiimperialista y anticapitalista del Tercer Mundo, ¿entonces es inviable el proyecto comunista en América Latina y el Tercer Mundo? Una primera visión, sencilla y simple, sacaría esta conclusión errónea. Como no hay relaciones de fuerza absolutamente favorables, no queda más remedio que tragar la medicina amarga del mercado.

Dado que ninguna sociedad sola y aislada podría desarrollar el socialismo en un solo país de espaldas al mundo, se dificultaría muchísimo implementar en la práctica el SPF en condiciones de aislamiento. Además ya no existe el CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica, alianza económica implementada por la Unión Soviética y países aliados).

Sin embargo, hoy existe el ALBA (Alianza Bolivariana para las Américas). Cuba no está sola y aislada como en otras décadas. Venezuela tampoco. Las perspectivas de crecimiento del ALBA son promisorias, los intercambios también. Incluso recientemente se han firmado acuerdos para operar en común dentro del ALBA nada menos que en el tema petróleo (¿Qué no hubiera hecho la Revolución Cubana si durante los años ’60 en lugar del azúcar hubiera tenido como principal producto el petróleo?). Si en ambos países junto con otros que podrían irse políticamente acercando (desde Bolivia, Ecuador y Nicaragua hasta Colombia en caso de triunfar la insurgencia comunista de las FARC-EP) se comenzara a implementar la planificación socialista conjunta, coordinada y articulada a través del Sistema Presupuestario de Financiamiento, muy distinto sería el futuro de Nuestra América. No sólo en el terreno social y político sino también económico.

La planificación socialista del Sistema Presupuestario de Financiamiento es superior al socialismo mercantil, al cálculo económico y a la autogestión financiera de las empresas porque no sólo permitiría resolver los problemas inmediatos de ineficiencia, productividad, dependencia y monoproducción en el corto plazo, dejando atrás la torpe regulación puramente mercantil de las empresas (criterio con el cual hay que venderle simplemente al que paga más y no al aliado político), sino que además nos permitía avanzar estratégicamente en conjunto contra el imperialismo y hacia el socialismo de aquí hacia las próximas décadas con una perspectiva continental. ¿No era ese el proyecto de Simón Bolívar y José Martí?

Balance provisorio del proyecto comunista del SPF

¿Cómo evaluar al Sistema Presupuestario de Financiamiento (SPF) propugnado por el Che? La evaluación no puede reducirse a una cuestión únicamente cuantitativa referida a la acumulación de bienes de consumo producidos por las empresas sino que necesariamente debe incorporar otra dimensión. La evaluación (y cualquier comparación posible con los modelos de “socialismo mercantil”) no puede dejar de preguntarse qué tipo de subjetividad y qué grado de conciencia popular se están generando con semejantes métodos de gestión y planificación económica. ¿Cuál de los dos sistemas nos garantiza mejor una eficaz estrategia política a largo plazo?

Los compañeros y amigos partidarios del socialismo mercantil argumentan que “la planificación socialista fracasó en Cuba y en la URSS”. ¿Es realmente así?

Convendría no confundir la planificación burocrática y sus viejos métodos de “ordeno y mando”, despilfarro, corrupción, doble discurso, cuentas del plan infladas… con la propuesta y el proyecto comunista del Che Guevara. En Cuba nunca llegó a implementarse en su totalidad el proyecto del Che. Cuando Guevara estaba al frente del Ministerio de Industrias, su SPF debió convivir forzosamente con el sistema de Cálculo Económico implementado por el Ministerio de Agricultura (el INRA, Instituto Nacional de la Reforma Agraria), dirigido por entonces por Carlos Rafael Rodríguez con una perspectiva teórica y política completamente afín a los soviéticos. Ambos sistemas coexistieron y nunca se implementó a fondo y en toda la sociedad el SPF. Luego, en 1965, cuando el Che marchó a realizar tareas insurgentes internacionalistas, se aplicó en Cuba el Sistema de Registro de Control Material, donde desaparecieron las categorías financieras, la contabilidad de costos y sólo se llevaba el registro de los movimientos materiales, lo cual derivó en un despilfarro importante. Diez años después, en 1975, acorde al ingreso reciente de Cuba en el CAME, se aplicó en toda la isla el Cálculo Económico, copia mecánica del sistema soviético y de otros países del este europeo. Finalmente, en 1986, comienza el proceso de “Rectificación de errores y tendencias negativas” impulsado por Fidel Castro que se ve truncado por la caída de la URSS, el desplome del comercio internacional de Cuba y el surgimiento en la isla del denominado “periodo especial”.

