sábado, 18 de octubre de 2008

Izquierdas, derechas y verdades absolutas

Pepcastelló

La viñeta de Máximo publicada en El País en fecha 29/7/2007 que un amigo me envió hace unos días me hizo sonreir y, al rato, empezar a hacer cábalas. [1]

Jesús proponía cambios: los últimos en el lugar de los primeros; bienaventurados los humildes, los pobres, los marginados; el de arriba que sirva al de más abajo; no llaméis padre ni maestro a nadie, no se hizo el hombre para el sábado sino el sábado para el hombre... No eran cambios circunstanciales sino cambios en la forma de mirar, de entender, de sentir, de relacionarse; era un cambio profundo en la conciencia, una transformación en el interior de la persona que ponía patas arriba todo el orden establecido. Era un desafío total, una revolución completa que empezaba en el corazón mismo de cada ser humano, en lo más hondo de su alma, y afectaba a toda su conducta. ¿Cabe imaginar algo más subversivo, más a la izquierda?

Es obvio que semejante actitud no sirve como base para una religión imperial ni estatal −no servía en el siglo tercero ni sirve ahora; no hay más que ver los problemas que ha tenido y tiene aún la Teología de la Liberación−. Luego para poder hacer de Jesús el centro de una religión conveniente a quienes detentan el poder había que aguar sus enseñanzas, había que neutralizar su fuerza revolucionaria. ¿Como hacerlo? Pues mirando al cielo, divinizándolo hasta el punto de minimizar su gran humanidad. Y así, a golpe de concilio y a fuerza de devanarse los sesos se llegó a la “revelación” de las verdades absolutas, a los dogmas, a la jerarquía infalible designada por el mismísimo Espíritu Santo, a una religión cultista y a una Iglesia de derechas.

De derechas porque lo propio de la derecha es la estabilidad, el continuismo, lo jerárquico, la oposición a cualquier cambio, el afán de asegurar el orden que garantiza los propios privilegios, sean muchos o pocos. Un afán de seguridad que es la piedra angular de todo autoritarismo, religioso o político. En ella han tropezado todos los movimientos transformadores y a partir de ella han girado hacia la derecha, se han anquilosado, se han petrificado y han acabado feneciendo. Porque no se puede ser profeta ni revolucionar nada desde el privilegio, ya que éste no es sino traición al espíritu fraterno que se pretende instaurar.

Pero de derechas también porque ¿cómo puede no ser de derechas alguien que se cree en posesión de la verdad absoluta?

Creerse en posesión de la verdad implica, inevitablemente, la descalificación de quienes no comparten el mismo pensamiento. Es un gesto de arrogancia que sitúa mentalmente a quienes así piensan por encima de quienes no comparten su modo de pensar o de creer. Es una clara actitud de discriminación, de clasismo intelectual. Es renunciar a cuestionarse el propio pensamiento, o bien cuestionarlo sólo de mentirijillas, no fuese a ser que se viniese abajo. Luego es renunciar a avanzar, a modificar nada, y menos todavía a transformarse. Es una clara actitud antirrevolucionaria. ¡Más de derechas, imposible!

No puede ser más acertada, pues, la observación que hace el Dios Padre del chiste. En nuestra “opulenta civilización occidental cristiana” no suele verse en los templos a las gentes más desfavorecidas socialmente sino a las que están en situación relativamente mejor, es decir, a las que no están por muchos cambios, o sea a las de derechas. ¿Como no va a ser así, si obispos y cardenales viven en palacios? ¿Acaso no es el de arriba quien tiene que dar ejemplo al de más abajo? ¿Cómo era aquello de poner la luz en lo alto?

Que en la Iglesia hay gente de izquierdas, no me cabe la menor duda. Ahí tenemos esparcidas y esparcidos por el mundo a quienes echan su suerte con los pobres de la tierra. Y sin ir muy lejos ni en el espacio ni en el tiempo, ahí tuvimos Entrevías, una manifestación eclesial ejemplar y nada derechosa. Pero toda esa entrega de gentes que siguen a Jesús no impide que institucionalmente la Iglesia sea de derechas y que ésa sea mayoritariamente la mentalidad de quienes la siguen.

Bueno, que nadie se me ofenda, que esto no es más que una divagación en torno a un chiste, y todavía me queda por saber dónde estoy yo.

Luz, Gozo y Paz a todas y a todos.

Pepcastelló


[1] Máximo
−Con un hijo de izquierdas, ¿cómo es que la Iglesia me ha salido de derechas?
−¿Un misterio..?
El País, 29 de julio de 2007
http://www.elpais.com/vineta/?d_date=20070729&autor=M%E1ximo&anchor=elpporopivin&xref=20070729elpepivin_2&type=Tes&k=Maximo

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