Por lo tanto, en todos esos años, nunca logró implementarse a fondo y para el conjunto de la sociedad cubana, el método de gestión propugnado por el Che Guevara. Grave equivocación —cuando no se trata de una vulgar manipulación que no puede corroborarse empíricamente— la de aquellos que afirman que “el sistema del Che Guevara fracasó en Cuba”. Ese sistema todavía está por comprobarse en los hechos y en la práctica. Lo que sí fracasó y rotundamente es el socialismo mercantil que sí se aplicó en el conjunto de esa sociedad y en muchas otras (Yugoslavia, Polonia, etc.) dando siempre el mismo resultado negativo.

Cuba, Venezuela y Nuestra América hoy

¿Por qué en los debates actuales de Cuba y Venezuela no se estudia, no se discute y no se debate a fondo la propuesta comunista del Che para la gestión de las empresas, la economía, los montos laborales, el desafío de la participación popular y otras preocupaciones que actualmente están a la orden del día? (15). (No nos referimos a la existencia de papers académicos sino al debate político de fondo).

¿No podría PDVSA convertirse en la columna vertebral de un proyecto integral de planificación socialista, no sólo venezolana sino coordinado y planificado con Cuba y otros países que comiencen su transición al socialismo? No es una utopía irrealizable. Ya se han dado los primeros pasos, ha comenzado una primera articulación con Cuba y Angola (16).

Ya no alcanza homenajear al Che del póster. Hay que estudiarlo para los debates y desafíos actuales. En Cuba, en Venezuela y en cualquier sociedad que pretenda dejar atrás el mundo monstruoso y perverso del mercado capitalista, repleto de explotación, exclusión, dominación, alienación, fetichismo, irracionalidad, dependencia y destrucción de la naturaleza.

La salida para los desafíos actuales está en Simón Bolívar y en José Martí, es decir en el comunismo latinoamericano del Che Guevara, no en modelos mercantiles pergeñados lejos de América Latina y que ya fracasaron más de una vez en la historia.

¿Nos animaremos a ir contra la corriente? ¿Echaremos a los mercaderes del Templo? ¿Nos animaremos a morder la fruta prohibida del comunismo?

NOTAS


(1) Véase Bujarin, Preobrazhenski, Kamenev, Trotsky, Lapidus y Ostrovitianov: El debate soviético sobre la ley del valor [Antología que reúne las posiciones originales de los años ‘20]. Madrid, Comunicación [serie B], 1974. En ese debate soviético de la década de 1920 le correspondió a Nikolai Bujarin defender la economía privada, cooperativa y autogestionaria, así como también la necesidad de alimentar la economía mercantil y la vigencia de la ley del valor en coexistencia con la planificación socialista. Véase Nikolai Bujarin “Las categorías económicas del capitalismo durante el período de transición”. Obra citada. pp. 75-92. Sus posiciones a favor del socialismo mercantil (críticas de Eugenio [Yevgeni Alekseyevich] Preobrazhenski) las defiende también en su libro Sobre la acumulación socialista. Buenos Aires, Materiales Sociales, 1973.

La crítica del socialismo mercantil fue desarrollada por Preobrazhensky en su libro La nueva economía [México, ERA, 1971], donde planteará la relación entre el mercado y el plan como una contradicción estratégica y antagónica. Otro pensador soviético de la década de 1920, Isaak Illich Rubin, desarrollará una aguda crítica al socialismo mercantil en su formidable Ensayos sobre la teoría marxista del valor. México, Siglo XXI, 1987.

Sobre aquel debate de la década del ’20 y sus implicaciones actuales, también puede consultarse con provecho la discusión posterior entre Ernest Mandel, Alec Nove y Diane Elson: La crisis de la economía soviética y el debate Mercado/Planificación. Buenos Aires. Imago Mundi, 1992 [la polémica original tuvo lugar en la revista marxista inglesa New Left Review, entre 1986 y 1988, cuando todavía existía la URSS]. Las posiciones defensoras del socialismo mercantil fueron planteadas en esa polémica por el profesor británico Alec Nove, primero a través de su libro La economía del socialismo factible [1983] y luego con su artículo “Mercados y socialismo”. En dicha polémica la crítica a la falsa igualación entre mercado y democracia, así como a la homologación de planificación socialista y burocracia fue argumentada por Ernest Mandel en sus artículos “En defensa de la planificación socialista” y “El mito del socialismo de mercado”. El mismo Mandel, un par de décadas antes, también había participado en el debate cubano, apoyando las posiciones de Ernesto Che Guevara a favor de la planificación socialista.

(2) Véase Abel Aganbegyan: La perestroika económica. Una revolución en marcha. Buenos Aires., Grijalbo [colección Economía y Empresas], 1990. Este libro, verdadera antología del desconcierto ideológico y una auténtica joya de la confusión política, es decir, síntesis magistral de neoliberalismo puro y duro promovido en nombre de la “democratización del socialismo” debería ser de consulta permanente. Su sola lectura resolvería de un plumazo muchas discusiones y debates actuales…

Su autor, caracterizado y promovido como “el arquitecto de la perestroika”, era uno de los principales asesores económicos y políticos de Mijaíl Gorbachov. Según su opinión, “El problema principal consiste en sustituir el sistema de administración mediante órdenes, que ha regido en nuestro país [la URSS] durante los últimos cincuenta años, por un sistema de administración radicalmente nuevo, basado en la utilización de los métodos económicos, desarrollo del mercado y de los mecanismos financieros y crediticios, afirmación de los estímulos económicos, y todo esto bajo la influencia determinante de una democratización general y de la aceptación de la autoadministración”. Obra citada. p.30. [En esta cita y en todas las de este trabajo, el subrayado me pertenece, excepto cuando se indique lo contrario. Néstor Kohan]. Así se abre el libro… postulando la generalización desembozada del mercado, la proliferación de los estímulos dinerarios y la autogestión financiera de las empresas compitiendo entre sí. Siempre asimilando, de manera tramposa, al viejísimo mercado con…. “lo nuevo” y enmascarando la mercantilización de la vida social con un proceso de “auto” desarrollo, cuando no hay nada más opuesto al autodespliegue humano que las relaciones mercantiles, invariablemente fetichistas, alienadas, anónimas, impersonales, jamás sujetas a la racionalidad y al control humanos. Cualquier parecido con otros procesos más recientes no es pura casualidad.

El libro de Aganbegyan intenta sistematizar las recurrentes y periódicas recetas mercantiles que se fueron implementando progresivamente en la URSS. Primero con la NEP, luego con la “utilización de la ley del valor” bajo Stalin; más tarde con Jruschov; luego con Kosyguin y finalmente con Gorbachov. Véase la reconstrucción histórica de estas arremetidas mercantiles, festejadas y aplaudidas por Aganbegyan, en Obra citada. pp.181-191.

(3) Véase Abel Aganbegyan: La perestroika económica. Una revolución en marcha. Obra citada. pp.105-139.

(4) Véase Ernesto Che Guevara, Charles Bettelheim, Ernest Mandel, Marcelo Fernández Font y otros: El gran debate. Sobre la economía en Cuba. La Habana, Ocean Sur, 2003.

Hemos intentado analizar en diversos textos ese debate y en particular las posiciones más radicales allí defendidas por el Che Guevara. Véanse nuestros libros Ernesto Che Guevara: El sujeto y el poder. Buenos Aires, Nuestra América, 2005. En la web:
http://www.lahaine.org/amauta/b2-img/nestor_sujeto.pdf; Che Guevara: Un marxismo para el siglo XXI. Caracas, Colección Nuevo Socialismo, 2009 y el más reciente En la selva. (Los estudios desconocidos del Che Guevara. A propósito de sus Cuadernos de lectura de Bolivia). Caracas, Misión Conciencia, 2011. También el prólogo “Ernesto Guevara: Una reflexión de largo aliento”, que escribimos para el libro de Carlos Tablada El pensamiento económico de Ernesto Che Guevara. Buenos Aires, Nuestra América, 2005. pp. 1-18. Prólogo en la web:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=7065

(5) Para una crítica extensa, detallada, pormenorizada y rigurosa de esta supuesta “utilización inteligente” de la ley del valor en la transición al socialismo por parte de los partidarios del socialismo mercantil, véase Ernesto Che Guevara: Apuntes críticos a la economía política. Melbourne, Ocean Sur, 2006. Lo mismo vale para sus ensayos “La planificación socialista, su significado” y “Sobre el Sistema Presupuestario de Financiamiento”. En todos esos trabajos el Che desmenuza la incoherencia teórica y las nefastas consecuencias políticas —tanto para la nueva sociedad que se pretende construir como para la conciencia popular que emerge de ese proceso— derivadas de esta apologética de la autogestión financiera de las empresas que hoy, en el año 2011, vuelve a asomar su cabeza en nuestros debates actuales… con rostro aparentemente ingenuo de “niño inocente” y como si nada hubiera sucedido en las últimas décadas.

(6) Véanse los trabajos de Radivoj Uvalic; M.E.Kardelj; y Dusan Bilandzic: “La autogestión en Yugoslavia”. Recopilado en Ernest Mandel: Control obrero, consejos obreros, autogestión [Antología]. México, ERA, 1974. Esta cita pertenece a Dusan Bilandzic. Obra citada. p. 324.

(7) En las tradiciones de Nuestra América, ese orden comunitario —previo y ¿por qué no? postcapitalista— sigue estando a la orden del día en las comunidades de los pueblos originarios con instituciones sociales, económicas, políticas y culturales como el ayllu, para el caso andino (abarcando los territorios hoy conocidos como Bolivia, Perú y Ecuador) y otros análogos para el caso centroamericano. En el caso europeo, muchas tradiciones comunitarias municipales del pueblo vasco —y otros pueblos igualmente resistentes— también expresan la supervivencia de relaciones sociales colectivas y auténticamente democráticas no sujetas al ordenamiento económico, jurídico y político capitalista. Fue precisamente Marx quien indagó, tanto en El Capital como en los Grundrisse [primeros borradores de El Capital ] y también en escritos tardíos, en ese ordenamiento comunitario que se encuentra por debajo de la “crisálida social” mercantil del valor, el dinero y el capital. Véase Karl Marx: Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858. México, Siglo XXI, 1987. Tomo I, pp. 433-475; Karl Marx: El Capital. Crítica de la economía política. México, Siglo XXI, 1988. Tomo I, Vol. I. pp.87-102 y Karl Marx: El porvenir de la comuna rural rusa. México, Siglo XXI, 1980.

(8) Hemos intentado demostrar esta tesis sobre el carácter irreductiblemente fetichista, irracional y despótico de todo mercado (incluido el “mercado socialista”) en el libro Nuestro Marx. Caracas, Misión Conciencia, 2011. Allí, sobre todo en la segunda parte, intentamos argumentar en detalle la crítica socialista y comunista del mercado, tratando de demostrar lo insostenible, tanto teórica como prácticamente, de un proyecto socialista mercantil y la urgencia impostergable de desarrollar una estrategia de largo plazo contra el mercado en la transición al socialismo. Una estrategia que deberá ser al mismo tiempo económica, política y cultural, sometiendo a discusión todo disfraz mercantil presentado bajo la falsa apariencia de “medidas sólo técnicas”. Obra citada. pp.560-784.

(9) Véase Radivoj Uvalic: “La autogestión en Yugoslavia”. Obra citada. 314-315. Este mismo autor yugoslavo cita una encuesta de 1956 (en pleno auge del “modelo de la autogestión”) realizada por el Instituto Federal de Estadísticas entre trabajadores yugoslavos en la cual los reglamentos de tarifas y las escalas de la remuneración en dinero constituyen el principal foco de interés de los trabajadores autogestionados y cooperativos. Obra citada. pp. 317-318.

(10) Véase Dusan Bilandzic: “La autogestión en Yugoslavia”. Obra citada. p. 325.

(11) Véase Ljubomir Tadic: “La burocracia como organización cosificada”. Recopilado en Gajo Petrovic; Mihailo Markovic; Pedrag Vranicki y otros: Praxis, revolución y socialismo [Zagreb, Yugoslavia, 1975]. México, Grijalbo, 1981. p. 243.

(12) Véase Ernesto Che Guevara: “Algunas reflexiones sobre la transición socialista” [Carta a Fidel Castro, abril 1965]. En la web:
http://www.lahaine.org/amauta/b2-img/CheFideltransicion.pdf

(13) Véase Ernesto Che Guevara: “Algunas reflexiones sobre la transición socialista” [Carta a Fidel Castro, abril 1965]. En la web:
http://www.lahaine.org/amauta/b2-img/CheFideltransicion.pdf

(14) Véase Ernesto Che Guevara: “Algunas reflexiones sobre la transición socialista” [Carta a Fidel Castro, abril 1965]. En la web:
http://www.lahaine.org/amauta/b2-img/CheFideltransicion.pdf

(15) Una de las pocas excepciones lo constituye el periódico Debate Socialista que recientemente le ha dedicado un número completo al estudio del Sistema Presupuestario de Financiamiento (SPF) en función del presente de Venezuela. Véase Debate Socialista Nº 120, Caracas, 5 y 7 de noviembre de 2010: “El Sistema Presupuestario de Financiamiento y la Revolución Bolivariana”. La edición digital puede encontrarse en el siguiente link:
http://www.debatesocialistadigital.com/edicionesanteriores/n120.pdf

(16) Véase “PDVSA constituye empresa mixta petrolera con Angola y Cuba”. En la web: http://www.pdvsa.com/

http://www.correntroig.org/spip.php?article2583

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